El crimen de Miram Vallejo ha sufrido un nuevo giro después de que un preso toxicómano, Alberto Berzosa, haya confesado ser quien acabó con la vida de la joven de 25 años, cuyo cuerpo fue encontrado por la Policía en enero de 2019 en un camino rural de Meco, en Madrid, con 90 puñaladas.
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Hasta ahora, el crimen no estaba resuelto y el único detenido había sido Sergio Sáez Medina, novio de la mejor amiga de Miriam y que fue detenido siete meses después del asesinato de la joven.
Desde que fue arrestado, el presunto autor ha tratado de defender su inocencia, pero sus restos de ADN en la ropa de la joven le incriminaban con el asesinato.
Además, la jueza que instruye el caso solicitó a la forense que ampliara el informe de la autopsia para determinar si pudieron intervenir varias personas en el crimen, que es la tesis que defiende la defensa de Sergio Sáez.
Un giro radical
Lo cierto es que el crimen llevaba estancado desde hace meses debido a su complejidad. Ahora, esta nueva confesión ha vuelto a suponer un giro radical en el asesinato de Miriam Vallejo.
Al parecer, según confirma ABC, el preso habría confesado hasta en tres ocasiones ser la persona que acabó con la vida de la joven. En una de ellas, llegó a confirmar los hechos a varios de sus monitores de un centro de drogopendientes, los cuáles pusieron los hechos en conocimiento de la Guardia Civil en diciembre de 2020.
"No sabes lo que he hecho. No tenéis ni idea... Te dije una vez que no podía dormir por las noches. La maté, no sé por qué. Lo hice. Esto es mi condena y no sé por qué coño estoy tan enfermo. La maté. 68 puñaladas", confesaba Alberto Zarzosa en un mensaje a uno de sus monitores.
Para la Guardia CIvil este testimonio podría no ser veraz, aunque la jueza sí le da credibilidad, por lo que ha ordenado que se investigue a esta persona y que se coteje su ADN con el de la víctima.