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Javier Giner: "La opresión genera trauma y lleva al autocastigo, por eso el colectivo LGTBI es tan vulnerable a las adicciones"

El guionista relata en 'Yo, adicto' su descenso a los infiernos de las adicciones y cómo salió de ahí.

Javier Giner: "La opresión genera trauma y lleva al autocastigo, por eso el colectivo LGTBI es tan vulnerable a las adicciones" Javier Giner: "La opresión genera trauma y lleva al autocastigo, por eso el colectivo LGTBI es tan vulnerable a las adicciones"

Foto: Paidós

Con 'Yo, adicto', Javier Giner se abre de par en par para relatar el oscuro mundo en el que se vio sumido durante largos años: las adicciones. El cineasta describe el libro como "un relato hacia la luz, pero en el camino hay mucha oscuridad, y en esta oscuridad hay mucha vergüenza, mucho dolor, mucha recriminación". Espera que sus paginas cargadas de honestidad, "un libro de estas características no lo puedo escribir para quedar bien", apunta, puedan convertirse "en algo que acompañe a gente que ha pasado por esto o está pasando por esto". "Ha llegado el momento de ayudar como en su día me ayudaron a mí", subraya.

Giner quiere dejar claro que un adicto "no es una persona que consume". "El adicto es aquella que aun viendo todas las consecuencias negativas, el dolor que se provoca a sí mismo y a otros, aún viendo todo eso y queriendo parar, no es capaz de hacerlo. Una persona literalmente secuestrada por una sustancia, por una actividad", explica, comparándolo con 'La invasión de los ultracuerpos'.

"El consumo de sustancias, el drogarse, el beber, no es el problema. Ese es el síntoma del problema. El dolor emocional, ese malestar que nos ocurre a todos: ansiedad, complejos, síndrome de abandono, soledad... Todo eso, esa es la verdadera enfermedad. La gestión emocional deficiente de todo eso es la verdadera enfermedad", reflexiona el bilbaíno, exponiendo que "esa bomba sale al exterior en forma de consumo de drogas para escapar de todo eso". Por ello, reclama que "es fundamental hablar de salud mental y de gestión emocional".

Sus problemas de adicción también le llevaron a tener un comportamiento autodestructivo para consigo y para con sus relaciones sexoafectivas. "Para mí el sexo era algo oscuro que hacía daño. Yo tuve que aprender a reconectar el sexo con lo que realmente es, es decir, placer y pulsión de vida", cuenta. Giner también lanza una preocupación sobre el colectivo LGTBI y las adicciones. "Una vez que he dejado las sustancias y empiezo a analizar ese dolor emocional y de lo que intento escapar, me doy cuenta que llevo diez años viviendo supuestamente de manera libre mi homosexualidad. Y resulta que tengo muchas cosas de homofobia interiorizada de las que no era consciente. Llevaba una mochila cargada del bullying al venir de una generación donde los homosexuales eran enfermos y raritos. Todo eso, aunque te rebeles, es como la gota china. Por eso la comunidad LGTBI es tan vulnerable a las adicciones, porque esa opresión genera trauma y eso lleva al autocastigo. Es que todo eso te crea un profundo rechazo hacia ti mismo", relata, por lo que se muestra muy preocupado con el tema del chemsex.

De los prejuicios a pedir ayuda

"Uno de los mayores dramas de esta enfermedad es que hay una negación muy profunda. Como no hablamos de la adicción abiertamente, es una enfermedad muy estereotipada. Se genera un vacío que es pasto de prejuicios", denuncia Giner, que también quiere empedrarse en la palabra "yonki" como se ha hecho con "maricón".

Según el director y guionista, "la adicción está mucho más normalizada de lo que pensamos". " Si hay algo transversal en esta vida es la adicción", aclara, confesando que él también empezó su recuperación cargado de prejuicios. "Las primeras veces que estaba en la clínica, yo me preguntaba dónde estaban los famosos. Pero es que por cada Amy Winehouse, hay 2.500 personas que son anónimas y no salen en los medios", subraya.

Por esta razón, por alimentar la desinformación, Javier Giner critica el testimonio de Miguel Bosé: "Me pareció un circo, muy poco generoso y muy poco empático. Yo no pongo en duda el consumo que él dice que llevaba. Pero si estaba consumiendo dos gramos de coca al día, como él dice, estamos hablando de una toxicomanía sideral. No pongo en duda ese consumo, pero de eso no se sale como él contó, con una epifanía espontánea y tú solo. Si dejar las drogas fuese tan fácil, no habría problemas de adicción".

El cineasta vivió su particular espifanía cuando tocó fondo. "Fue ser consciente de que necesitaba ayuda porque como siguiera así podría haber muerto", se sincera. "El proceso terapéutico en la clínica lo recuerdo con alegría. En esa clínica, aunque lo pasé como un perro y tuve una lucha interna conmigo mismo brutal, pero como el resultado fue el que fue y aprendí tanto, mereció la pena". Así, hoy en día puede ponerse frente a aquel Javier Giner: "Me da mucha pena saber lo perdido que estaba, el dolor tan destructivo que llevaba dentro. Le diría que confiase más, que al final la vida pone a cada cual en su sitio".

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