La crisis abierta tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ha dejado al descubierto las tensiones dentro de la relación transatlántica y el papel cada vez más incierto de Italia en ese tablero.
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La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha optado finalmente por una posición que recuerda a la adoptada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez: impedir que Donald Trump utilice las bases estadounidenses en territorio italiano para operaciones militares contra Irán, que restringe a la autorización parlamentaria.
La decisión llega tras varios días de silencio del Ejecutivo italiano, en medio de una escalada bélica que ha vuelto a situar a Oriente Próximo en el centro de la tensión internacional. Durante ese tiempo, Roma evitó posicionarse mientras otros socios europeos fijaban postura sobre el ataque coordinado de Washington y Tel Aviv.
La cautela italiana quedó reflejada en las primeras declaraciones públicas de Meloni. "No estamos en guerra y no queremos entrar en guerra", aseguró en una entrevista con los medios italianos en la que subrayó que Estados Unidos ni siquiera ha solicitado formalmente el uso de las bases militares desplegadas en suelo italiano.
Italia alberga ocho instalaciones utilizadas por fuerzas estadounidenses, con unos 34.000 militares desplegados. Sin embargo, la primera ministra recordó que cualquier solicitud para emplearlas en operaciones militares debe pasar por el Parlamento italiano. En todo caso, adelantó que el Gobierno solo contemplaría autorizar usos logísticos, pero no ataques directos.
El planteamiento coincide con la línea defendida por el Ejecutivo español en los últimos días. Meloni citó explícitamente el precedente de España al explicar la posición de su Gobierno. "Existe un acuerdo bilateral y fuera de ese acuerdo no habrá ningún uso de las bases", afirmó, en referencia al modelo aplicado por el Ejecutivo de Sánchez.
Italia intenta evitar implicarse en la guerra
El Gobierno italiano insiste en que su objetivo es mantenerse al margen del conflicto. El ministro de Defensa, Guido Crosetto, reiteró ante el Parlamento que Italia "no está en guerra con nadie" y que su prioridad es gestionar las consecuencias de la crisis.
La estrategia de Roma se basa en limitar su implicación a tareas defensivas y de protección de aliados. En ese marco, el Ejecutivo sí ha anunciado el envío de sistemas de defensa aérea a países del Golfo para reforzar su seguridad frente a posibles represalias iraníes. Entre el material previsto se encuentra el sistema antiaéreo Samp-T con misiles Aster 30.
Además, Italia planea desplegar una fragata en el Mediterráneo oriental, cerca de Chipre, dentro del refuerzo militar europeo en la zona. Se trata de un movimiento similar al que ha realizado España, como gesto ante los ataques que sufrió la isla por parte de Irán y contra una base de Reino Unido.
Decenas de miles de italianos en la región
Uno de los factores que explica la prudencia del Ejecutivo es la presencia de ciudadanos italianos en la región. Según el Ministerio de Exteriores, cerca de 100.000 italianos se encuentran repartidos por países de Oriente Próximo entre residentes y turistas.
El Gobierno ya ha organizado la repatriación de unas 10.000 personas desde distintos países de la zona, mientras mantiene desplegados alrededor de 2.000 militares italianos en misiones internacionales.
Críticas de la oposición y debate sobre el papel de Italia
La crisis también ha abierto un frente político interno. Los partidos de centroizquierda acusan a Meloni de actuar con ambigüedad y de intentar evitar un debate parlamentario directo sobre la posición italiana en el conflicto.
La oposición reclama una postura clara que limite el uso de las bases militares estadounidenses y ha puesto como referencia la línea marcada por el Gobierno español. También reprocha a la primera ministra haber tardado varios días en pronunciarse públicamente.
El episodio ha alimentado además las dudas sobre el peso real de Italia en la relación entre Europa y Washington. Durante meses, Meloni se había presentado como uno de los principales puentes políticos entre Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, el hecho de que Roma no fuera informada previamente de la operación militar ha reforzado la sensación de que las decisiones clave siguen concentrándose en las capitales tradicionales del eje transatlántico.
Mientras la guerra continúa escalando, Italia intenta ganar tiempo y mantener una posición intermedia: apoyar a sus aliados occidentales sin verse arrastrada a un conflicto que, según todas las encuestas, es profundamente impopular entre la opinión pública italiana.
