Qué ha hecho bien y qué ha hecho mal Alemania con los refugiados

Qué ha hecho bien y qué ha hecho mal Alemania con los refugiados

Más de un millón de refugiados accedieron a Alemania en 2015 pero la tensión social se encuentra en un punto creciente, sobre todo tras los ataques de julio. ¿Es oro todo lo que reluce en las políticas alemanas de refugiados?

Política Raúl Araque Berjano Raúl Araque Berjano 01 Agosto 2016 16:32

Más de un millón de refugiados (1,1 millones, para ser más precisos) fueron registrados en Alemania en 2015, lo cual supone un auténtico récord, sobre todo cuando lo comparamos con los avergonzantes datos de España. La mayoría, evidentemente, eran de origen sirio, en el cuarto año desde el comienzo del conflicto en su país, y, aunque muchos tomaron Alemania como mero país de paso, otros tantos decidieron buscar bajo el cobijo de la mayor economía europea una oportunidad para comenzar su segunda vida, tras ver la primera sepultada bajo los escombros que las bombas dejaban tras de sí.

Casi como un tributo a quienes no han tenido una segunda oportunidad, sirios, afganos o iraquíes se afanan en luchar en Europa por dejar de sobrevivir y, al fin, volver a vivir. Y en esta lucha han encontrado, sobre todo, la espalda del viejo continente. El desprecio y los golpes, la indiferencia, las vallas y el racismo. Los muros metafóricos (los construidos por la intolerancia social) y los muros físicos (construidos por la intolerancia institucional). Algunos, también, han recibido sonrisas y abrazos, algunos han visto cómo se derribaban los muros y cómo Refugees Welcome se volvía viral en toda Europa. Alemania ha sabido sobresalir con sus políticas de fronteras abiertas pero a la vez se han disparado en su interior el racismo, la alarma social y los cruces de acusaciones, todo ello agravado tras los ataques de los últimos días, varios de ellos reivindicados por el Estado Islámico. Analicemos brevemente las luces y las sombras de Alemania en materia de refugiados.

Luces Una gran acogida bajo la presión xenófoba

El propio número de refugiados acogidos por Alemania es una luz de la cual el gobierno, con razón, saca pecho. Con razón, no porque sea un acto de extrema generosidad o porque los refugiados hayan de agradecerles nada. A fin de cuentas, solo han dejado que aquellos que huyen del horror puedan pisar suelo seguro, por lo que acaban por convertirse en héroes por mera inacción del resto.

Una refugiada afgana recibe un diploma en Berlín por completar un curso de alemán "Una refugiada afgana recibe un diploma en Berlín por completar un curso de alemán"

Es preciso valorar la determinación de una Angela Merkel muy presionada desde los sectores más conservadores de su partido -recordemos que Merkel representa a la derecha alemana- y cuya valoración ha caído, en cierta parte, debido a este compromiso para con los refugiados. Aún más valiente es este compromiso viendo cómo el AfD, partido ultraderechista alemán, no para de crecer en apoyos criticando estas medidas y con un programa profundamente xenófobo, comiendo al CDU parte del electorado de derechas por el que ambos compiten. A día de hoy, el AfD doblaría, según las últimas encuestas, sus resultados de 2013, al mismo tiempo que el CDU perdería 6 puntos. El discurso racista, viendo el escenario y el auge de partidos como el UKIP o el Front National, y de líderes como Trump, es muy jugoso para la derecha. Más aún tras los últimos crímenes ocurridos en Francia o la propia Alemania (Baviera), sobre los que Merkel ha declarado que no modificará su política de asilo, diciendo que Alemania superará la "prueba histórica" que tiene frente a sí.

El discurso racista, viendo el escenario y el auge de partidos como el UKIP o el Front National, y de líderes como Trump, es muy jugoso

Por otro lado, ha declarado que los terroristas yihadistas que llegaron a su país como refugiados se "burlaron" de los propios refugiados, compatriotas suyas, y que su guerra "no es contra el islam", ya que no se tiene que actuar desde el miedo. Queda por ver si una derecha valiente y contundente contra la xenofobia es suficiente para bloquear el ascenso de los discursos populistas de la ultraderecha nacionalista y racista que comienza a trufar los parlamentos europeos. Por ahora, Angela Merkel parece estar haciendo los deberes y no ha dejado espacio para la duda: Alemania no es sitio para los racistas.

Al mismo tiempo, se han aprobado medidas para la integración de los llegados, como un aumento de los cursos de alemán para eliminar la barrera del idioma, si bien su éxito es cuestionable por la incapacidad para ofrecer cobertura a todos los refugiados. Otra medida, destinada a evitar la formación de guetos, reserva al país el derecho a redistribuir a las familias a lo largo de todo el territorio, algo que tampoco ha sido bien recibido porque las mayores posibilidades de integración se concentran en las ciudades.

Sombras El negocio de los -no tantos- refugiados

Tras esto, nos queda preguntarnos: ¿Es acaso el gobierno alemán el más caritativo de toda Europa? Pues bien, la realidad no nos invita a pensar en ello. O, al menos, no en que la caridad cristiana (o cristianademócrata, dado el signo político del partido en el gobierno) o el altruismo sea lo único que explica este recibimiento masivo de solicitantes de asilo.

