El presidente estadounidense ya había advertido el 19 de febrero al dar a Irán un plazo de diez días para alcanzar un acuerdo nuclear que limitara su capacidad atómica. Además, ordenó movilizar el mayor despliegue militar en la zona desde la invasión de Irak en 2003.
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En este escenario entra en juego uno de los principales aliados de Estados Unidos: Israel. Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, defendió el ataque conjunto como "una acción preventiva" ante la amenaza que, según sostiene, representa el régimen iraní. Donald Trump fue más allá y calificó la operación de "masiva", con un objetivo claro: "aniquilar" y "destrozar" al régimen de los ayatolás.
Ante esta ofensiva, el régimen iraní respondió con ataques con drones y misiles contra Israel y contra bases estadounidenses situadas en Catar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait.
Un conflicto que roza los 50 años
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se remonta a 1979, con la conocida como Revolución Islámica y la posterior crisis de los rehenes. El 4 de noviembre de ese año, un grupo de estudiantes iraníes asaltó la embajada de Estados Unidos en Teherán, capital de Irán.
Durante el asalto capturaron a 52 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses, a los que mantuvieron retenidos como protesta por la decisión de Washington de admitir en su territorio al derrocado monarca iraní, Mohammad Reza Pahlavi, para que recibiera tratamiento médico.
En los años posteriores a aquel episodio, las relaciones entre ambos países estuvieron marcadas por una creciente tensión y por la imposición de sanciones económicas, especialmente dirigidas contra el sector petrolero y energético iraní. Aunque en distintos momentos hubo intentos de acercamiento diplomático, nunca llegó a restablecerse una relación normalizada. Además, Washington acusaba a Teherán de mantener vínculos con organizaciones como Hezbolá y Hamás, consideradas grupos terroristas por Estados Unidos y varios de sus aliados.
Trump, en uno de sus discursos, afirmó que "durante 47 años, el régimen iraní ha coreado 'Muerte a América', llevando a cabo una campaña de asesinatos contra ciudadanos estadounidenses, contra sus aliados y contra personas inocentes en distintos países".
"El eje del mal"
En 2002, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, llegó a referirse a Irán, Irak y Corea del Norte como parte del llamado "eje del mal". En aquel discurso acusó a Teherán de intentar desarrollar armas de destrucción masiva y de apoyar el terrorismo internacional.
Durante los años siguientes salieron a la luz diversas instalaciones nucleares iraníes, lo que alimentó las sospechas de la comunidad internacional sobre un posible programa destinado al desarrollo de armas nucleares.
De hecho, esas sospechas llevaron a que Irán en 2015 firmara un acuerdo con China, Francia, Alemania, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos para limitar su programa nuclear. Sin embargo, el pacto tuvo un recorrido limitado: en 2018, ya con Donald Trump en la Casa Blanca, Washington decidió retirarse del acuerdo y restablecer las sanciones que se habían levantado durante la presidencia de Barack Obama.
Israel e Irán
Por su parte, Israel e Irán rompieron sus relaciones en 1979, tras la Revolución Islámica. Desde entonces, ambos países han protagonizado décadas de tensión que han incluido bombardeos indirectos, ciberataques y operaciones encubiertas, como asesinatos selectivos.
Ante el ataque ocurrido este pasado sábado, Israel lo ha calificado como una acción preventiva frente a lo que considera una amenaza derivada del programa nuclear iraní.
Aunque las autoridades iraníes niegan estar avanzando en la construcción de una bomba atómica, la tensión entre ambos países lleva años en aumento. Sin ir más lejos, en 2025 Irán e Israel protagonizaron una guerra de 12 días.
El conflicto estalló a mediados de junio, cuando Israel lanzó una ofensiva contra objetivos en territorio iraní. La escalada culminó con la intervención de Estados Unidos, que llevó a cabo ataques aéreos y marítimos contra instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní.
La escalada militar abre ahora un escenario de gran incertidumbre en Oriente Próximo. La comunidad internacional observa con preocupación el aumento de la tensión entre Washington, Tel Aviv y Teherán, en un contexto en el que cualquier nuevo ataque podría desencadenar un conflicto regional de mayor alcance.
