En una ciudad donde cada vez quedan menos comercios con alma, el cierre de un negocio histórico nunca es solo una persiana que baja. También supone la desaparición de un pedazo de memoria colectiva.
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Eso es lo que está a punto de ocurrir en la Plaza Mayor con Bazar Arribas, una de las jugueterías más reconocibles de Madrid, que afronta ya sus últimos días antes de echar el cierre definitivo.
Para muchos madrileños, este local ha sido mucho más que una tienda. Durante décadas ha formado parte de la infancia de varias generaciones, de los paseos por el centro y de esa costumbre de entrar a curiosear aunque no siempre se saliera con una compra.
Descuentos de liquidación
En estos últimos días, el cierre de Bazar Arribas mezcla el ambiente propio de una liquidación con una evidente carga de nostalgia.
Los descuentos de hasta el 30% han atraído tanto a nuevos visitantes como a clientes de toda la vida, aunque más allá de las rebajas, lo que se percibe es la sensación de estar despidiendo a una tienda que durante décadas formó parte del imaginario de Madrid.
Un negocio con más de cien años de vida
El establecimiento, ubicado en el número 16 de la Plaza Mayor, cerrará de forma definitiva el próximo 31 de marzo. Su trayectoria arrancó en 1919, cuando Juan Arribas abrió el negocio en un Madrid que poco tiene que ver con el actual. Antes de especializarse en juguetes, el local estuvo vinculado a la relojería, actividad de la que todavía quedan huellas en su interior.
Una de ellas es un reloj parado a las cinco de la tarde, conservado como testimonio de aquella primera etapa. También se mantiene un espacio que durante la Guerra Civil fue utilizado como refugio y que con el paso del tiempo terminó reconvertido en desván. Son elementos que explican por qué Bazar Arribas no era solo un comercio antiguo, sino un lugar atravesado por la historia de la ciudad.
Con los años, la tienda fue evolucionando hasta convertirse en una juguetería de referencia, sin perder nunca ese aire clásico que la distinguía del resto. En un entorno tan turístico como la Plaza Mayor, conservó una identidad propia y una estética que parecía resistirse al paso del tiempo.
Una tienda distinta en pleno centro de Madrid
Parte de su encanto estaba precisamente en eso: entrar en Bazar Arribas era entrar en un lugar que no se parecía a otros. No solo por su aspecto o por el tipo de productos que ofrecía, sino por la experiencia de compra que proponía. Frente a la rapidez y la uniformidad de otros comercios, aquí todavía sobrevivía cierta idea de atención personalizada y de trato familiar.
A lo largo de varias generaciones, quienes han estado al frente del negocio convirtieron ese vínculo con el cliente en una de las señas de identidad de la casa. La tienda era uno de esos sitios en los que todavía se podía preguntar con calma, dejarse aconsejar y encontrar desde juguetes clásicos hasta referencias menos habituales.
Por eso, su desaparición deja una sensación que va más allá de la pérdida de un comercio tradicional. Con el adiós de Bazar Arribas, Madrid pierde uno de esos locales que ayudaban a sostener la personalidad del centro y a recordar que, a veces, una tienda también puede formar parte de la biografía de una ciudad.
