Denuncias a un centro de acogida: 'Te voy a poner un trapo en el culo a ver si te sale la caca por la boca'

Denuncias a un centro de acogida: 'Te voy a poner un trapo en el culo a ver si te sale la caca por la boca'

Los menores de un centro de acogida concertado con la Xunta de Galicia han relatado en una sesión pericial los malos tratos que sufren por parte de sus cuidadores.

Noticias María Pérez García María Pérez García 28 Octubre 2016 11:23

Un niño amordazado y atado a una silla. Esta escena podría ser la descripción de un secuestro o la escena de una película de terror. Sin embargo nada más lejos de la realidad, es un hecho descrito por uno de los niños de la Fundación Casa de Caridad de Vigo-Hogar de San José, un centro de menores concertado de la Xunta de Galicia, donde se encuentran actualmente unos treina niños y adolestences en situación de  riesgo de exclusión social y abandono. 

La escena arriba expuesta es parte del relato de Jose Ángel en una sesión pericial con un psicólogo, que ha evaluado el estado de los niños del centro. "Cuando yo tenía seis o siete años había un niño llamado Adolfo, era activo, inquieto... Era un niño normal. No lo hacía aposta. Y recuerdo que más de una vez una monja cogía una cuerda de la comba y lo ataba a la silla. Y Adolfo decía no sé qué y la monja le decía ¡Cállate!. Y Adolfo no se callaba. Y para que se callara, le ponía el trapo en la boca. Y estaba así, con el trapo en la boca y atado a la silla".

"Lo peor de todo es que es un trapo usado (...), de limpiar las mesas o de limpiar algún mueble" continúa Elisa, otra de las menores del centro. "Y después lo cogen entre dos, o tres, o cuatro, según la persona que sea, y lo encierran en el cuarto del saco y le cierran las puertas". La pequeña acaba de sacar a coalición un elemento que llama la atención el psicólogo, "¿El cuarto del saco?" pregunta. Los niños describen esta sala como un sótano sin luz, donde se encuentra un saco de boxeo en el que los niños deben descargar su ira y sus frustraciones. Sin embargo, la sala da demasiado miedo a los niños, que se quedan completamente inmovilizados, atemorizados, esperando a que les abran las puertas. 

Uno de los adolescentes partícipe en las sesiones consiguió grabar el cuarto del saco. En el vídeo se puede apreciar, entre la oscuridad, las cadenas que sujetan el saco al techo. Además el joven afirma que en la sala se pueden ver señales de golpes y arazaños en las puertas, que se cierran con llaves. 

Abusos físicos y suministro de medicamentos sin preescripción

Los relatos de malos tratos no acaban aquí. Sebastían de 11 años, Esteban de 13 y Arturo de 9 hablan de los abusos sufridos por Manuela, una niña de 7 años. Cuando quieren reprender a la pequeña, una religiosa la coloca boca abajo en el suelo y le cruza los brazos por la espalda, para después estiralos hacia arriba, lo que genera un gran dolor. Cuando se les pregunta a los pequeños quien es la autora de ese castigo todos contestan al unísono que es la misma persona de la que hablaba Jose Ángel en referencia a los castigos en la silla. 

Los relatos de los menores se corresponden con sesiones psicológicas "Los relatos de los menores se corresponden con sesiones psicológicas"

Los pequeños continúan con relatos de violencia verbal y física, hasta que uno de los adolescentes habla de que se administran medicamentos sin preescripción médica: "Mis dos hermanos son hiperactivos, y es normal. Estás viviendo una situación que tus padres se divorcian, se pelean, sufres malos tratos... Claramente vas a tener algún síntoma. Y lo que hace no es atarlos a la silla, sino que van a un sitio y les compras medicamentos. Y eso no puede ser normal. A mi hermano eso le está haciendo tener tics muy malos" relata el pequeño, que no duda en imitar los tics con gestos, abriendo la boca y dejando el labio inferior caido. "Y se queda así, con la boca abierta, porque no la puede cerrar". 

Una lucha de ocho años

Las sopechesas sobre posibles malos tratos en el centro despertaron hace ocho años, cuando uno de los padres comenzó a ver comportamientos raros en sus hijos, que acudían de día al centro. Comenzó entonces una carrera para averiguar que estaba ocurriendo sin que nadie le ayudara. Acudió a la Xunta, a la Fiscalía, a los juzgados, al defensor del Pueblo, incluso a la Casa Real, pero nada, todo eran puertas vacías. 

El juzgado de Instrucción número Seis de Pontevedra sobreseyó el caso, pues consideró "improcedente" una exploración pericial de los menores. Fue entonces cuando solicitó ayuda de un psicólogo para comprobar si los relatos de sus hijos eran ciertos.

Después de ocho años de lucha, seis menores del centro han realizado sesiones con un psicólogo y un perito judicial para denunciar el trato que se les propina en el centro. El informe del perito concluye: 

Por el lenguaje utilizado, por la coincidenda en términos de adultos y de emoción, la mayoría de los conceptos vertidos por los niños tienen credibilidad

La Consellería de Política Social de la Xunta ha admitido que ha activado el protocolo establecido para estos casos al recibir el informe pericial. Por su parte, la directora del centro, María Ángeles Oviedo, afirma que no tiene constancia de los hechos y remite a la Xunta para cualquier tipo de pregunta, asegurando que "no tiene nada que confirmar ni nada que desmentir". 

Los abusos han derivado en traumas

Por su parte se espera que el caso se esclarezca cuanto antes, porque este tipo de situaciones puede estar generando traumas en los menores, a causa de lo vivido. José Ángel cuenta como su experiencia ya ha hecho mella en él:

"Yo entré en el centro en 2005. De pequeño tenía un problema, no aguantaba mis necesitdades y me cagaba en los pantalones cuando tenía cinco años. En vez de ayudarme, me insultaban: 'Eres un cerdo', me metían en el baño y me decían: 'Te voy a poner un tapón en el culo a ver si te sale la caca por la boca' y cosas así (...) Ahora, cuando quiero hacer pis a mi edad, a lo mejor voy quince veces al baño. Voy como si fuera con unas ganas muy grandes, y al final lo que orino es muy poco" sentencia. 

Estos relatos están fundamentados en las entrevistas de los menores con el psicólogo y el perito judicial, a las que ha tenido acceso el diaro Público. Por su parte, los nombres de los menores han sido modificados para preservar su identad y posibles represalias del centro. 

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