¿Qué tienen que ver los huevos, los conejos, el chocolate y la Semana Santa?

¿Qué tienen que ver los huevos, los conejos, el chocolate y la Semana Santa?

Aunque en España somos más de procesiones y Viernes de Dolores, en el resto del mundo los símbolos de la Pascua son los huevos de colores, el chocolate y los conejos. ¿De dónde procede esta iconografía y qué tiene que ver con Jesucristo?

Vida Mateo Navarro Mateo Navarro 30 Marzo 2016 11:39

La primavera es la época del año en la que los símbolos de todas las culturas hacen referencia a la renovación y al nacimiento de algo nuevo: las primeras floraciones, los huevos de Pascua o el Domingo de Resurrección son algunas de las alegorías que más se repiten por estas fechas que celebran algo tan natural y pagano como es el equinoccio primaveral. Sin embargo, aunque esta imaginería resulte cercana y relativamente moderna, su origen se remonta, en algunos casos, a las primeras civilizaciones que habitaron la Tierra.

¿Qué fue primero, el Cristo o el huevo?

De hecho, la tradición de comer huevos al acabar el invierno se remontaría a la Edad de Hielo. Como las aves son animales migratorios, al volver el calor volvían a anidar en los árboles y de sus huevos se alimentaban los humanos hasta que podían volver a cazar. Los días son más largos, aumenta la temperatura y las horas de sol nos hacen más felices.

El equinoccio de primavera en un GIF

El huevo fue asumido como símbolo por los cristianos, aunque los españoles (al menos, la mayoría) fuimos los únicos que no adoptamos la tradición y la sustituimos por la imaginería de la Semana Santa, centrada en pasajes bíblicos representados con procesiones, pasos, tronos y todo tipo de ornamentación religiosa. El origen de la Semana Santa española data del siglo XV, cuando las primeras Hermandades y Cofradías salían a la calle para representar la pasión de Cristo y flagelarse por su muerte. También para celebrar su resurrección.

Solo en la mona y en otros dulces típicos de la zona levantina encontramos la referencia al huevo en época de Pascua, y, sin embargo, su origen es de tradición árabe. La conversión de la mona como un postre cristiano simboliza el fin de la abstinencia voluntaria que se realiza durante la Cuaresma.

En el resto de países de arraigadas costumbres cristianas como Polonia, Alemania, Eslovaquia, Argentina, Francia o Italia el intercambio de huevos de chocolate es muy común y celebra la fertilidad primaveral. Por eso, el animal que deja los huevos no es nada más ni nada menos que un conejo, uno de los mamíferos con mayor capacidad para procrear sobre la faz de la Tierra.

El conejo es un símbolo de fertilidad, todos conocemos el refrán sobre su cópula

La tradición oficial del conejo de Pascua se remonta a una leyenda de Alsacia del siglo XVII, que se sustenta en que los antiguos pueblos celtas y escandinavos ya encontraban en la liebre un gran símbolo de la fertilidad y crecimiento debido a sus fuertes patas. En la tradición fenicia, este animal se asociaba con la diosa Astarté, cuyos equivalentes en el panteón griego podrían ser Afrodita y Deméter.

Los fenicios fueron el primer pueblo mediterráneo que llegó al sur de Europa y convivieron y mercadearon con las otras culturas que habitaban en el viejo continente. Tal fue la influencia de esta cultura en la tradición teutónica y anglosajona que el nombre que recibe en inglés esta festividad, 'Easter', y en alemán, 'Ostern', hace honor a Astarté u Ostara, otra de las adaptaciones del nombre de la deidad.

La evangelización del huevo y el conejo: del paganismo a la fe cristiana

En el siglo VIII, los cristianos germanos encontraron la forma de cristianizar la tradición ancestral y convertir los símbolos del huevo y el conejo en algo cristiano. Aunque no aparece en ningún pasaje de la Biblia, desarrollaron la leyenda de que, durante la estancia de Jesús en el sepulcro, un conejo habitaba la cueva donde estaba el cuerpo. Cuando resucitó, el conejo lo presenció todo y comprendió que era el Hijo de Dios quien había estado en el sepulcro y sintió la necesidad de extender la noticia. Como los conejos no hablan, el Domingo de Resurrección se dedicó a repartir entre la población huevos pintados para que entendieran el mensaje.

El conejo evangelista, Cristo vive y te ama

Sin embargo, esta historia no era nueva del todo. En la misma Alemania, una antigua leyenda habla de una mujer pobre que no podía permitirse dulces para sus hijos y decidió esconder huevos pintados en el jardín de su casa para que sus hijos los encontaran. Mientras los buscaban, apareció un conejo. Creyendo los niños que el conejo ponía huevos de colores, cada año le hicieron un nido para que el animal lo llenara de huevos durante la noche y así se convirtió en tradición.

Para justificar el huevo como tal, se dice que en el cristianismo su búsqueda simboliza la persecución de Jesús por parte del Rey Herodes y la divina providencia que evitó que fuera encontrado. En Oriente Medio, los huevos que se intercambian son de color carmesí para recordar la sangre de Cristo. 

Pero, ¿por qué hay que pintar el huevo?

Fue en el siglo IX cuando se comenzaron a pintar durante la Cuaresma, ya que como alimento se consideraban un equivalente a la carne. Para que no se estropearan, los huevos se cocían y se pintaban para diferenciarse de los que estaban frescos y así consumirlos en Pascua de Resurrección.

Durante la Edad Media, esta tradición tomó forma y los artesanos empezaron a ornamentar huevos de tortuga como si fueran pequeñas obras de arte para regalar, tratando con especial cuidado el cascarón para decorarlo. Para acercar la tradición a los más pequeños, en el siglo XIX en Alemania se comenzaron a comercializar huevos de Pascua hechos de chocolate, o bien tratados con colorantes comestibles o envueltos de colores. Esta tradición se exportó a Estados Unidos, donde la búsqueda de huevos de colores es tal y como la conocemos hoy. Y eso es todo, amigos.

El conejo evangelista, Cristo vive y te ama

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