La RAE define la palabra apellido como "nombre de familia con que se distinguen las personas", "sobrenombre o mote". Todos tenemos claro que el apellido complementa nuestro nombre y sirve, sobre todo, para diferenciarnos de las personas que se llaman igual que nosotros así como para crear núcleos familiares.
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En España, como en el resto del mundo, hay unos apellidos que se emiten más que otros. En nuestro país, ocho de los más comunes -es García el más repetido- acaban con el sufijo -ez. Estos son Rodríguez, González, Fernández, López, Martínez, Sanchez, Pérez y Gómez.
Los apellidos tienen su origen en la Edad Media, con la generalización de los documentos notariales, y fue la Iglesia y la clase alta la que empezó a utilizarlos. Al principio los apellidos hacían referencia al origen (María la Valenciana), la profesión (Pedro el Panadero) o alguna característica física (Alfonso el Delgado).
A partir del siglo XIII cuando empiezan a surgir los apellidos acaban en -ez, que significan "hijo de". De esta forma, los apellidos empiezan a ser hereditarios. Así pues, Rodríguez, significaría hijo de Rodrigo, del mismo modo que González sería hijo de Gonzalo y Fernández, hijo de Fernando.
Origen etimológico
En cuanto al origen de dicho sufijo, los etimólogos no acaban de ponerse de acuerdo. Según la Gramática de Larramendi, el término tendría su origen en el euskera. Otros expertos descartan esa posibilidad y creen que el -ez (antes -iz o -is) es una herencia visigoda que procede del genitivo gótico y que, por tanto, denota posesión.