El juicio contra los padres de la conocida como casa de los horrores de Oviedo comienza este martes 10 de marzo en la Audiencia Provincial, pero el foco también está puesto en la evolución de los tres menores que permanecieron casi cuatro años encerrados en la vivienda familiar.
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Desde su rescate en abril de 2025, los niños siguen bajo tutela de los servicios sociales del Principado de Asturias, que mantienen un seguimiento intensivo para tratar las secuelas psicológicas, educativas y sociales derivadas del aislamiento extremo al que fueron sometidos.
El proceso judicial se celebrará a puerta cerrada para proteger a las víctimas, todos ellos menores de edad. La Fiscalía solicita para los progenitores —un hombre alemán de 53 años y una mujer de 48 con doble nacionalidad alemana y estadounidense— penas que suman 25 años y cuatro meses de prisión por violencia psíquica habitual en el ámbito familiar y tres delitos de detención ilegal con el agravante de parentesco.
Atención psicológica intensiva tras el rescate
Tras su liberación, los tres hermanos, dos gemelos de ocho años y otro niño de diez, quedaron bajo el amparo del sistema de protección del Principado de Asturias. Desde entonces, equipos especializados trabajan con ellos de forma continuada.
La consejera de Derechos Sociales y Bienestar del Gobierno asturiano, Marta del Arco, explicó recientemente que el trabajo con los menores está siendo especialmente intensivo. "Son niños cuyas secuelas de lo que vivieron iban a aparecer con posterioridad y se está trabajando de una manera muy intensiva con ellos, tanto el personal educador como psicólogos, porque realmente lo necesitan", señaló.
El objetivo de este seguimiento es ayudarles a recuperar progresivamente habilidades sociales, emocionales y educativas que no pudieron desarrollar durante los años en los que permanecieron completamente aislados del exterior.
Retraso educativo y falta de escolarización
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el impacto del encierro en el desarrollo educativo de los niños. Durante el tiempo que permanecieron encerrados, entre diciembre de 2021 y abril de 2025, los menores no acudieron a ningún centro escolar ni recibieron formación reglada.
Según la investigación, los gemelos, que actualmente tienen ocho años, no sabían leer ni escribir cuando fueron rescatados. La Fiscalía sostiene que los padres incumplieron de forma reiterada sus deberes de protección y privaron a sus hijos de necesidades básicas, incluidas la educación, la atención sanitaria y la socialización.
Por este motivo, los servicios sociales han puesto en marcha un proceso de intervención educativa específico para facilitar su integración progresiva en el sistema escolar.
Un proceso largo de recuperación
Los profesionales que trabajan con los menores advierten de que la recuperación será lenta. Las consecuencias del aislamiento prolongado pueden aparecer con el paso del tiempo, especialmente en el ámbito emocional y social.
Durante años, los niños no tuvieron contacto con otras personas fuera del núcleo familiar ni acceso a actividades habituales en la infancia. La Fiscalía sostiene que los padres los mantuvieron completamente aislados del mundo exterior, negándoles cualquier forma de comunicación con otras personas.
Además de la intervención psicológica, los equipos educativos buscan reconstruir rutinas básicas de convivencia y aprendizaje que nunca llegaron a consolidarse durante su infancia temprana.
La adopción no está prevista por ahora
En cuanto a su futuro, por el momento no está previsto que los menores entren en un proceso de adopción. Sin embargo, la posibilidad de una acogida familiar sí está sobre la mesa como alternativa dentro del sistema de protección de menores.
La prioridad de las autoridades es garantizar su estabilidad y bienestar mientras avanzan en su recuperación personal y educativa.
Cuatro años encerrados en la llamada casa de los horrores de Oviedo
El caso salió a la luz el 28 de abril de 2025, cuando una denuncia vecinal permitió a la policía acceder a la vivienda familiar situada en las afueras de Oviedo. En su interior encontraron a los tres niños en condiciones extremadamente precarias.
Según el relato de los agentes, los menores llevaban pañales, dormían en cunas o en un camastro sin patas y utilizaban zapatos comprados por última vez en 2019. La vivienda presentaba graves problemas de higiene, con las ventanas permanentemente cerradas y sin ventilación.
Los investigadores también hallaron una gran cantidad de medicamentos almacenados en el domicilio. Los niños convivían además con un gato en malas condiciones de salud e higiene.
De acuerdo con la Fiscalía, los padres actuaron movidos por un miedo infundado a un posible contagio de enfermedades, lo que les llevó a mantener a sus hijos completamente aislados del exterior durante casi cuatro años.
Ahora, mientras la justicia juzga los hechos, los tres menores continúan un complejo proceso de recuperación para reconstruir una infancia que quedó interrumpida por el encierro.
