6 situaciones normales que nos recuerdan míticas frases de madre

6 situaciones normales que nos recuerdan míticas frases de madre

Dando consejos las madres son infalibles, por eso recopilamos algunas de las mejores frases para el recuerdo.

Vida Iván Martínez de Miguel Iván Martínez de Miguel 03 Mayo 2015 13:48

A lo largo de la vida nuestras madres han intentado procurar lo mejor para sus retoños, siendo fieles consejeras que desean lo mejor para nosotros... sine embargo a veces no 'saben' expresarlo de la mejor manera. Nos ponemos en seis situaciones muy comunes en cualquier hogar para un adolescente para hacer un repaso a las frases míticas de nuestras madres.

1 Dueñas y señoras de su hogar

¿Quién te crees que soy? ¿La chacha? "¿Quién te crees que soy? ¿La chacha?"

Que las madres son las reinas y señoras de su casa nadie lo niega. Sobre el hogar y su reino hemos escuchado frases tan típicas como "esto no es un hotel en el que uno viene, come y se va"; lo malo es que generalmente son pronunciadas después de llegar a las 8 de la mañana de fiesta, mientras estás comiendo y te dispones a salir en un rato a tomar café con tus amigos. Ups!

A veces no hemos ayudado todo lo que hemos podido en las tareas doméstica, de ahí las expresiones "¿quién te crees que soy? ¿la chacha?" o "¿qué pasa que aquí nadie colabora? Me puedo estar muriendo que ni un vaso de agua le dan a una". Era su peculiar manera de pedirte ayuda, una ayuda que llegó en contadas ocasiones. Y es que su casa es su templo sagrado, un lugar de reunión en el que mejor no enturbiar la paz que reina porque "cuando tengas tu casa harás lo que quieras, mientras vivas en esta casa se hará lo que yo diga". Y se acabó.

Las madres se han transformado en grandes administradoras de la economía familiar y si alguna vez querías tener unos ahorros o le pedías dinero para ir al cine o salir a tomar algo, podías tener una respuesta poco acertada que te impedía salir: "Tu quién te crees que soy, ¿el Banco de España?" o "¿Tú crees que el dinero crece en los árboles?". Y al final te quedabas en casa ayudando a tu madre a recoger la ropa o limpiar el polvo.

2 Comparaciones con amigos imaginarios

Deberías aprender de Fulatino "Deberías aprender de Fulatino"

Nunca has tenido un amigo llamado Fulanito o Menganito y seguro que en tu infancia esa 'persona' salió en más de una conversación, siempre y cuando le convenía a los intereses y propósitos de tu madre. "Deberías aprender de Fulatino" era empleada para compararte con el hijo de su amiga, con tu compañero de clase o aquel genio del instituto que sacaba buenas notas y no 'daba guerra' en su casa.

Pero esa figura tenía un doble sentido para casi todas las madres, se transformaba en un camino donde escoger dos direcciones opuestas. Cuando querías salir y te excusabas en que todos tu amigos lo hacían, tu madre tenía un par de frases muy recurrentes para impedírtelo "me da igual Fulanito, mi hijo eres tú" o la mítica "Y si todos tus amigos se tiran por un puente, ¿tú te tiras detrás?".

Las madres son esas personas capaces de darle la vuelta a una conversación, maquillar la realidad y llevarte a su terreno con la expresión de sus palabras, tienen ese don. "Te lo llevo diciendo años, ahora viene Menganito, te lo dice, y le haces caso", pero a veces tienen razón, es cierto y pasa muy a menudo que escuchamos agente fuera del hogar más a que las sabias de nuestras madres. Que error más grande, con la sabiduría que nos infunden.

Aunque tu madre odia a los animales, siempre ha tenido buen gusto para elegir a sus aliados y como la Araña en 'Juego de Tronos' parece tener un ejército de espías dispuestos a contarle todas tus andanzas. Cuando comenzaban diciendo "me ha dicho un pajarito que..." sabías que no era nada bueno, 'alguien' le había contado tus últimos problemas de adolescente y estarías una buena temporada encerrado.

3 Con la comida no se juega

Bébete el zumo antes de que se le vayan las vitaminas "Bébete el zumo antes de que se le vayan las vitaminas"

Una de las grandes disputas de pequeños fue la comida, nuestras madres se esforzaron para que comiéramos de todo, estuviéramos sanotes y no desperdiciarás NADA. Y lo hicieron regalándonos algunas de las frases más conocidas de todos los tiempo: "Mamá, ¿qué hay de comer?" y su respuesta es única: "pues comida". Al menos sabíamos que no íbamos a tener que cortas piedras con cuchillo y tenedor ¿no?

Las madres tenían varios trucos para que los más pequeños comieran lo que servían cada día en el plato, uno era apelar a los sentimientos de su retoño desarrollando su parte más empática: "no me he pasado dos horas cocinando para que no te comas la comida. Te la comes" o "No voy a tirar comida, ¿sabes cuántos niños se mueren de hambre en África?". Hay que reconocer que no puedes quitarle el merito de estar en la cocina tanto tiempo para que te dejes la mitad del plato (o ni lo pruebes).

