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Sorprenden a una jueza besando a un preso al que había condenado a cadena perpetua

Se ha abierto una investigación contra la magistrada por "conducta inapropiada", mientras que ella niega todos los hechos.

Sorprenden a una jueza besando a un preso al que había condenado a cadena perpetua

La jueza penal Mariel Suárez, de 49 años, acudió el pasado 29 de diciembre a una de las salas del Instituto Penitenciario Provincial (IPP), en la ciudad de Trelew, en Argentina. Allí se había citado con Cristian 'Mai' Bustos, preso que fue condenado a cadena perpetua el 23 de diciembre por el asesinato de su hijo de 9 meses y un policía en 2009.

Ambos hablaron durante un rato, hasta que la situación se fue poniendo poco a poco más íntima. Y todo terminó con ambos besándose. Así quedó registrado en un vídeo que fue publicado por varios medios de comunicación del país latinoamericano.

Las imágenes han generado una fuerte polémica en Argentina, hasta el punto de que la magistrada se ha visto obligada a explicarse en una entrevista concedida al medio LN+. En ella, ha negado mantener cualquier tipo de relación sentimental con el reo y asegura que no le besó.

"Soy una persona muy sociable"

La jueza restó importancia a un suceso que ha generado fuertes críticas: "Yo soy así naturalmente, soy una persona muy sociable. No estoy actuando nada. Me relacioné con este detenido por un tema laboral", ha asegurado tras la polémica.

La jueza sostiene que se reunió con el preso con el único motivo de entablar conversación porque quiere utilizar su historia para escribir un libro. Sin embargo, su conducta puede salirle cara: el Superior Tribunal de Justicia de Chubut ha abierto una investigación interna por "conductas inadecuadas".

La jueza Mariel Suárez, según publican varios medios argentinos, fue una de las magistradas que dictaminó la cadena perpetua contra el preso al que aparentemente besó. La historia policial de Cristian 'Mai' Bustos se remonta a 17 años atrás, cuando fue detenido por el asesinato de Eric, un bebé de 9 meses que murió con la columna vertebral destrozada a golpes. Tras dos años a la fuga, fue identificado por la policía, en un suceso que terminó con el asesinato de Leandro Roberts, un agente de policía, en la ciudad de Esquel.

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