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Tres ganadores y dos perdedores de la pandemia del coronavirus

La crisis del Covid-19 está cambiando el mundo. Aunque aún es pronto para saber cómo saldremos de ésta, podemos extraer ya algunas lecciones.

Tres ganadores y dos perdedores de la pandemia del coronavirus

La pandemia global del coronavirus nos va a tener más de un mes sin salir de casa, pero los cambios que está realizando en el mundo se sentirán durante años. Como el 11 de septiembre, se trata de esos acontecimientos que cambiarán la forma de ver muchas cosas e instaurarán un nuevo orden mundial.

Cuando aún no hemos empezado siquiera a salir de esta crisis, resulta todavía difícil saber cómo cambiará el mundo tras el coronavirus. Pero, desde Los Replicantes, nos atrevemos a hacer algunas predicciones de los ganadores y perdedores de una hecho histórico sin precedentes.

Ganador: China

La pandemia del coronavirus se originó en China, precisamente por permitir el comercio con animales exóticos vivos en mercados. Fueron también varias actuaciones de aquel país las que llevaron a la situación actual, como ocultar el virus en sus primeros días y perseguir a aquellos médicos que denunciaron los contagios.

Sin embargo, casi tres meses después, China es el único país del mundo que está saliendo de esta crisis. La decisión de Apple de cerrar todas sus tiendas salvo en China demuestra cómo han cambiado las cosas con respecto a hace apenas unas semanas.

Y, si hacemos casos a los expertos, tardaremos mucho más en normalizar nuestra situación de lo que han tardado los chinos. No solo eso, la inmensa mayoría del mundo está ahora prácticamente en manos chinas y de sus empresas: son los únicos capaces de producir las mascarillas, los tests o las medidas de protección en las cantidades masivas que necesitan casi todos los países en estos instantes.

China está ejerciendo también, con sus donaciones, ese poder de potencia global que tradicionalmente ejercían los Estados Unidos. Y lo cierto es que, cuando todo esto pase, es probable que China termine superando a Estados Unidos como primera economía mundial.

Por supuesto, nada de esto saldrá gratis. El coronavirus ha llegado en un momento crítico de la lucha entre Estados Unidos y China y del futuro del modelo chino en el mundo. El despliegue del 5G por todo el globo con Huawei como protagonista cobrará una nueva dimensión una vez la crisis pase.

Peor aún, las millonarias medidas que casi todos los Gobiernos están anunciando para ayudar a la economía acabarán financiandose con la emisión de deuda. Una deuda que, muy probablemente, acabe en manos chinas. China ya es, en la actualidad, uno de los mayores poseedores de deuda soberana de otros países y, tras la crisis del coronavirus, puede acabar siendo literalmente la dueña de algún que otro país.

Perdedor: la Democracia, las libertades (y los populismos)

En un mundo muy variado, ha habido una única solución viable al coronavirus: el confinamiento, la geolocalización y la cuarentena. Una cuarentena que no ha funcionado igual en países como China o Italia. Las democracias han tardado en ejecutar medidas que la dictadura China implantó de manera rápida y, sobre todo, hacerlas cumplir. En un país ultra controlado como es China cada urbanización en Wuhan está cerrada y vigilada individualmente por "comités vecinales" del Gobierno. La disciplina de sus ciudadanos contrasta con lo que se ha tardado en concienciar a la población aquí, donde todavía salen decenas de multas diarias por saltarse una cuarentena que además es mucho más laxa.

Saliendo de la dictadura China, democracias como Corea del Sur, Taiwan o Singapur han controlado el virus de manera parecida: geolocalizando al extremo a sus ciudadanos y, en muchos casos, publicando sus datos y trayectorias al detalle en internet.

Curiosamente, casi todos los países occidentales no han dudado en sacrificar sus economías para salvar vidas pero casi ninguno lo ha hecho todavía con las libertades individuales y la privacidad.

