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Pánico en Madrid con una guardia civil disfrazada y su fusil de juguete

Una mujer vestida de terrorista, portando un arma y realizando maniobras en Plaza de España siembra el pánico entre los viandantes. Se trataba de una guardia civil que tenía que "perder la vergüenza".

Que las autoridades españolas se dediquen a alimentar la paranoia y el miedo al terrorismo con un fusil de juguete es lo que nos quedaba por ver en nuestro surrealista país. No ha sido una idea de bombero sino de guardia civil, quienes decidieron poner en práctica unas maniobras "para perder la vergüenza" en pleno centro de Madrid sin considerar que en España está decretada en este momento una alarma terrorista de nivel 4.

Todo ocurrió el pasado 31 de marzo a las 9:30 horas. Una mujer armada vestida con un pantalón de camuflaje, sudadera negra y un pañuelo rosa envuelto en la cabeza llamaba la atención de los viadantes de Plaza de España, que observaban, con una mezcla de estupor y temor, cómo reptaba por el suelo y se desplazaba como si fueran unas maniobras militares. En Twitter, los usuarios compartían imágenes y mostraban su indignación sobre la mujer, a la que describen como "una loca de Rambo":

Los ciudadanos que asistieron a semejante espectáculo alertaron rápidamente a la Policía Municipal, que se desplazó hasta la popular plaza madrileña, tal y como muestran las imágenes. Allí dieron el alto a la mujer y le interrogaron, pese a que se resistía a explicar qué estaba haciendo. Así pues, en un primer momento les explicó que pertenecía a un grupo de teatro y les entregó su arma que, como pudieron comprobar, era de juguete.

Los agentes, poco convencidos, siguieron insistiendo en interrogarla hasta que ella confesó que era una guardia civil realizando unos ejercicios de entrenamiento. Para completar lo surrealista de la escena, reveló que no se encontraba sola, sino que dos compañeros formaban también parte de la práctica. Estos compañeros se encontraban también en la plaza, disfrazados de bailarinas asiáticas, según informa Voz Pópuli.

Con un estado de estupefacción comprensible, los policías hicieron llamar al capitán y supervisor del "ejercicio táctico", que se encontraba oculto en los alrededores. El capitán quiso restar importancia explicando que era una práctica de "pérdida de la vergüenza" habitual en el entrenamiento de los guardias. El argumento no debió convencer a los policías ni justificar el hecho de que no hubiesen notificado el ejercicio en el Ayuntamiento de Madrid, por lo que, oh sorpresa, se acabó presentando una minuta en comisaría.

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