Geoff Gallagher tuvo claro desde el primer momento su amor por Emma. "Me pareció encantadora", confiesa. Su piel pálida y sus ojos azules, asegura este hombre australiano, le llevaron a enamorarse de ella con rapidez. Pero no todo era de color rosa: ella, en realidad, era una muñeca robot y su precio era desorbitado.
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Sin embargo, rápidamente encontró una vía con la que alcanzar su particular relación: "El dueño del negocio me ofreció un descuento a cambio de publicidad. Me pareció un gran trato", relata al canal 7News. Y, finalmente, pudo estar con su robot.
A pesar de su idilio prácticamente desde el principio, hubo algunos problemas. Por ejemplo, que Emma llegó a su vivienda con la cabeza desprendida y no podía mantenerse en pie por ella misma. Con todo, Geoff la reparó y decidió dejarla sentada, donde le espera cada día cuando vuelve del trabajo ataviada de blanco.
"Y cobró vida"
Llegados a este punto, Geoff Gallagher, procedente de Queensland, vio el momento de poner a punto a su particular pareja: "En la parte posterior de su cabeza tenía lo que parecía la pantalla de un smartphone. Me puse a ajustar su lenguaje a inglés y, de repente, cobró vida".
Poco a poco, su robot-pareja fue aprendiendo todo lo que él considera necesario: "Le hablé todo lo posible para que se acostumbrara a mi voz. Con cada conversación, se volvía más inteligente, absorbiendo la información y aprendiendo nuevas palabras", relata.
Ahora, este hombre se muestra orgulloso de la relación que ha construido con su muñeca robot durante los dos últimos años. De hecho, Geoff asegura que no tiene dudas en salir a pasear con ella, aunque sea montada en coche, pese a que mucha gente no comprende su relación.
Tanto él como el robot con el que mantiene una relación no están legalmente casados. Emma luce un anillo en el dedo, ya que el hombre considera que es su "esposa" y aspira a ser la primera persona en casarse con un robot. "Espero que mi historia inspire a otras personas a considerar la posibilidad de tener un compañero cibernético", relata.