El consumo de comida procesada se encuentra muy extendido entre la población, a pesar de que los riesgos de su consumo son ampliamente conocidos. En general, la ingesta de productos como bollería industrial, sopas de sobre o patatas fritas aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico u obesidad. Pero, hasta ahora, se conocía poco sobre su relación con el deterioro cognitivo.
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Ahora, un estudio cuya primera autora es Natalia Gomes Gonçalves, del departamento de Patología de la Escuela Médica de la Universidad de Sao Paulo, ha analizado la cohorte en tres olas, separadas aproximadamente por cuatro años.
Los participantes son funcionarios públicos, con edades comprendidas entre 35 y 74 años, reclutados a lo largo de seis ciudades brasileñas. Se han excluido participantes que informaron de una ingesta calórica extrema (menos de 600 o más de 6.000 kilocalorías al día) y aquellos que hayan tomado medicamentos que podrían interferir negativamente en su rendimiento cognitivo. Se ha medido, además, el consumo diario de alimentos ultraprocesados como porcentaje de la energía total dividido en cuártales.
Pérdida de rendimiento cognitivo
El estudio evaluó el rendimiento cognitivo perdido en el tiempo, en un período de entre 6 y 10 años, mediante pruebas de recuerdo inmediato y diferido de palabras, reconocimiento de palabras y fluidez verbal, entre otros métodos. Además, se midió el empeoramiento de la memoria y de las funciones cognitivas.
Las personas con mayor consumo de ultraprocesados presentaron un deterioro cognitivo más rápido a lo largo del tiempo. En concreto, registraron una tasa de deterioro cognitivo un 28% más rápida en comparación con aquellas que consumían una menor cantidad de alimentos ultraprocesados.
Se trata, por tanto, de un estudio que muestra las consecuencias del consumo de alimentos ultraprocesados a nivel cognitivo, puesto que la mayoría de los análisis suelen centrar sus investigaciones en la salud física.
