Los húngaros votaron este domingo, 12 de abril, en unas elecciones que finalmente han supuesto la pérdida del poder del ultranacionalista Viktor Orbán. El ya ex primer ministro llevaba 16 años en el poder y solo ha conseguido 54 escaños.
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El vencedor, Péter Magyar, un abogado cristiano de 45 años, se impuso con bastante claridad y logró 138 escaños, más de dos tercios del Parlamento, que cuenta con 199 diputados.
La cita electoral dejó, además, un dato histórico de participación. Cerca del 80% del censo acudió a las urnas, la cifra más alta registrada en Hungría desde la caída del comunismo y muy por encima del 70,53% alcanzado en 2002, que hasta ahora marcaba el precedente más elevado.
Un acercamiento a Europa
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha celebrado que Hungría retome su camino hacia Europa. "Hungría ha elegido a Europa. Europa siempre ha elegido a Hungría. Un país retoma su camino hacia Europa. La Unión se fortalece", declaró a través de un mensaje en redes sociales.
Muy alineado tanto con la administración Trump como con Putin, Orbán ha sido durante todos estos años uno de los grandes obstáculos dentro de la Unión Europea. Su estrategia pasó por romper en múltiples ocasiones el consenso en asuntos delicados como las sanciones a Rusia o la ayuda militar a Ucrania.
También el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, celebraron este cambio de rumbo del país hacia Europa.
Quién es el nuevo primer ministro, Péter Magyar
Con un discurso muy duro contra la corrupción y a favor de los valores tradicionales, el conservador Péter Magyar ha logrado una victoria cómoda y contundente que le permitirá intentar restaurar el Estado de derecho y recomponer las instituciones democráticas en Hungría.
Militó en las filas de Fidesz-Unión Cívica Húngara como seguidor de Orbán. Trabajó en el Ministerio de Exteriores y en varias empresas públicas, y fue en 2024 cuando concedió una entrevista en televisión en la que destapó irregularidades dentro del partido.
Aprovechó la popularidad que le dio aquella denuncia y fundó su propio partido, Tisza, una formación que exigía mayor transparencia, un mayor acercamiento a Europa y menos concentración del poder. A partir de ahí fue creciendo hasta consolidarse como la oposición más fuerte al ultraderechismo de Orbán.
Durante la campaña se mostró cercano a la población húngara y logró conquistar parte del voto rural, tradicionalmente ligado a Orbán. Entre sus principales promesas figuraban combatir la corrupción y mejorar la economía y los servicios públicos. Para ello, se comprometió a desbloquear los fondos europeos que la Comisión Europea mantiene congelados por la corrupción y el deterioro democrático durante la etapa de Viktor Orbán.
"Juntos, hemos derrocado al régimen de Orbán. Hemos liberado Hungría, hemos recuperado nuestra patria", proclamó desde la sede de su partido.
El final de 16 años consecutivos de hegemonía
A sus 62 años, Viktor Orbán acumulaba 16 años consecutivos en el poder. Su primera gran victoria electoral llegó en 1998 con un discurso conservador.
Cuatro años después perdió el poder frente al socialismo, algo que aprovechó para recomponer su partido y acercarlo al populismo ultranacionalista. Su regreso al Gobierno se produjo en 2010, y la mayoría parlamentaria obtenida entonces le dio margen para reformar la Constitución y blindar su ventaja institucional mediante un sistema electoral que favorecía al partido más votado, que en ese momento era el suyo.
Con un ideario basado en Dios, nación y familia, combinó la apertura económica con el conservadurismo político y el ultranacionalismo. Eso se tradujo en medidas contrarias al aborto y a los derechos de la comunidad LGTBI.
A ello se sumó su discurso antiinmigración, basado en el blindaje de las fronteras y en la negativa a acoger refugiados, a algunos de los cuales llegó a definir como terroristas.
Orbán pasó de ocupar posiciones destacadas en el centroderecha europeo a convertirse en uno de los principales referentes de la derecha más radical en Bruselas.
Hoy es una figura clave de Patriotas por Europa, la alianza en la que se agrupan partidos como el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, Chega, Lega o Vox, y mantiene además una estrecha relación con líderes como Benjamin Netanyahu y Vladimir Putin, dos de sus apoyos internacionales más notorios.
La derrota de Orbán pone fin a una de las etapas políticas más largas y controvertidas de la Europa reciente y abre una nueva incógnita sobre el futuro del país.
Hungría inicia ahora una transición marcada por la expectativa de recuperar la confianza de Bruselas, recomponer sus instituciones y medir hasta qué punto Péter Magyar será capaz de transformar en gobierno el enorme respaldo que ha recibido en las urnas.