El Ministro de Interior visita un centro de formación de inmigrantes en Berlín "El Ministro de Interior visita un centro de formación de inmigrantes en Berlín"

Y es que, si bien muchos ciudadanos alemanes están mostrando un altruismo envidiable, como aquel pueblo que enarboló el 'bienvenidos refugiados' en una calurosa bienvenida que emocionó a los exiliados sirios y al mundo entero tras hacerse viral, no faltan quienes ven tras el velo de la desgracia una oportunidad de hacer negocio; entre ellos, el gobierno alemán. Porque en el arte de importar mano de obra barata, los germanos son unos virtuosos. En España, sin ir más lejos, tenemos la certeza de ello, pues mucho de nuestro talento -tanto cualificado como no cualificado- ha sido exportado al país de Merkel, en donde muchos cobran menos que un ciudadano alemán, pero mucho más que lo que cobrarían -o cobraban- en España.

No faltan quienes ven tras el velo de la desgracia una oportunidad de hacer negocio

En el caso de los refugiados, y dada la peculiaridad de esta coyuntura, Alemania ha decidido sacar aún mayor provecho de una situación extremadamente sensible, ajustando al límite la figura del minijob, contrato precario made in Germany: los exiliados sirios están trabajando, desde finales del pasado año, por un euro la hora. Lejos de ser una maniobra ideada por el tejido empresarial alemán, fue el propio gobierno quien se jactó de que crearía, ni más ni menos, que 100.000 puestos de trabajo de este estilo, a caballo entre un empleo y una situación de esclavismo. "En el corto plazo, es una medida juiciosa ya que de otra manera los refugiados no tendrían ninguna oportunidad de trabajar", defendió un reconocido economista. Si van a matarme, prefiero que me corten una pierna, pareció decir.

La vida de los refugiados en pabellones deportivos "La vida de los refugiados en pabellones deportivos"

El CDU ha ido más allá, proponiendo la eliminación del salario mínimo para los refugiados, es decir, legalizando lo que ya se lleva a cabo y creando, de facto, seres humanos de primera y seres humanos de segunda (estos últimos, sin apenas regulación laboral). Un paso atrás de, literalmente, siglos. Y un retroceso que los empresarios alemanes han sabido exprimir al alquilar 'centros de cuidado' al gobierno de Merkel. Centros que, según informa la BBC, hacinan a unas 300 personas en salas inflables del tamaño de una piscina olímpica. El mismo medio cita el caso de un empresario alemán que prevé ganar en dos años 40 millones de dólares. Un negocio, sin duda, redondo.

El millón de refugiados que citábamos al comienzo es una cifra engañosa si no se analiza bien

Además, el millón de refugiados que citábamos al comienzo es una cifra engañosa si no se analiza bien y no puede utilizarse con la brocha gorda, ya que tan solo indica el número de exiliados que han pisado tierras alemanas. Muchos de ellos, como indicamos anteriormente, usaron Alemania como país de paso. Otros, simplemente fueron fichados dos veces, ya que el antiguo método de registro de refugiados causaba estas duplicidades. En cuanto a lo primero, es preciso especificar que menos de la mitad de ese millón de refugiados ha solicitado asilo en el país germano (476.649, concretamente). De estos, apenas un 49,80% fueron aceptados. En cuanto a la segunda cuestión,la utilización de Alemania como país de paso o los registros duplicados explicarían la "desaparición" de hasta 130.000 refugiados, como admitió el Ministro de Interior alemán ante una pregunta del grupo Die Linke (La Izquierda), así como el "paso a la clandestinidad" de otros tantos.

Manifestación contra la aceptación de refugiados en Berlín "Manifestación contra la aceptación de refugiados en Berlín"

Por último, y aunque hemos citado la buena disposición de muchos ciudadanos alemanes para con los refugiados, no es menos cierto que comienzan a ser una minoría, reduciéndose cada día que pasa, al tiempo que la situación se agrava. Si entre 2013 y 2014 un 39,5% de los alemanes estaba a favor de una política de puertas abiertas, la cifra se ha visto reducida entre 2015 y 2016 al 32,3%. Además, casi la mitad de ellos (un 49,1%) reconoce que temen el incremento del terrorismo en el país cuantos más refugiados se acepten y, aunque aún son minoría, no puede obviarse al 36,6% que opina que los refugiados ponen en peligro el futuro de Alemania. Cierto es, eso sí, que casi dos tercios de los encuestados admitían que les daba igual tener a un refugiado en su barrio y cerca de tres cuartas partes reconocían que los refugiados tenían derecho a un futuro mejor, también en Alemania.

Todos estos datos, fruto de unas encuestas realizadas por la web germana Wahlumfrage y la Universidad de Bielefield en colaboración con la Fundación Mercator son tremendamente volubles y corren el riesgo de evolucionar en un sentido negativo. De hecho, la misma fuente, en una encuesta del 9 de julio, augura que el partido xenófobo AfD superará el 11% de los votos, lejos de aquel 9,3% que las últimas encuestas pronostican, haciendo perder al CDU hasta 8 puntos.

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