Pero si esas frases no tenían el efecto deseado o no hacías caso a consejos tan sabios como "Bébete el zumo antes de que se le vayan las vitaminas", nuestras progenitoras tenía otro truco: la intimidación. "¿Te lo acabas o te lo meto con embudo?" o "Si no te las comes, te las cenas y si no, te las desayunas" son algunas de las más recordadas. Lo malo es que se hacían efectivas y muchos hemos tenido que contemplar (asombrados) el plato de judías verdes en el desayuno.

4 Preocupadas por la salud

Abrígate, que hace frío "Abrígate, que hace frío"

Como buenas madres, nuestras progenitoras siempre están preocupadas por la salud de sus hijos, para que estén bien atendidos y no les pase nada malo. Por eso, aunque en la calle el termómetro marque 40 grados a la sombra siempre escucharás "Abrígate, que hace frío". Llevar una 'rebequita' por si acaso es algo muy habitual en sus actuaciones, quizás si estás en Sevilla en agosto no haga falta pero ¿y si hace frío?

Sus conocimientos de enfermería avanzada son algo extraordinario, experiencias que comparten con los demás cuando quieren llevar razón, intentan tenerla o simplemente desean salirse con la suya llevándote a tu terreno. Algunas frases míticas son "si te duele, es que está currando" o "no te tragues el chicle que se te va a pegar al estómago". Una lógica aplastante.

Cuando se trata de poner excusas, nosotros somos los reyes de la casa, ¿Quién no ha 'fingido' alguna vez un poco de tos, fiebre o malestar para no ir al colegio? Ellas lo saben, lo huelen como perros al acecho y cuando 'te has recuperado' y vas a salir de casa te sueltan "si estás enfermo para ir a clase, también lo estás para salir con los amigos". Amén.

5 Enfados típicos de madre

Que sea la última vez que... "Que sea la última vez que..."

Lo que sufren las madres cuando somos pequeños no lo sabe nadie, "cuando tengas hijos, te acordarás de mi" nos decían una y otra vez. Ellas se comían la cabeza con nuestras preocupaciones y lo demostrando abiertamente con palabras que sonaban como amenazas más que consejos.

En este sentido tenemos frases para el recuerdo: "qué sea la última vez que... (añade aquí cualquiera cosa que te guste hacer y saque de quicio a tu madre)", "¡te lo dije!", "eres igualito que tu padre" (no, no es cumplido), "verás como saque la zapatilla", "esto ya pasa de castaño oscuro" o "ya vendrás a mi cuando necesites algo" ¿Os suenan? Seguro que sí.

Y no solo eso, a veces tu madre estaba tan harta de alguna situación que decía "un día cojo la puerta y me voy y a ver como os apañáis sin mí". Nunca ocurría, por muchas veces que lo dijera y por muchas ganas que tuvieras. Si por alguna extraña razón se te ocurría replicar a tu madre, tenían una respuesta infalible que nunca fallaba gracias a su lógica maravillosa: "Porque sí" y "Porque no". No había discusión posible.

6 Advertencias y consejos, o ¿amenazas?

Esto me va a doler más a mí que a ti "Esto me va a doler más a mí que a ti"

- Mamaaaaaá, ¿dónde está mi camiseta azul?

- En su sitio.

- Aquí no está. No la encuentro y llevo buscándola un rato.

- Como vaya yo y las encuentre, te enteras...

No sabes cómo, ni por qué pero de repente de la nada surgía esa camiseta y se posaba en la mano de tu madre. No valía la pena estar buscándola durante media hora, la camiseta se acojonaba por el enfado de la dueña de la casa y salía de su escondite. Tras eso, la mirada asesina y desaprobatoria era suficiente para captar el mensaje "que no vuelva a pasar".

- ¡Iván!, ¡Ivááááááááan!, ¡IVÁN!

- ¿QUÉEEEEE?

- A tu madre no le levantes la voz, ¡eh!

- Pero si....

- ¡NI PEROS, NI PERAS!

Ese cambio de género les servía para eliminar de tu cabeza cualquier idea absurda que te pasará por la mente durante tu adolescencia: "ni moto, ni mota", "ni fiesta, ni fiesto", "ni coche ni cocha". Las posibilidades eran eternas, igual que la imaginación tu madre para darle una patada increíble al diccionario.

Había situaciones muy curiosas en las que más que un consejo tu madre te advertía y te amenazaba de algo que podría ocurrir: "hasta que no lo rompas no te vas a quedar tranquilo", "esto me va a doler más a mí que a ti", "como te caigas vas a cobrar" o "como no pares de llorar te voy a dar Yo razones para que lo hagas de verdad". Todo muy normal ¿verdad?

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