Cuando hablamos de las consecuencias del cambio climático siempre creemos que, salvo unos graditos más aquí y otros menos allá, no hay que lamentar pérdidas reales en nuestro ecosistema. Por eso, quizás saber que ya se ha saldado con la existencia del primer mamífero del mundo nos ayude a reflexionar sobre el daño que estamos ejerciendo en el planeta.
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Más vale tarde que nunca, al fin y al cabo, aunque de nada le sirva ya al melomys rubicola. Este pequeño roedor ya se encuentra oficialmente extinto, toda una pérdida para la naturaleza por ser el único mamífero originario de la Gran Barrera de Coral. Hasta ahora habitaba el cayo Bramble, cuya cima más alta se encuentra a 3 metros sobre el nivel del mar. Dicho cayo se encuentra en el Pacífico y es el punto más al norte de Australia.
Según la investigación llevada a cabo por la Universidad de Queensland, la subida del nivel del océano durante los últimos años, que ha provocado inundaciones en el cayo en repetidas ocasiones destruyendo el hábitat del mamífero, sería la responsable de que el melomys rubicola no hubiera sobrevivido a los efectos del cambio climático. Recordemos que el deshielo de los polos, como consecuencia del aumento de las temperaturas por la contaminación humana, es una de las principales causas por las que el mar se ha elevado cerca de 20 centímetros desde el siglo pasado.
En 2014 ya se intentó sin éxito dar con el roedor, por ello la Universidad de Queensland trató de encontrar su rastro recientemente con un equipo de 900 trampas, 60 cámaras nocturnas y una búsqueda activa durante dos horas al día. Todo un despliegue si tenemos en cuenta que el hogar del melomys rubicola apenas mide cuatro hectáreas, 340 metros de largo por 150 de ancho. La investigación no pudo resarcirse con ningún hallazgo e incluso un pescador de la zona, como anécdota, confirmó que desde 2009 no veía ninguno de estos roedores.
El cambio climático ya se ha saldado con su primer mamífero. Por desgracia, no será el único que desaparezca de la Tierra antes de que acabar con los humanos, pero posiblemente no fuésemos los últimos mamíferos en extinguirnos. En nuestra mano está reconducir la vida del globo.












