El Protocolo de Kioto: el negocio del medio ambiente

El Protocolo de Kioto: el negocio del medio ambiente

Mientras que las temperaturas globales y los gases con efecto invernadero no paran de aumentar, los acuerdos firmados en materia de Medio Ambiente dejan muchos huecos que impiden una reducción significativa del problema.

Economía Lola L. Muñoz Lola L. Muñoz 10 Octubre 2016 09:20

El Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA informaba hace unos meses de que julio de 2016 había obtenido un dudoso honor: el de convertirse en el mes más caluroso del que se tienen registros. Muchas son las consecuencias que poco a poco se van desprendiendo del calentamiento global, un efecto provocado por la actividad humana en el planeta. Y es que a pesar de los diversos acuerdos que pretenden disminuir las emisiones de gases, lo cierto es que entre 2000 y 2010 han aumentado a nivel global en un 24%.

Las temperaturas globales y la emisión mundial de gases continúan aumentando "Las temperaturas globales y la emisión mundial de gases continúan aumentando"

A pesar de que el cambio climático y el calentamiento global son fenómenos ampliamente aceptados por la comunidad científica, los diferentes países no logran ponerse de acuerdo sobre las medidas que deben tomar para revertir los efectos catastróficos que pueden traer consigo. El Protocolo de Kioto, firmado en 1997, tenía como objetivo marcar una serie de pautas para revertir estos efectos. Sin embargo, a lo largo de estos años el Protocolo no se ha bastado para frenar la cantidad de gases que se emiten a la atmósfera, ni tampoco para evitar que la temperatura mundial siga aumentando.

El protocolo excluye a los países que más gases emiten

Los líderes mundiales se reunieron el año pasado en la Cumbre del Clima en París "Los líderes mundiales se reunieron el año pasado en la Cumbre del Clima en París"

El próximo mes de diciembre se cumplen 19 años desde que se firmara en Japón el Protocolo de Kioto, unos acuerdos que pretenden fijar unas metas concretas de reducción de gases que tenían que llevar a cabo los países desarrollados. El Protocolo, que entró en vigor en 2005, tenía como objetivo que las emisiones de los seis gases principales que causan el efecto invernadero disminuyesen en, al menos, un 5%.

El principal problema de estos acuerdos es que deja fuera de él a dos países considerados en vías de desarrollo que emiten una gran cantidad de gases: India y China. Por otro lado, el país más contaminante del mundo, Estados Unidos, tampoco está incluido en este Protocolo, puesto que tras firmarlo se rechazó su ratificación.  

Tras diez años de aplicación los 37 países firmantes han visto reducida sus emisiones en un 22%, bastante más del 5% pactado. Aun así, lo cierto es que al no contar con las principales potencias, las emisiones globales han seguido aumentando en un 24%.

El Mecanismo para un Desarrollo Limpio, un sistema controvertido

El Protocolo de Kioto, por otro lado, se basa en tres instrumentos que faciliten la disminución de los gases que se emiten a la atmósfera. Uno de esos instrumentos, el Mecanismo para un Desarrollo Limpio, se concibió como una forma de que los países en vías de desarrollo participasen en la disminución de gases.

Estos acuerdos obligan a los países industrializados a reducir cuantitativamente sus emisiones de aquellos gases que producen efecto invernadero, pero se permite que estas cifras se alcancen de varias formas. Por ejemplo, se pueden reducir las emisiones de gases a través del cambio tecnológico o de un cambio en el sistema productivo, pero también se pueden financiar proyectos de reducción de gases en zonas en vías de desarrollo.

La idea es que una empresa procedente de un país desarrollado pueda invertir en un país en vías de desarrollo en proyectos que reduzcan las emisiones de gases. Así, se comparan las emisiones de gases que habría habido sin el proyecto y las que ha habido después de ponerlo en marcha. De esta forma las cuotas extra las obtienen las empresas que han invertido en ese proyecto.

A partir de aquí, la empresa puede cubrir sus cuotas de emisión o vender el excedente de "derecho de emisión de gases" en el mercado secundario, a través de lo que se conocen como créditos de carbono.

Cartel anunciando una de las conferencias de la Cumbre de París "Cartel anunciando una de las conferencias de la Cumbre de París"

En teoría, este mecanismo pretende reducir las emisiones de gases emitidas a la atmósfera sin perjudicar el desarrollo económico. Mediante el desarrollo de este tipo de proyectos se incentiva a las empresas a invertir en economía limpia al tiempo que se limita la cantidad de gases que se pueden emitir.

A pesar de esto, el mecanismo tiene varios problemas. Por un lado, las empresas tienden a inflar las cifras de gases que se habrían emitido sin el proyecto que han puesto en marcha, de forma que ganan un mayor margen de maniobra para emitir gases en otras actividades.

Por otro lado, la destrucción de los distintos gases que provocan el efecto invernadero tiene un coste muy diferente. Así, una empresa puede iniciar un proyecto para destruir una tonelada de un tipo de gas, para obtener más tarde un permiso para emitir una tonelada de otro tipo de gas diferente. Sin embargo, puede ser que el primer tipo de gas sea mucho más barato de destruir que el segundo, con lo que se estaría obteniendo un claro beneficio económico y un perjuicio medioambiental.

Los créditos de carbono, o cómo especular con gases

El protocolo permite a las empresas especular con las emisiones de gases "El protocolo permite a las empresas especular con las emisiones de gases"

Otro de los instrumentos más criticados son los créditos de carbono o CER, por sus siglas en inglés. Estos bonos permiten a su poseedor, siempre procedente de un país desarrollado, el derecho a emitir una tonelada de CO2. Dado que estos títulos implican que un proyecto ha logrado reducir la emisión de gases en una tonelada, la misma empresa u otra distinta a la que le hayan vendido el título puede emitir la misma cantidad de gas.

Como cualquier otro producto, estos bonos se pueden vender en el mercado secundario. Es decir, cuando una empresa inicia un proyecto en un país en vías de desarrollo, y demuestra que gracias a ese proyecto se han dejado de emitir una cantidad de gases de efecto invernadero, obtiene el derecho a emitir esa cantidad de gases. Sin embargo, en lugar de utilizarlo puede convertirlo en créditos que se vendan a otras empresas, que a su vez pueden venderlos a otras.

Los críticos de este sistema afirman que estos mecanismos son insuficientes para hacer que las temperaturas bajen a niveles aceptables para el medio ambiente, pero la preocupación por no desacelerar la economía impide tomar medidas más contundentes contra las emisiones. Y mientras tanto, las temperaturas siguen subiendo.

Comentarios