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¿Pueden los perros hablar realmente? Esto es lo que dice la ciencia

Últimamente se han puesto de moda los teclados para perros que prometen poder comunicarnos a través de las palabras con nuestras mascotas.

¿Pueden los perros hablar realmente? Esto es lo que dice la ciencia ¿Pueden los perros hablar realmente? Esto es lo que dice la ciencia

Foto: Freepik

"¿Vamos a la calle?" o "¿quieres una chuche?", son algunas de las frases que hacen que nuestro perro pegue un salto del sofá. Está claro que estos animales comprenden órdenes básicas de los humanos, pero, ¿pueden ellos mismos hablarnos a nosotros?

Quizá hayas visto algún vídeo en el que parece que los perros forman frases pulsando varios botones seguidos en una alfombra. Los usuarios enseguida pensaron que esto era una prueba irrefutable de que las mascotas pueden llegar a comunicarse con nosotros en nuestra propia lengua. En este vídeo se ve cómo un perro puede llegar a decir "te quiero.

@thechattylab

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Pero, ¿esto es científicamente posible?

Aunque hay casos en los que se ha intentado dialogar con grandes simios como Washoe, Koko y Kanzi o con el loro Alex, no parece que sea el caso de estos perros, según informa The Conversation.

Para que fueran capaces de entender las palabras, Alex y los demás fueron entrenados por profesionales hasta 8 horas diarias durante varios años. Los dueños de estos perros no son adiestradores ni científicos, por lo que limita las posibilidades de tener resultados tan impresionantes.

Conflictos de intereses

FluentPet es la empresa que ha creado este tipo de teclados para perros. Ahora ha lanzado un estudio junto a investigadores de la Universidad de California para entender cómo los animales pueden utilizar este medio de comunicación.

Ahora bien, si quieres inscribir a tu mascota en el estudio deberás tener una cámara y sobre todo, un teclado que se recomienda encarecidamente que se compre en FluentPet. Algo sospechoso cuando normalmente los participantes de los estudios no tienen que gastarse ni un céntimo, de hecho, pueden llegar a cobrar dinero por ello. Además, que sea una investigación hecha por FluentPet puede provocar un conflicto de intereses y hacer que la empresa solo se quede con los resultados positivos para vender mejor sus teclados.

El ensayo está actualmente en curso y los participantes pueden publicar sus vídeos en redes sociales. Las grabaciones no están en bruto, sino cortadas y editadas, por lo que quizá no vemos todo lo que está pasando en realidad. Así lo explica en YouTube la dueña de Bunny, uno de los perros que participan en el estudio.

¿Una estrategia de marketing?

Todo apunta a que FluentPet pueda estar elaborando una estrategia de marketing de grandes dimensiones. De hecho, la empresa fabricante de teclados paga a algunos influencers como la dueña de Bunny por el número de clics que reciben sus vídeos.

En este vídeo se ve a Bunny prácticamente manteniendo una conversación con su ama en inglés. Sin embargo, el lenguaje del teclado es diferente del inglés hablado, las palabras son limitadas, no hay preposiciones, y se basa en el uso de botones, no de sonidos.

La disposición de las teclas también es problemática, puesto que es antropocéntrica. Las palabras se agrupan por clase gramatical, es decir, hay un grupo de botones para nombres como gato, otro para verbos como jugar, lo que no tiene sentido desde la perspectiva canina. Aunque los perros probablemente tengan un idioma propio, es poco probable que este teclado sea una buena materialización del mismo.

Esta es la distribución de los botones "Esta es la distribución de los botones"

Tampoco podemos saber si la dueña está dando pistas sobre qué botón tienen que pisar a través de la mirada o la orientación del cuerpo. El Canon de Morgan afirma que no debemos atribuir a los animales capacidades cognitivas de alto nivel si sus acciones pueden explicarse mediante capacidades de nivel inferior.

¿Cuál es la explicación más sencilla entonces?

Lo más probable es que los perros no entiendan el significado de las palabras utilizadas, sino que establecen asociaciones entre un comportamiento, como pulsar el botón "juguete", y una consecuencia, que sería jugar con el juguete.

Es posible aprender a reclamar el juguete pulsando el botón adecuado sin entender que es una palabra ni entenderla, al igual que en el famoso experimento con ratas de B.F. Skinner, donde sabían qué palanca pulsar para conseguir comida y bebida, sin saber hablar, claro. Esto explicaría también los botones con significados abstractos o complejos como "te quiero".

Cuando los humanos pedimos un refresco en una máquina expendedora introduciendo dinero y pulsando un botón, recibimos la lata, pero no estamos hablando con la máquina. Algo parecido pasaría con nuestras mascotas.

Aunque pueda ser algo adorable pensar que estamos hablando con los perros a través de un teclado, no es del todo cierto. De todas formas, no necesitamos ningún producto especial para comunicarnos con nuestras mascotas, muchos estudios demuestran que ya nos entendemos muy bien.

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