Las 7 claves por las que el sistema educativo de Finlandia es el mejor de toda Europa

Las 7 claves por las que el sistema educativo de Finlandia es el mejor de toda Europa

El sistema educativo en Finlandia cuenta un índice de éxito inmejorable en Europa; además, sus alumnos son los más felices y todo ello con una menor inversión económica. ¿Cómo es posible?

Vida Sergio C. González Sergio C. González 05 Mayo 2016 17:01

Hay algo que falla en el sistema educativo español, y la LOMCE es quizá una de las palabras que más dolores de cabeza está generando en miles de docentes de toda España, quienes tanto en primaria como en secundaria no consiguen entender por qué en 35 años de Democracia hemos tenido ya siete Leyes educativas... y con una octava que parece ser ya un hecho.

Pero hoy nos vamos a fijar en Finlandia. Un buen maestro siempre recomendará que echemos un vistazo a aquellos que hacen las cosas bien, aquellos que logran resultados haciendo aparentemente lo mismo. Pero no, para nada hacen lo mismo. Según el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) en su última edición, se trata del país europeo con mejor calificación media por alumno, solamente superado por potencias como Corea o Japón. La República de Finlandia cuenta con solamente 5,5 millones de habitantes, pero sin embargo ello no les impide saber hasta 5 idiomas cuando cumplen la mayoría de edad (finlandés, sueco, sami -casi extinguido-, romani kalo-finés e inglés); así como tampoco disfrutar de una de las mejores garantías a la hora de terminar los estudios: un total del 69% de las personas encuentran trabajo remunerado cuando terminan sus estudios superiores.

Un cole de Finlandia al uso "Un cole de Finlandia al uso"

Así pues, si estás dispuesto a soportar 7 meses de duro invierno y deseas respirar uno de los aires más limpios del planeta, te recomendamos que le des una oportunidad a este país del noreste europeo. Nosotros, mientras tanto, vamos a ver cuáles son las 7 claves del sistema educativo finlandés y por qué le da un buen repaso al nuestro. ¿Debemos fijarnos? Bien, creo que cuando leáis estos 7 puntos os daréis cuenta de que es mucho más difícil, ya que deberíamos empezar por cambiar la sociedad de arriba a abajo.

1 El profesor, un profesional valorado

En Finlandia valoran más la figura del profesor

Si en España dices que eres profesor se van a reír de ti en muchos casos porque, claro, te tiras de vacaciones tantos meses que casi no te das cuenta si quiera de los problemas del resto de mortales. Quizá deberíamos empezar por cambiar esa consideración -irreal, por cierto- de la figura del maestro, quien está aproximadamente 40 horas a la semana con nuestros hijos e hijas.

En Finlandia la profesión de la enseñanza está considerada como una de las más prestigiosas que nos podamos echar a la cara; es equiparable a la labor de un médico y es una titulación difícil, ardua, que hace gala de la vocación real de las personas y no cuenta con nadie que no esté dispuesto a realizar esa labor hasta que la edad diga basta. Para ser profesor no solamente hace falta aprobar exámenes y entrar en una lista de espera tan larga como la carta de un restaurante chino, sino que también necesitamos salir airosos de entrevistas donde cualificarán nuestra personalidad y capacidades reales para enfrentarnos a una clase de unos 14 alumnos. Aquí entra en juego otro aspecto que también podríamos considerar clave. ¿Qué es eso de clases con 35 alumnos? Si le tenemos que dedicar un solo minuto a cada uno de ellos en clases de 60 minutos... a mí no me salen las cuentas.

2 Educación gratis para todos

Educación gratuita y de calidad

Educar es fundamental y aprender es un derecho. Por lo tanto, pagar por ello se considera algo incompatible en Finlandia. Es una cuestión en la que toda la población coincide: la educación debe ser gratuita y pública, de modo que todo niño sin importar su situación económica o social debe recibir el mismo tipo de educación; allí es de calidad, no hace falta ponerse a buscar por la red aquella escuela con las mejores instalaciones y los mejores uniformes. Todo eso son puntos secundarios.

