Madre de diez hijos, abuela de catorce nietos y bisabuela de nueve, María Luisa se ha convertido en todo un ejemplo inesperado de constancia y vitalidad a cualquier edad. Comenzó a entrenar a los 77 años y eligió una disciplina tan llamativa como exigente, el pole fitness.
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Es una disciplina que combina técnicas de danza, gimnasia y acrobacias en una barra vertical llamada poste. A través de movimientos fluidos y elegantes, María Luisa trabaja su fuerza, flexibilidad, equilibrio y coordinación, algo que la hace sentir "sexy" y con unos brazos y abdomen fuertes y marcados.
Como en cualquier proceso de entrenamiento, reconoce que hay días en los que cuesta y el cuerpo se lo recuerda, pero insiste en la misma idea: "no rendirse".
María Luisa Solórzano, de 87 años de edad, tiene 10 hijos, 14 nietos, 11 bisnietos y disfruta de practicar pole dance todos los días en CDMX. #LasNoticiasDeFORO | #nmásforo | #SiempreEnVivo | #SiempreContigo | Sigue la señal en vivo por https://t.co/R0rtaHzYOM pic.twitter.com/1iJdXmRrUf
— N+ FORO (@nmasforo) January 24, 2026
Una inspiración para mujeres y personas mayores
Su caso se ha convertido en una motivación especialmente para mujeres y gente mayor que siente que ya es tarde para empezar. "Quiero decirle a todas las mujeres que hagan ejercicio, que no nacimos nada más para estar en la casa atendiendo al marido y a los hijos", afirma. Y remata con una idea que repite como lema: "No hay edad para ninguna actividad de ejercicio, no hay edad para lo relacionado con el fitness".
Con el pole fitness, María Luisa ha reforzado su independencia y confianza, en un terreno donde todavía pesan expectativas de cómo "debe" comportarse una mujer mayor. En sus vídeos se la ve cómoda con la atención y ajena a las miradas y comentarios.
Más allá de la viralidad, su historia deja una idea sencilla y potente: moverse no es solo un objetivo estético, sino una inversión en salud y calidad de vida. María Luisa no vende milagros, solo constancia, ya que empezar tarde no es empezar mal y cada pasito, por pequeño que sea, cuenta.
Con 88 años, su mensaje rompe el tópico de que el ejercicio se acaba con la edad. Al contrario, lo convierte en una herramienta para ganar fuerza, seguridad y autonomía, y para recordar, sin excusas, que el cuerpo se sigue entrenando por mucho que pasen los años.
