El auge del comercio digital está provocando un fuerte cambio en el sector del 'retail'. Los clientes ya no necesitan desplazarse hasta una tienda o centro comercial para hacerse con los productos, que pueden consultar y adquirir cómodamente desde casa.
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Este cambio de paradigma está llevando a un cierre progresivo de tiendas de marcas de primer nivel, como El Corte Inglés, Zara, H&M, Massimo Dutti, Bershka, Oysho, Pull&Bear o Stradivarius.
Los centros comerciales intentan adaptarse a esta nueva realidad y, para ello, priorizan otros formatos, sobre todo las experiencias. Una reconversión hacia una especie de parque temático en el que también comprar. Pero algunos complejos se ven abocados al cierre ante la imposibilidad de transformarse.
Así es el mayor centro comercial abandonado de España: una influencer graba su interior
El centro comercial abandonado más grande de España es el centro comercial Plaza Imperial de Zaragoza. Este complejo, con más de 177 tiendas, cerró definitivamente sus puertas en 2022, a pesar de que se había concebido como un gran polo de atracción destinado a mover millones de euros.
El complejo sufrió algunos problemas para su viabilidad, como la lejanía de sus clientes y la dificultad de acceso sin coche. Además, la inauguración del centro comercial Puerto Venecia, el más grande de España, fue finalmente la puntilla.
A la espera de su demolición, el complejo permanece abandonado y ahora ha salido a la luz su estado actual. Kibara, una creadora de contenido con más de 2 millones de seguidores, se ha colado en las instalaciones y ha mostrado lo que hay ahora dentro: "La realidad del fracaso del mayor español abandonado", se titula su vídeo.
"Hoy recorremos sus pasillos, tiendas y trastiendas para entender cómo un lugar diseñado para miles de personas terminó convertido en un escenario postapocalíptico: Tiendas cerradas, cines y zonas de ocio postapocalípticas... y la sensación de estar caminando por una ciudad futurista abandonada", explica la influencer, que recuerda que este centro comercial se vendió como una inversión de futuro y que ahora está destinada a la demolición.
Durante su paseo por las instalaciones, Kibara explica que los pasillos son "infinitos" y que tiene la "sensación de estar siendo vigilada". El estado del complejo es ruinoso, pero se pueden apreciar todavía los negocios que había en su interior, como un supermercado Simply: "Pasillos vacíos, estantes rotos, envases olvidados y un silencio incómodo, da la sensación de que todos se fueron un día sin mirar atrás".
En otro momento, Kibara llega a esconderse porque oye a dos personas aproximándose: "De repente, aparecen dos personas. Creo que son vigilantes. ¿Habéis visto eso? Creo que son personas que vienen a buscarse la vida con el tema del cable, pero mejor que no me vean aquí dentro. Qué susto. Estoy tranquila. Es muy difícil que me vean".
"Material sensible"
Durante la visita reconoce todas las tiendas con las que se va topando: "Me dan ganas de meterme en todas. Por dentro hay mucho más, hay túneles. Esto es lo que queda de un minigolf. Os voy a enseñar lo que más me llama: la gerencia, los cines... Eso va a ser una maravilla", señala.
En ese momento visita la gerencia, que eran las antiguas oficinas del complejo: "Vamos a ver la zona secreta del centro comercial. Hay un montón de piruletas de publicidad, un mapa... Aquí estaba el mando supremo, secretarios, el director... Esto es material sensible, madre mía. Aquí hay una agenda con muchos teléfonos apuntados, tengo que desenfocarlo. Nunca me hubiera imaginado que una gerencia sería así. Aquí hay una tarjeta de crédito que expira en 2012. Qué bestia. Está hasta arriba de cosas. Hay documentos, sobres, carpetas, regalos, camisetas, calendarios... Cómo se lo curraban".
Posteriormente se dirige al cine Yelmo: "Aún siguen los carteles con los menús de palomitas. Vamos a entrar en esta sala. Las butacas han pasado a mejor vida, con los respaldos tirados. Impresiona. Está todo lleno de polvo. Los asientos eran negros y están blancos de los extintores, que la han liado. Hay un montón de gafas 3D".
Finalmente, Kibara termina en el icónico monorraíl que recorría el centro comercial: "Aquí está el tranvía (monorraíl). Es como en Japón, con puertas cerradas para que la gente no cayera en la vía. Está abierto el compartimento del conductor. Es muy sencillo, no tiene nada, un botón para ir delante y detrás".
