Es imposible comprender la magnitud de algo que no se ha experimentado en primera persona. Más aún si se trata de una violación. En España se denunciaron más de 1.200 asaltos sexuales durante el año 2015, es decir, una violación cada siete horas.
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La ansiedad, la depresión o la falta de autoestima son algunas de las secuelas que puede desarrollar la víctima después de haber sido asaltada, así como un sentimiento de culpabilidad o vergüenza. Si la víctima es una mujer, además tiene que enfrentarse a las ideas heredadas de la sociedad heteropatriarcal que dejan recaer sobre ella la responsabilidad de ser violada: "¿Iba sola?", "¿Vestía de manera provocativa?", "¿Salía con muchos chicos?", "¿Se resistió a mantener relaciones sexuales?".
A esta última pregunta ha tenido que responder una de las víctimas de un asalto sexual ante el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Vitoria. Así lo ha denunciado la asociación Clara Campoamor ante la comisión disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial para que suspenda a la titular de la sala, la magistrada María del Carmen Molina Mansilla, por vulnerar "constantemente" los derechos de mujeres víctimas de violencia de género.
La presidenta de la asociación, Blanca Estrella Ruiz, ejemplifica las malas prácticas de esta jueza en relación a lo ocurrido con este caso. El pasado 16 de febrero, la víctima, embarazada de 4 meses, acudió a las dependencias de la Policía Local de Vitoria para denunciar el maltrato habitual, físico y psíquico al que se encontraba sometida con vejaciones, insultos y dos agresiones sexuales, y solicitaba una orden de protección. Al día siguiente fue citada a las 11:00 horas pero su declaración se atrasó hasta las 15:00 horas sin ningún tipo de explicación.
"¿Cerró bien las piernas, cerró toda la parte de los órganos femeninos?"
Durante la declaración, la jueza mostró una actitud de incredulidad hacia la víctima, interrumpiendo su testimonio y condicionando su declaración con preguntas sugestivas: "¿Opuso resistencia a las agresiones?", "¿Cerró bien las piernas, cerró toda la parte de los órganos femeninos?". La víctima, incapaz de reaccionar, se limitó a asentir.
"Esta pregunta es ofensiva, degradante y humillante y carece del mínimo rigor profesional para con la víctima", señala la presidenta de la asociación Clara Campoamor. "Si no protegemos y apoyamos a las víctimas de esta violencia, ¿qué nos queda? ¿Contar muertas?", reflexiona Blanca Estrella.
Revictimizar y culpar a la víctima de las agresiones fomenta la violencia machista y hace un flaco favor a la lucha por la igualdad. En lo que llevamos de año, 11 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas. 2015 cerró con un total de 59 mujeres asesinadas, dos más que las que fueron asesinadas por sus parejas en 2014.
