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La doble vara de la política encarnada en Fernando Simón: de héroe a villano en dos crisis

Fernando Simón llegó a la primera línea mediática cuando Mariano Rajoy quiso profesionalizar su gestión de la crisis del ébola.

La doble vara de la política encarnada en Fernando Simón: de héroe a villano en dos crisis

Octubre de 2014. La crisis del ébola se extiende fuera de la olvidada África con su primer contagio fuera del continente. Se trata de la enfermera Teresa Romero, que había atendido al misionero García Viejo, infectado en Sierra Leona. Poco después, él murió por la enfermedad y la vida de la enfermera pendía de un hilo.

El asunto se había convertido en el centro del discurso nacional. La izquierda intentaba colar sus críticas a Rajoy. Algunos medios conservadores empezaban a atacar a la enfermera por una presunta negligencia mientras alababan al Gobierno. Un vídeo de la televisión de Castilla-La Mancha, controlada por Cospedal, en el que se criticaba a la enfermera, dio la vuelta al país.

Pero lejos de estas críticas, había alguien que permanecía ajeno. Al que se trataba como una voz consolidada, técnica, ajena a la política, a quien no se discutía. Se trataba del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. Su gran labor didáctica, su verbo pausado, su retórica, su lenguaje no verbal... la seguridad que transmitía le llevó a recibir, en este país tan polarizado, el apoyo de prácticamente todos los sectores.

La decisión de que Simón llegase a la primera línea mediática partió del propio Mariano Rajoy. Cuando España se convirtió en el escenario del primer contagio de ébola fuera de África, la situación pilló tan de sorpresa que el Ejecutivo no supo reaccionar. De hecho, el caos y la ineficacia fueron la nota reinante durante los primeros cinco días de una crisis en la que nadie quería carbonizarse hasta  que, finalmente, se optó por un cargo técncio: el propio Simón.

En el aval del nuevo portavoz se encontraba su experiencia a la hora de gestionar una media de 40 crisis anuales desde el año 2004 y, sobre todo, una pandemia en particular: la gripe A. Rajoy quería ofrecer seguridad después de que la entonces ministra de Sanidad, Ana Mato, ofreciera una rueda de prensa donde cundió el pánico porque los periodistas se fueron con más dudas de las que tenían al llegar a la reunión.

Con estos movimientos, Fernando Simón llegó a la arena mediática mientras que, fuera de los focos, estaba coordinando el operativo contra el ébola que recibió el aval de gran parte de los medios. 

Mientras tanto, los agujeros en la gestión del coronavirus se cobraron, sorprendentemente, una víctima: a Teresa Romero. La enfermera que atendió al misionerio García Viejo en el Hospital Carlos III y que posteriormente fue ingresada en el Hospital de Alcorcón fue señalada por, presuntamente, cometer negligencias a la hora de seguir los protocolos para evitar la cadena de contagios. Incluso se la acusó de incumplir la cuarentena preventiva que teóricamente debería haber seguido por registrar los primeros síntomas. El caso no llegó a aclararse del todo: si fue la enfermera quien se saltó los protocolos o si estos fallaron.

"Fernando Simón, el portavoz tranquilo"

Marzo de 2020. El Gobierno se prepara para enfrentar la llegada del coronavirus con unos datos completamente disparados, principalmente, en la Comunidad de Madrid. El presidente Pedro Sánchez decide seguir la estrategia de Mariano Rajoy y coloca a Fernando Simón ante las cámaras, esperando que el tirón que ganó en la crisis del ébola sume credibilidad a la gestión y, de paso, la libere de la polarización política que se estaba viviendo.

Los medios reciben su llegada con aplausos. Incluso los críticos con el Gobierno. El diario ABC, por ejemplo, lanza un perfil sobre él titulado como "Fernando Simón, el portavoz tranquilo". De él alaban su capacidad para transmitir seguridad en este tipo de situaciones: "Es el bálsamo que calma la histeria del coronavirus chino", celebra el citado diario.

El Partido Popular mantiene una estrategia de silencio, tras meses de estrategia de ataque frontal frente a Pedro Sánchez para exhibirse como única alternativa y anular a VOX mientras fagocita a Ciudadanos. Muchos alaban, en las primeras semanas, la "lealtad institucional" y los medios dan plena credibilidad a Fernando Simón.

Sin embargo, una declaración empieza a cambiarlo todo. Preguntado sobre la conveniencia de acudir a la manfiestación del 8 de marzo, Simón responde: "Si mi hijo me pregunta si puede ir, le diré que haga lo que quiere". El PP pareció hacer caso a esta recomendación, puesto que es la primera ocasión en la que participa en estas concentraciones.

Pero pocos días después, empieza a evidenciarse el error. Y el PP no duda en hacer un debate partidista. Critica a Simón y al Gobierno por promocionar el 8 de marzo, obviando el resto de concentraciones (incluido el mitin de VOX con sus líderes infectados). En redes sociales empiezan a crearse campañas en su contra, vinculándole al Gobierno e incluso mintiendo al asegurar que fue colocado en el puesto por PSOE y Podemos (recordemos, fue puesto por el PP).

Desde entonces, las críticas se suceden. Veinte días después del artículo en el que ABC alaba el discuso templado de Simón, se publica un editorial titulado "El Gobierno de la confusión" donde esa característica se torna en defecto: "No se entienden las urgencias en las medidas, salvo que el Gobierno maneje datos que no avalan el moderado y sempiterno mensaje de Fernando Simón de que ya estamos en el pico de la crisis del Covid-19. La imagen de precipitación y de improvisación que transmite el Gobierno contribuye muy poco a generar confianza en sus medidas, porque parece que va a ciegas".

Fernando Simón, de héroe a villano, de "portavoz tranquilo" a "negligente". Como no podía ser de otra manera, la crisis del coronavirus también ha entrado en el debate partidista. Pablo Casado ya exhibe su "gobierno en la sombra" para mostrar cómo gestionaría esta situación. Y mientras tanto, la gente aplaude el papel del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que ha mostrado un papel institucional que ha sorprendido a propios y extraños durante la presente crisis.

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