En el país nórdico está establecido que la educación sea obligatoria desde los 7 hasta los 16 años. Sí, hasta esa edad no hay obligación para ir a la escuela, lo cual implica que se empiece a desarrollar la competencia lectora y se desarrollen otras habilidades conceptuales, actitudinales y procedimentales cuando aquí en España sería ya un retraso insalvable. Pero sin embargo ellos meten la quinta marcha y cuando cumplen 16 años saben muchísimo más que los alumnos españoles habiendo ido a clase mucho menos. Tremendo.

Ah, por cierto, eso de pagar por el material escolar es también incompatible. Cuando vas al médico no tienes que llevarte de casa las jeringuillas; en el colegio tampoco has de llevar cuadernos y bolígrafos porque allí estará todo a tu disposición. Absténganse dueños de papelerías de viajar a Finlandia para montar un negocio.

3 Nada de exámenes hasta los 11 años

Los puntos fuertes de la educación en Finlandia

Ay, los exámenes. En el colegio donde he realizado las prácticas para docente de educación primaria teníamos exámenes todas las semanas: las impares de lengua y las pares de matemáticas. Todo ello sin contar el resto de asignaturas. Puede que con usar el eufemismo de 'controles' parezca que es menos, pero a mí no se me quita de la cabeza ese temblor de piernas de los más expresivos por saber si han conseguido que el número estampado en el papel de la última prueba será mejor en esta ocasión. Tienen las cifras en mente desde los... ¿8 años? No sé, a mí no me termina de convencer.

En territorio finés los niños y niñas no sabrán empíricamente qué es un examen hasta que cumplan 11 años, es decir, el quinto curso de la educación primaria. Solamente entonces, cuando han alcanzado una madurez y abstracción conceptual suficiente como para ser examinados, serán examinados. Mientras tanto toca aprender, porque no se nos puede olvidar que los discentes son en realidad esponjas que absorben todo lo que digamos y hagamos.

4 Se premia el emprendimiento con un modelo personalizado

Cada alumno tiene su ritmo

Las máquinas son para las empresas. Un niño te dice 'hola' cuando entra a clase porque quiere que tú le digas 'hola', sino se mostraría en sus rostros una manzana mordida o algo parecido. Esa concepción de que no todos son iguales, que cada uno lleva y necesita un ritmo, es la principal característica que hace que el modelo finlandés esté en la cima de lo que nos rodea. Es normal que cuando un profesor comienza con su clase de 1º la mantenga hasta 6º, de forma que será él/ella quien vea completamente el progreso de ese reducido grupo y habrá podido ver cómo han evolucionado sus pequeños a lo largo de esos 6 años. Se desarrolla una relación afectiva real y se premia la capacidad de conocerse a sí mismo, que emprendan con sus ideas y la imaginación sea palpable en todas sus actividades.

Abundan los talleres de tecnología y cultura, las actividades donde se tengan que levantar de la silla y tengan que hacer de forma autónoma acciones que les haga sacar de sí todo su potencial creativo. Al ser una educación personalizada, cada criatura tendrá diferentes tareas para realizar, pues al fin y al cabo de eso se trata, que cada cual aprenda a su ritmo pero que termine llegando a la misma meta que el resto.

5 Los padres y su interés

Profesores y padres, unidos en la misma causa

Papás, mamás, profesores. No hablamos de perros y gatos, pero a veces da esa sensación. En España adoptamos una posición en ocasiones victimista y preocupada, como si el profesor estuviese con un látigo y solo quiera que los alumnos estén constantemente trabajando para que él o ella, sentado en su cómoda silla, lea el periódico de turno y bebe un café calentito. Si esto llegase a pasar deberíamos tomar cartas en el asunto, pero me temo que no es así.

