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'Ahegao': la moda erótica acusada de pedófila y racista

Esta es la cara originaria del hentai que se ha extendido a plataformas pornográficas y redes sociales.

'Ahegao': la moda erótica acusada de pedófila y racista

Foto: Instagram

Mirando a la cámara, con los ojos cruzados, la lengua sacada y a poder ser babeando y de rodillas. Esta es la expresión facial con la que el hentai,, anime y manga con contenido sexual explícito, plasma el placer sexual de sus protagonistas femeninas. Y esta expresión tiene un nombre: ahegao.

La palabra hentai literalmente se traduce al japonés como "anormal" pero se usa comúnmente para referirse a lo pervertido, lo cual no anda desencaminado, teniendo en cuenta que la mayoría de los personajes femeninos envueltos en la actividad sexual presentan una estética infantil, aniñada, inocente.

Larkin Love, Katekuray, Vivian Rose, Rainbowslut, Shaiden Rogue o Elisabeth Weir son algunos de los nombres que más han popularizado el ahegao a través de Onlyfans o Pornhub, donde para sorpresa de pocos han amasado millones de visitas.

Su influencia también llega al público mainstream a través de las redes sociales. Por ejemplo, Instagram acumula más de un millón de imágenes tras el hashtag #ahegao. Sin embargo, una vez traspasada la frontera del público que lo encuentra excitante, han comenzado a lloverle las críticas.

#SayNoToAhegao

La campaña #SayNoToAhegao, denunciaba que el ahegao no es una moda entre las chicas cosplayer (personas que se disfrazan de personajes de anime o manga) que querían poner una cara kawaii (mona) de placer, sino que es un fetiche sexual con orígenes pedófilos.

Para emprender la denuncia hace falta conocer el mundo del hentai. Los personajes que reflejan esta expresión son chicas muy, énfasis en el muy, jóvenes, para demostrar que tienen placer, pero también vergüenza. Es una especie de cara de placer mezclada con virginidad, inocencia, dulzura e indefensión.

Estos conceptos se relacionan con el lolicon, un tipo de hentai donde las protagonistas tienen cuerpo y facciones de niña, poniendo la cara ahegao porque son dulces e infantiles, pero a la vez están recibiendo mucho placer en una relación sexual, en ocasiones ni siquiera consentida. Este movimiento denuncia precisamente el origen problemático de esto, que nace de la sexualización de menores.

La moda del ahegado surge del hentai "La moda del ahegado surge del hentai"

En la línea de #SayNoToAhegao, también hay activistas asiáticos que avisan de un componente racista. Y es que la normalización del ahegao "refuerza estereotipos específicos de la sexualidad de las mujeres asiáticas, que constantemente nos desempoderan", explica Salome Salvi, mujer asiática y activista porno. Según Salvi, promueve el estereotipo de la "zorra asiática sumisa, que dice que somos tímidas, infantiles e inocentes... pero con un apetito sexual voraz que solo puede ser satisfecho con sexo agresivo".

Asegura que no es solo un meme, sino que se tiene que observarse desde la perspectiva del hentai: cuando se hace en este contexto son mujeres menores (o muy infantilizadas), sobreexpuestas a placer y sin consentimiento. Esto perjudica a las mujeres asiáticas, ya que se normaliza la idea de que si dicen que "no" es porque son tímidas, no porque no quieran. La solución es forzarlas para que "suelten su verdadero yo sexual". "Promueve la cultura de la violación", sentencia.

Voces que lo defienden

Otras personas relacionadas con el trend o amantes del hentai, opinan que el ahegao simplemente forma parte de la cultura otaku (persona amante del anime o manga) y que aunque haya nacido en el país nipón, no representa ni étnica ni culturalmente a un país o continente.

Por otro lado, las chicas que sacan rendimiento económico de ello, afirman que lo ven como una forma de empoderamiento en el que disfrutan de su sexualidad de manera artística y creativa. En definitiva, hay muchos pareceres enfrentados lejos de encontrar un punto en común. Lo único que podemos asegurar, es que juzgando por los millones de views de las modelos ahegao, es que al polémico fenómeno todavía le queda cuerda para rato.

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