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5 errores de la nueva prueba de Selectividad

Al final no hay tantos cambios como parecía en un primer momento con las ideas de Wert, pero la prueba sigue estando repleta de fallos fundamentales.

Ay... la universidad. Desde pequeños nos dicen que tenemos que llegar muy lejos, estudiar una carrera que nos guste y que nos pueda hacer felices, pues tal como están las cosas no podemos intentar otra cosa. Por desgracia, no todo el mundo tiene la suerte de acudir a la institución con más relevancia a la hora de encontrar un trabajo en el futuro, y es que tener un título universitario no nos hace mejores que aquellos que han terminado un grado de Formación Profesional Superior, por ejemplo.

Pero en plena época de la titulitis, siendo un servidor víctima del actual Plan Bolonia, nos encontramos en un panorama donde el espectro va a dar un giro de no sé cuántos grados de cara al próximo año. Parece que hay una ferviente necesidad por cambiar las cosas cada vez que llegan nuevas mentes pensantes a los órganos instructores, al Gobierno o a los Ministerios. En Educación, donde debería haber más preocupación que prácticamente en cualquier cosa, no hay comunicación.

Todos los años hay problemas con las pruebas de acceso a la universidad (PAU), también conocida hasta ayer como la Selectividad. Son tres o cuatro días de auténtica agonía, donde las horas de sueño se cuentan con los dedos de una mano y las que pasamos sentados en una silla sin ser conscientes de la hora que es se superponen sobre el hambre y las ganas de comer: hay que aprobar; o lo que es peor: hay que llegar a esa nota. Vamos a darle un repaso a los errores fundamentales de la nueva Selectividad que ha anunciado el ministro Íñigo Méndez de Vigo el pasado miércoles, quien ha insistido en que Educación va a pasar a controlar "el diseño, el contenido y las características" de esa prueba que marca el final de la etapa de miles de estudiantes cada año en todas las Comunidades Autónomas de España de cara al próximo curso.

Íñigo Méndez de Vigo, explicando el panorama
"Íñigo Méndez de Vigo, explicando el panorama"

Antes de nada, hay que dejar claras un par de cosas: este examen, que entrará en vigor el próximo curso 2016-2017, será una reválida: de aprobado obligatorio para obtener el título de Bachillerato (es decir, la nota que tengamos en el centro ya no nos vale). Sin embargo, los cambios no van a ser tantos como se pensaba; el miedo sigue ahí, pero parece que al final van a ser modificaciones más que cambios. ¿Es eso positivo? Para nada, porque la Selectividad era imperfecta. Ahora sigue siendo todavía muy imperfecta.

Ya te lo decían tus padres

1 Sigue contando demasiado, te la juegas a una carta

Nos la jugamos. En tres días decides tu futuro. Rézale a todos los dioses que no te cojas un resfriado en la víspera a los exámenes, porque aunque en el Instituto puedas llegar a un consenso con tus profesores si tienes causa justificada, en la PAU te vas a septiembre. Y sí, puedes estar tranquilo porque tu nota de Bachillerato sigue ponderando un 60% de la nota final de cara al acceso a la universidad; el otro 40% se corresponde con la nueva prueba. Se sigue puntuando sobre 10 en la fase general, mientras que la específica nos permitirá llegar a 14 puntos (dos exámenes de 2 puntos cada uno, de modo que te llevas a tu nota 0,2 por cada punto obtenido en estas dos pruebas)

Y es una barbaridad. Puede parecer una muestra de exquisitez, que no cambiaría mucho lo que voy a proponer, pero todo lo que sea otorgarle más de un 25% o un 30% a la prueba de Selectividad me parece demasiado. Un tercio, como mucho, podría ser viable, sobre todo de cara a la institución educativa a la que deseas dejar todos tus ahorros durante los -mínimo- próximos 4 años. El motivo es muy sencillo: estamos hablando de dos años de bachillerato, acumulando notas, conocimientos, pruebas. ¿No es suficiente con eso? No me malinterpretéis, no propongo eliminar la PAU, pero un 40% es un error que hace que miles de personas se queden a las puertas de cumplir sus sueños cada año.

Entre cosas y otras... Así vamos

2 Necesario para obtener tu título de Bachillerato

Pongamos un supuesto que afecta a unos cuantos miles de personas cada año. Seguramente uno de ellos puedas ser tú. Estás dos años estudiando en Bachillerato, vas aprobando poco a poco todas las asignaturas y llega el mes de mayo. Por circunstancias, no vas a ingresar en la universidad porque quieres hacer un Grado Superior o el curso de formación en el que llevas años tratando de proyectarte en el futuro (¡que no todo se cocina en la universidad!); sin embargo, no te dan tu título hasta que no hagas la nueva reválida del Gobierno. Por suerte, se ha echado por tierra la incomprensible medida que quería implantar el señor exministro Wert con su examen tipo test y demás puntos que solo él y los suyos compartían, pero ahora te hacen tener que pasar sí o sí por la Prueba de Acceso a la Universidad.

