La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha advertido del llamado "efecto rebote" asociado a los fármacos inyectables para perder peso. Señala que son eficaces mientras se usan, pero que al interrumpir el tratamiento es frecuente que se produzca una recuperación progresiva de kilos y que se revierta parte de las mejoras metabólicas. La organización apoya su aviso en un metaanálisis publicado en The BMJ.
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En España, la OCU sitúa en este "boom" de inyectables a los más conocidos por su uso en diabetes tipo 2 y/o control del peso: Ozempic y Wegovy (ambos con semaglutida), Saxenda (liraglutida) y Mounjaro (tirzepatida).
En los últimos años, la demanda y el gasto asociados a estos tratamientos han crecido con fuerza. De hecho, el Ministerio de Sanidad ha indicado que la semaglutida fue el medicamento de mayor impacto económico en receta pública en 2024, un dato que refleja un uso muy relevante en el sistema.
Los números del "efecto rebote"
Según los cálculos que cita la OCU a partir del metaanálisis, tras finalizar el tratamiento con fármacos como la semaglutida (Wegovy y Ozempic) o la tirzepatida (Mounjaro), la pérdida media de peso ronda los 14,7 kilos y, mientras dura la medicación, se observan mejoras en marcadores como la glucosa, la presión arterial, el colesterol, los triglicéridos y la hemoglobina glicosilada.
El problema aparece al interrumpir el tratamiento: en el subgrupo de semaglutida/tirzepatida, el peso se recupera a un ritmo medio de 0,8 kilos al mes. A los 12 meses de dejar la medicación, los pacientes habían recuperado de media 9,9 kilos, y en torno a los 18 meses lo esperable es que hubieran recuperado todo el peso perdido.
Ese rebote, añade el análisis, también se traslada a la salud metabólica: con el paso de los meses, parámetros como la glucosa o el colesterol tienden a volver a valores cercanos a los iniciales, lo que refuerza la idea de que se trata de tratamientos que requieren seguimiento médico y un abordaje sostenido de hábitos para mantener resultados.
Lo más recomendable
En general, estos fármacos se plantean como parte de un abordaje a medio-largo plazo en pacientes con obesidad o con sobrepeso y comorbilidades. Deben utilizarse siempre con prescripción y seguimiento médico, y como complemento de una dieta hipocalórica y más actividad física, tal y como recogen las fichas de la Agencia Europea de Medicamentos.
En cambio, si no se encaja en esos perfiles clínicos, lo prudente es optar por un plan de alimentación equilibrada y cambios conductuales sostenibles, combinados con ejercicio regular, que sigue siendo la base del control del peso y la salud cardiometabólica. La Organización Mundial de la Salud insiste en que la medicación debe integrarse en un enfoque global con dieta y actividad física, no sustituirlo.
