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Una pareja acoge a una refugiada ucraniana y el hombre se enamora y abandona a su mujer

Este británico de 29 años vivía con su novia y sus dos hijas, pero lo dejó todo para irse con la refugiada de 22 años.

Una pareja acoge a una refugiada ucraniana y el hombre se enamora y abandona a su mujer

Más de 12 millones de ucranianos han tenido que abandonar sus hogares por la invasión rusa. Sofiia Karkadym dejó Lviv el 4 de mayo para aterrizar en Bradford, una localidad cercana a Leeds. Fue acogida por Lorna y su novio Tony Garnett, con el que surgió la historia de amor que tiene enganchada a media Inglaterra.

Tony es un guardia de seguridad de 29 años que vive en Bradford (Reino Unido) junto a su pareja, con la que llevaba 10 años, y sus dos hijas de 6 y 3 años. Decidido a ayudar en el conflicto bélico que se vive en Europa del Este, ofreció su casa a los refugiados ucranianos, aunque a Lorna no le convencía.

La historia mediática del momento en Reino Unido

La historia da la vuelta a las islas británicas y ya aparece en las portadas de todos lo medios locales. Tiene los ingredientes que más gusta a los ingleses: infidelidad, pasión, ruptura, declaraciones cruzadas y amor desatado.

"Esto empezó con un simple deseo mío de hacer lo correcto y darle un techo a alguien que lo necesite, un hombre o una mujer", declaró Tony a The Sun.

Esto provocó tensión en la pareja y celos de su pareja. "Yo hablo un poco de eslovaco y no es muy diferente al ucraniano, entonces pude entenderla. Eso empeoró las cosas porque Lorna no sabía de qué estábamos hablando. Sofiia y yo nos sentábamos a conversar, tomábamos un trago y veíamos la televisión con subtítulos en ucraniano, a veces después de que Lorna se hubiese ido a la cama, ha relatado él.

El no entender nada de las conversaciones que tenían era peor que saberlo: la imaginación puede ser a veces nuestro peor enemigo. Las discusiones entre la pareja no paraban de crecer en paralelo al amor entre Sofiia y Tony.

Había problemas en la pareja

Los celos en los que desembocaron todos estos aspectos solo agravaron más los problema en la pareja. Lorna no aguantó más la presión y la discusiones con el padre de sus hijas y decidió echar a la ucraniana de su casa. "Si ella se va, yo me voy", reaccionó instantáneamente él. "Sabía que no podía renunciar a ella [...] Ambos hicimos las maletas y nos mudamos juntos a la casa de mis padres".

"Lamentamos el dolor que hemos causado. Si nos invadieran, esperaríamos que el resto del mundo interviniera para ayudarnos. Eso es todo lo que quería hacer, pero las cosas han dado un giro inesperado", ha reconocido Tony.

Lorna, por su parte, está "devastada" junto a sus hijas, según afirman personas cercanas a ella. Sin duda, se trata de un caso de refugiada tan anómalo que no puede tomarse como ejemplo de nada más que como una extravagancia.

Ya es real el miedo de que se empiece a mirar a las refugiadas ucranianas como unas "rompehogares". Durante este tiempo Sofiia está sufriendo todo tipo de ataques que, una vez más, culpan a la mujer y no al hombre de lo sucedido. "La pareja había destruido su relación mucho antes de que yo llegara al Reino Unido", se ha defendido ella.

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