Tampoco han salido bien parados los populismos, donde figuras como Donald Trump o Jair Bolsonaro han quedado retratados ante su incapacidad de afrontar una crisis con la seriedad que requiere la situación. Ciertamente, el coronavirus ha pillado desprevenidos a muchos dirigentes de muchos países y de ideologías diferentes, pero a día de hoy son los populistas los únicos que siguen sin una hoja de ruta sobre qué hacer para frenar al virus y continúan menospreciándolo.

Ganador: Oriente versus Occidente

Si nos fijamos en cómo está evolucionando la pandemia en multitud de países, parece haber dos grupos: los orientales, donde los casos suben de manera contenida y de forma lenta, y los occidentales, donde tanto las muertes como los contagios están disparados. El patrón es demasiado claro y demuestra las diferencias culturales pueden llegar a ser más profundas de lo que parece.

El uso más extendido de mascarillas antes de la crisis, el respeto más escrupuloso por las medidas propuestas por sus Gobiernos, o un sentido de comunidad que antepone más el interés común frente al individual en casos excepciones pueden ser algunas de las explicaciones.

Sea como fuere, parece ya claro que oriente será capaz de salir antes de esta crisis y con menos daños colaterales, tanto en víctimas mortales como económicos.

Perdedor: los Estados federales

Hasta ahora, los Gobiernos descentralizados se nos habían vendido como uno de los grandes logros de nuestras democracias. Competencias descentralizadas que, en teoría, mejoraban la eficiencia de los Gobiernos pese a la multitud de puestos duplicados o descoordinación que podrían llegar a generar.

Y, en esta crisis, se está viendo el colapso de estos Gobiernos descentralizados. Lo estamos viendo en Estados Unidos, donde cada Estado toma unas medidas de cuarentena distintas y a muchos ciudadanos les basta con coger el coche 15 minutos para disfrutar de la playa mientras la que tienen a las puertas están cerradas. O cómo los Estados están pujando entre ellos por ver quién paga más para conseguir nuevos respiradores, aumentando artificialmente el precio de los aparatos en medio de una escasez mundial.

En España, la cosa no está mucho mejor. El estado de alarma centralizaba, en teoría, todas las competencias de Sanidad en el Gobierno central. Pero se ha visto que el Ministerio no estaba preparado para asumirlas, y las distintas Comunidades Autonómas han seguido comprando por su cuenta material sanitario o de protección. Esto en medio de tests fallidos, estafas y aviones sospechosamente desaparecidos con material. Mientras, la Comunidad de Madrid realiza una app para seguir el coronavirus con unos empresarios que no pueden utilizar en otras Comunidades a la vez que el Estado prepara otra con otro grupo. El doble de trabajo para un resultado incierto.

Ganador: la tecnología

Prever una pandemia como esta se ha demostrado casi imposible. Y, ante un crecimiento exponencial de los casos y las hospitalizaciones, invertir el doble en Sanidad apenas hubiera retrasado el colapso unos días. Sin embargo, si hay algo que se ha visto eficaz contra el coronavirus ha sido la tecnología. Al final, han ganado los países que, independientemente de su gasto en Sanidad, han sabido compaginarlo con un uso inteligente de la tecnología.

Porque España puede presumir de "tener una de las mejores sanidades del mundo" pero la mayoría de nuestros profesionales no tienen ni los medios ni las aptitudes para usar material tecnológico. Presumimos de una de las mejores sanidades del mundo cuando la receta electrónica se ha implementado en todo el país hace quince días y pese a todo los farmacéuticos siguen teniendo que recortar con cuter los códigos de barras y pegarlos con celo en una hoja. Donde muchos centros de salud aún son incapaces de dar citas online y las siguen apuntando en papelitos u hospitales donde vas a pedir cita con el especialista y si la agenda aún no está abierta te la mandan meses después ¡a casa por carta!

Basta con comparar la web que ha creado el Ministerio de Sanidad para seguir la crisis del coronavirus y la que han montado en Corea del Sur para quedar como un país tercermundista. En 2020, de nada sirve invertir en Sanidad si ésta no se acompaña de la tecnología adecuada. Porque al coronavirus se le puede contener con esa tecnología antes de tener que recurrir a los hospitales, como se ha podido ver en China, Japón, Corea del Sur o Singapur.

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