La historia de María Caamaño, conocida en redes y en el mundo del deporte como la "princesa futbolera guerrera", ha terminado este miércoles con una noticia devastadora. La joven salmantina ha fallecido a los 13 años después de una larga lucha contra un sarcoma de Ewing, el cáncer que le fue diagnosticado en 2019, cuando apenas tenía seis años.
Su familia comunicó la muerte a través de las redes sociales, el espacio desde el que María había conseguido dar visibilidad al cáncer infantil con una mezcla de fuerza, fe y alegría que dejó huella en miles de personas. En el mensaje difundido por sus padres y su hermana, su entorno explicó que la menor había empeorado en las últimas horas, aunque siguió peleando "hasta el último segundo".
La familia agradeció el apoyo recibido durante los 2.392 días de enfermedad y pidió que su mensaje siguiera vivo incluso después de su muerte: "Seguid sonriendo, y ahora con más fuerza aún por ella. Sin investigación no hay vida". Esa frase se había convertido ya en uno de los lemas más reconocibles de María.
Qué es el sarcoma de Ewing
El sarcoma de Ewing es un cáncer poco frecuente que se forma en el hueso o en los tejidos blandos cercanos y que afecta sobre todo a niños, adolescentes y adultos jóvenes.
Puede aparecer en distintas partes del cuerpo, aunque suele localizarse en huesos largos, la pelvis o tejidos blandos próximos al hueso. Se trata de una enfermedad rara y agresiva, que requiere tratamientos prolongados y muy exigentes.
De la Eurocopa al Vaticano: una niña que cumplió sueños en medio de la enfermedad
Uno de los momentos que convirtió a María en un rostro conocido para toda España llegó en julio de 2024, cuando fue una de las grandes protagonistas de la celebración de la Eurocopa conquistada por la selección española.
Aquella noche subió al escenario en Cibeles junto a los jugadores y llegó incluso a levantar el trofeo en una escena especialmente emotiva. María agradeció después de forma pública el gesto de Álex Baena, uno de sus ídolos, al que dio las gracias por haberla metido a ella y a su hermana en la fiesta y por su cercanía constante desde que conoció su caso.
Su relación con el actual jugador del Atlético de Madrid no fue algo puntual. En sus redes dejó varias publicaciones mostrando la complicidad entre ambos, y distintos medios han recordado este miércoles hasta qué punto Baena estuvo pendiente de ella desde que sus caminos se cruzaron.
Meses después, en febrero de 2025, María cumplió otro de sus grandes sueños al viajar a Roma y ser recibida por el papa Francisco en el Vaticano. La visita tenía para ella un valor especial, ya que estaba muy vinculada a su devoción por Carlo Acutis, al que consideraba su protector. Aquel momento fue descrito por ella misma como uno de los días más importantes de su vida.
La muerte de María deja un vacío enorme en su entorno, pero también una huella muy profunda en quienes siguieron su historia. Porque, más allá de la enfermedad, supo convertir su vida en un mensaje de visibilidad, ternura y resistencia.
Y eso explica por qué hoy no solo la despiden su familia y sus amigos, sino también buena parte del deporte español y miles de personas que aprendieron a reconocerla por una consigna muy sencilla: seguir sonriendo.
