Los menores son uno de los colectivos más vulnerables en los accidentes de tráfico, y por eso el uso adecuado de los sistemas de retención infantil sigue siendo una de las principales claves para reducir lesiones graves y muertes en carretera.
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La Dirección General de Tráfico (DGT) recuerda que los sistemas de retención infantil, obligatorios para los menores de 135 centímetros, pueden reducir a la mitad el riesgo de fallecimiento o lesiones graves y evitar nueve de cada diez lesiones graves o mortales. Además, tanto la propia DGT como la Alianza Española para la Seguridad Vial Infantil (AESVi) recomiendan utilizarlos hasta que el niño supere los 150 centímetros.
Aunque la mayoría de las familias compra sillitas nuevas, también es habitual recurrir a modelos heredados de familiares o amigos, o adquirirlos de segunda mano para ahorrar. Sin embargo, la propia DGT desaconseja esta práctica y recuerda que estos sistemas no duran para siempre: los fabricantes fijan en sus manuales un tiempo máximo de uso, ya que las sillitas también caducan y pueden perder eficacia con el paso de los años.
Por qué se desaconsejan las sillitas de segunda mano
La DGT y los organismos especializados desaconsejan comprar sillitas de segunda mano porque su estado real no siempre puede comprobarse. Una silla usada puede haber sufrido golpes, presentar daños internos invisibles o haber perdido parte de su capacidad de absorción con el paso del tiempo.
AESVi recuerda que, según la normativa europea ECE R129, un sistema de retención infantil debe reemplazarse tras un accidente, y algunos fabricantes incluso recomiendan no reutilizarlo si ha sufrido impactos a partir de 10 km/h o si se activaron airbags.
A ello se suma el riesgo de adquirir modelos antiguos, incompletos o sin homologación válida. La OCU recuerda que en internet se siguen vendiendo sillitas no homologadas o con homologaciones antiguas, y AESVi ha advertido de que la única normativa válida para comercialización es la ECE R129. Además, la propia alianza realizó un estudio con sillitas compradas en portales de segunda mano y concluyó que el 90 % no cumpliría con el reglamento con el que fueron homologadas en su momento.
El riesgo de una mala instalación
Otro de los grandes problemas es el uso incorrecto de estas sillitas. No basta con que el sistema esté homologado o en buen estado: una mala instalación, un arnés mal ajustado o una colocación inadecuada pueden reducir de forma drástica su eficacia en caso de accidente.
Precisamente por eso, cuando se trata de modelos heredados o de segunda mano, el riesgo aumenta si no se conserva el manual o si la familia no conoce con exactitud cómo debe colocarse.
En definitiva, aunque recurrir a una sillita heredada o de segunda mano puede parecer una forma de ahorrar, los expertos insisten en que la seguridad debe estar por encima del precio. El desconocimiento sobre su estado real, el posible desgaste de los materiales, el riesgo de una mala instalación o la falta de homologación actual convierten estas opciones en una decisión poco recomendable en la mayoría de los casos.
