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La tarea de Ione Belarra para relanzar Unidas Podemos

La nueva secretaria general de Podemos tiene que liderar la formación con el objetivo de volver a hacerla atractiva para la ciudadanía.

La tarea de Ione Belarra para relanzar Unidas Podemos La tarea de Ione Belarra para relanzar Unidas Podemos

Foto: GTres

Los cambios de liderazgos, más cuando son mesiánicos, implican unos problemas de importantísimo calado para las organizaciones que lo sufren. La convivencia de las diferentes almas o facciones que cohabitan en aparente guerra fría, la nueva estructura interna, la herencia recibida, etc., son algunos de los retos que tiene por delante el nuevo líder.

Pablo Iglesias reúne todas y cada una de las características que configuran el hiperliderazgo, desde la fundación de Podemos, primero y Unidas Podemos, después, dirigió la formación con mano de hierro, no crecía hierba a su alrededor. Se ocupó de controlar todos los resortes internos y eliminó toda corriente contraria a la suya. Aún no siendo esto ejemplar ni una forma óptima de canalizar el concurso de ideas y respetar la sana y necesaria pluralidad interna, a él le fue bien, consiguió entras en una coalición de gobierno y fue vicepresidente del mismo.

Pablo Iglesias, en el traspaso de cartera a Ione Belarra "Pablo Iglesias, en el traspaso de cartera a Ione Belarra"

Ahora bien, lo que le sirvió a él, no le va a servir a su sucesora, es más, no debe ni intentarlo. Cuando todo hacía indicar que Yolanda Díaz cogería las riendas de la formación morada, el aparato decidió y bendijo a Ione Belarra, persona de máxima confianza de Iglesias y nueva incorporación en el Gobierno tras la dimisión de éste. Una de esas estrategias de cambio de timón que tanto gustan a los partidos y tan pocos buenos resultados suelen dar.

El futuro morado

Así, el 13 de junio, fue elegida secretaria general en la IV Asamblea Ciudadana, recogiendo el cargo que Iglesias dejó vacante y asumiendo una tarea trascendental para Podemos en el corto y medio plazo. Los gobiernos de coalición suelen ser un dulce envenenado para los partidos minoritarios de la misma, que, en buena parte, se ven fagocitados por el principal. El elector penaliza de forma muy severa a los pequeños. Así, Belarra tendrá la tarea de reflotar a una formación en horas bajas, tendrá que intentar comunicar la labor que hacen en el Gobierno, distanciándose del PSOE y vendiendo la capacidad autónoma de los ministros y altos cargos de la formación. Una tarea pedagógica que, por compleja, rara vez da buenos frutos.

El mayor problema lo tiene Belarra dentro de sus propias filas, en la necesaria -para no ser irrelevante- restructuración de la formación; no solo en los cargos con más importancia y visibilidad, sino, y sobre todo, en los cuadros medios. No permitir que estalle la guerra interna, recolocar a los pablistas, pero impregnar su forma de liderar para ofrecer un proyecto atractivo al elector.

A nivel electoral, como hemos podido ver en algunos de los últimos comicios regionales celebrados, no están en su mejor momento o, lo que es lo mismo, están en un delicadísimo momento. Son incapaces de conformar una estructura territorial sólida que permita el crecimiento de la formación más allá de la estructura nacional. Incluso las alianzas con otros partidos regionales empiezan a resquebrajarse y amenazan con quitar ese potencial atractivo que tenían, por ejemplo, en Cataluña.

El nuevo proyecto -si lo hubiera- tiene que gobernar con el PSOE pero distanciarse de él; vender la gestión. Tiene que configurar, como decíamos, una estructura regional y local potente, competitiva. Tiene que distanciarse de los extremos y las estridencias, ofrecer una ruptura del antes y el ahora de forma no traumática. Tiene que ofrecer un proyecto que trascienda a la madurez, pues ya han sido gobierno, tienen bagaje y mochila, no pueden permitirse criticar todo y prometer el cielo sin pensar que el perjuicio puede ser infinitamente mayor que el beneficio. Ya no solo tienen presente y futuro, ahora también tienen pasado.

Iglesias supo manejar la comunicación y marcar la agenda en temas muy determinados en lo que tenían todo que ganar, pero es un tiempo nuevo. Con los mismos portavoces no se puede convencer a más ciudadanos. La gestión de Echenique como portavoz ha sido calamitosa, oposición al Gobierno del que ellos forman parte, griterío, estridencias y la nada, detrás de todo eso, nada.

Belarra sí tendrá una amenaza constante y ya parte con desventaja. Lo peor, su amenaza no está -o no solo- en el partido, lo que es peor, está en el Gobierno y es vicepresidenta tercera, se llama Yolanda Díaz. El ciudadano la prefiere, es indudable, por lo que la secretaria general tendrá que tener la suficiente inteligencia política como para permitir que Díaz tenga su espacio, su protagonismo e, incluso, aunque ese debate no toque ahora, permitir que sea la candidata a la presidencia del Gobierno. El liderazgo de Belarra se medirá por la generosidad que pueda llegar a tener, la altura de miras, el partido antes que ella. Si eso es así, su liderazgo será fuerte y exitoso, y estará reconstruyendo un proyecto que ya se tambaleaba demasiado.

Esa generosidad que puede demostrar al cohabitar será decisiva. En estos tiempos se necesitan mil aciertos para construir y solo un fallo para destruir. Belarra y Díaz tendrán que entenderse para que las entiendan los españoles y las españolas.

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