Señores, hay gente que sabe positivamente que no es que no quiera ir a la Complutense o la Autónoma, es que no se lo pueden permitir. Ese mes de mayo, con todas las asignaturas aprobadas, dicha persona quiere recibir su título y emprender el camino que le dé la gana, no el que se imponga. La necesidad y obligatoriedad de tener que hacer una prueba de acceso a una institución en la que no vamos a participar debería estar separada a la educación de Bachillerato. No hay ninguna duda. Paso atrás.

No es solo cosa de ser o no el más listo

3 Exámenes diferentes para cada Comunidad Autónoma

Aquí hay discrepancia, pues en cierto sentido hemos ganado en el hecho de eliminar el examen tipo test de Wert que incluía más de 300 preguntas... cuando PISA siempre ha defendido que en los exámenes se debe evaluar el conocimiento y sentido crítico del discente. El antiguo ministro del Partido Popular pretendía que toda España tuviese el mismo examen. Su examen.

Lo que muchos preferimos es una prueba que comparta una base, con las mismas asignaturas troncales en toda España y examinándonos de los mismos contenidos, pues ahora mismo miras la forma de realizar la PAU en Andalucía, Madrid y el País Vasco y las similitudes son remotas. Es decir, la solución no pasa por implantar un mismo examen estricto donde las CC.AA. no puedan ofrecer variaciones en función al contexto social y cultural en que se encuentren, sino que las diferencias son demasiado grandes. Estudiar en una Comunidad Autónoma diferente a la que vives sigue siendo una preocupación para todos, tanto por la nota que saques como las notas de corte y convalidaciones pertinentes.

Ni sí, ni no, ni todo lo contrario

4 Una segunda prueba "en el aire", por cada universidad

"Cada universidad tiene la potestad de hacer la prueba que considere oportuno". Así lo ha dicho el ministro Segundo Píriz. La ley contempla que, además de la nueva reválida, también puedas tener que hacer más tarde una prueba para que la facultad en cuestión determine si eres o no apto para vestir su camiseta. En un principio iba a ser obligatorio, pero ahora han reculado un poco, de forma que se trata de algo que queda en el aire. Pero debería haber sido eliminado de la lista de nuevas medidas.

Este acercamiento encubierto y silencioso a la LOMCE, la actual Ley Educativa que nadie quiere ver ni en pintura, está cada vez más claro. Si cada universidad realiza una prueba aparte, en caso de que quieras estudiar en una universidad de otra Comunidad Autónoma va a ser un trámite lento, difícil y costoso, que te va a hacer perder muchas mañanas y tardes por una necesidad de la que quizá tú no puedas hacer nada; pues no son pocos los alumnos que tienen que cambiar de domicilio sea la causa que sea, de ahí que tener un examen que comparta sus bases y criterios en toda España sería algo positivo.

Además, si se implantan exámenes individuales en cada facultad, va a ser un coste añadido para los alumnos, que tendrían que asumir una segregación con todas las letras.

Te toca elegir

5 Se sigue sin preguntar a nadie

Y llegamos al final, que no deja de ser el punto más importante de todos: ¿Dónde quedan los maestros? ¿Y los alumnos? Se trata de un problema que nace de la misma fuente que cuando se elaboran leyes educativas. El principal inconveniente de la LOMCE fue nacer sin ser consensuada con nadie más que el grupo de miembros del ministerio, donde los profesores ni pinchan ni cortan.

Una ley educativa responsable debería contar con el apoyo de maestros en representación de todas las Comunidades Autónomas para elaborar un texto que sea válido a nivel estatal, donde se compartan y se maticen los puntos elementales que todos deberíamos cumplir. Se dice que se busca priorizar el "saber hacer" sobre el "saber" de antaño, pero de esta forma solo se está sometiendo a miles de alumnos a que sigan vinculados a muchísima presión durante poco más de 70 horas con unos exámenes injustos, donde se examina de demasiado contenido y se comprueba poco lo que verdaderamente sabe una persona. Hay cosas que no se pueden hacer realidad, como por ejemplo más ejercicios prácticos en los que se demuestren las aptitudes de un alumno, pero tanto ésta como las demás medidas en relación con educación no cuentan con la opinión de los que enseñan, y eso afecta a los que aprenden.

Tu profe es tu colega, aunque no te lo diga
"Tu profe es tu colega, aunque no te lo diga"

Desde los Sindicatos de Estudiantes se convocan huelgas, pero luego hay quienes tachan de antisistema a los que dan la cara por todos... cuando en realidad esto afecta a la totalidad de alumnos, futuros maestros y todos aquellos que quieran labrarse un futuro formándose en instituciones educativas.

En definitiva: esta Prueba de Acceso a la Universidad, que se desprecintará el año que viene, nadie sin apoyo, nace con ligeras modificaciones con respecto a la antigua Selectividad; lo hace con fecha de caducidad hasta que no se pregunte a los alumnos y profesores para que participen a la hora de hacer una prueba responsable y que no beneficie solo a unos pocos.

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