Para que haya educación hace falta que en casa se refuerce esa tarea de aprendizaje, porque educar no es solamente hacer que esos seres sonrientes y llenos de energía memoricen decenas de ríos y sepan cómo se dicen en inglés los huesos esfenoides o cigomático; educar lleva consigo también valores que van desde el mero hecho de respetar el mundo que les rodea o tener modales en la mesa. Hacer del mundo un lugar un poquito mejor, vaya. Lo primero es ser buenas personas, lo de máquinas memorizadoras es algo que nos hacen creer a la fuerza, pero creo que es algo fehacientemente inútil.

En el país que hoy tomamos como ejemplo los padres se preocupan porque se vaya al teatro casi cada semana, que se fomente la cultura y en casa los libros sean el objeto más repetido del hogar. Pero claro, la culpa de que allí sea todo tan de color de rosa se debe a las ayudas sociales y el empeño de las entidades políticas porque se incentiven ese tipo de actividades. En Finlandia hay muchas más facilidades para tener tiempo libre que dedicar a los hijos. Digamos que el camino allí no es tan encuestado como en España en pleno 2016. En cualquier caso, lo que no se puede dudar es que en los padres y tutores de esa nación hay un interés que aquí suele ser poco común.

6 Con tiempo para todo; cero agobios

Aprender con relajación

Dicen en las reuniones de padres españolas que sus vástagos no tienen tiempo para jugar. Llevan razón. La 'jornada laboral' a la que están sometidos desde que empiezan a ir a la escuela no es medianamente normal; no conformes con salir del colegio en ocasiones hasta pasadas las cinco de la tarde, a veces tienes que hacer también tareas o estudiar para algún examen. ¿Cuándo juegan al baloncesto o acuden a sus clases de teatro? Normal que luego lleguen agotados a casa y los viernes por la tarde tengan los nervios a flor de piel; todo eso no favorece en la relación entre el progenitor y el retoño.

Si vamos a cualquier colegio de Finlandia veremos pequeños seres de un metro de altura saltando y corriendo cada hora, porque entre cada una de las 4 clases (sí, solo 4) que tienen al día cuentan con un descanso de un cuarto de hora. Hay que tomar el aire, no les gusta que siendo tan pequeños estén tanto tiempo sentados mientras alguien les dice cosas constantemente. El profesor tiene la tarea de llevar la clase planificada y tendrá tiempo en la escuela para hacerlo. Además, la labor del docente será siempre investigativa, de forma que un maestro con 40 años debe tener una preparación y experiencia mucho mayor que uno de 30 años por una mera cuestión de compromiso profesional. Es además curioso que, impartiendo tan solo una media de 4 clases diarias, de tiempo a hacerlo todo sin mandar deberes para casa... y los resultados digan que son los mejores del Viejo Continente. A casa se va a descansar.

7 Reparto del dinero público ordenado y equitativo

En Finlandia gastan menos dinero por alumno que en España

Y llegamos al final, quizá uno de los puntos más concluyentes y determinantes, pues por mucho que se quiera poner de nuestra parte si no hay una inversión real por parte de las entidades políticas no se va a conseguir absolutamente nada. No hacen falta las mejores sillas ni los mejores libros, todo eso es mera parafernalia para lograr una educación efectiva; en realidad es necesario que se invierta el dinero público que es necesario para un país como el nuestro... y se haga de manera equitativa. Y eso aquí no pasa.

En el país nórdico se invierte, según el último informe de la OCDE, más de 9.160 dólares por estudiante, mientras que España se invertían más de 9.680 dólares en el último lustro. ¿Cómo, que invertimos más en educación? Es que más no es siempre mejor. Con la gran autonomía con que cuentan los centros y lo equilibradas que son las aulas en relación al número de alumnos o las facilidades para elegir qué se enseña y qué no es normal que con el paso de los años un colegio pueda lograr los resultados que se proponen. Las escuelas mantienen reuniones periódicas entre ellas para ver qué pueden tomar las unas de las otras; siempre se puede aprender algo del prójimo.

Y así es como funciona un país con un 95% de los colegios públicos donde las calificaciones numéricas son algo secundario, la enseñanza es gratuita y los exámenes parecen ser una palabra tabú hasta que terminan la educación primaria. Quizá tengamos mucho que aprender antes de elaborar la próxima Ley educativa en España.

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