11 problemas que no te sucedían cuando no existían las redes sociales

11 problemas que no te sucedían cuando no existían las redes sociales

Reconócelo, la llegada de Facebook, Twitter o Instagram nos ha cambiado la vida... y de qué manera.

Tecnología Adrián Parrondo Adrián Parrondo 08 Marzo 2017 11:30

Facebook, Instagram, Twitter, Pinterest, Tinder, Grindr, Wapa... Aquí hay redes sociales para todo el mundo y dejando de lado los difuntos Tuenti y el peor, Vota Mi Cuerpo -un minuto de silencio por la comunidad cani-, lo cierto es que su llegada ha cambiado de manera radical nuestras vidas. ¿Recuerdas cómo era tu vida antes de tener tantos y tan diversos perfiles? Desde Los Replicantes nos hemos vueltos nostálgicos para recordártelo:

1 Nos hacía mayor ilusión que nos escribieran

Mi cara al ver el cuarto de kilo

La llegada de aplicaciones como Whatsapp o Facebook Messenger han facilitado enormemente que mantengamos el contacto con nuestros seres queridos. Sin embargo, ¿qué ha sido de aquella sensación de recibir un SMS, o el pensar que alguien se había dejado ¡15 céntimos! enteros para ponerte: "loko, tkm muxo"?. Ahora, las generaciones hasta saben escribir. Vamos hacia atrás.

2 No teníamos que vivir en un postureo continuo

Mi cara al ver el cuarto de kilo

#instafoodie, #gymtime, #instaselfie o #handsome. Todas estas etiquetas egocéntricas contemporáneas hacen referencia a lo mismo: nos preparamos el desayuno para mostrar lo cocinitas que somos, vamos al gimnasio para que digan que somos muy sanos y nos hacemos fotos para que la gente diga lo guapo que somos.

¿Te imaginas parar a un desconocido por la calle y soltarle 'esta mañana me he preparado un desayuno vegano #instafoodie y ahora me toca el #gymtime que luego tengo el #work y tengo que estar #handsome'? Sí, hay muchas cosas que deberíamos plantearnos en esta vida.

3 Nos ahorrábamos traumas psicológicos

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Sí, los dramas del primer mundo. El aburrimiento es preocupante y la posibilidad de echar mano del teléfono a ciertas horas puede llegar a ser preocupante. ¿Que te encuentras en el váter y no tienes nada que hacer? Selfie. ¿Que te encuentras a un perro cagando detrás tuya? Selfie ¿Que acabas de acostarte con tu pareja? Selfie, no vaya a ser que tengas que hablar con ella y descubras que es un poco cortita.

A parte de que, generalmente, nos importa la vida de los demás algo así como "un pimiento", lo cierto es que un estudio reciente ha revelado que tanto selfie puede llegar a provocar trastornos mentales como la paranoia. ¡Viva Instagram!

4 Ligar tenía su encanto

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Reconócelo, el encanto del "ligoteo" se ha perdido por completo. Lejos ha quedado aquello de invitar a una copa o una caña, comenzar con un tonteo, que sí-que no, deshojar margaritas y todas esas cosas tan del 2000.

Ahora, todo se ha cambiado por Tinder. Sí, ligar se parece a algo así como jugar a las cartas. Si el/la pretendiente es mínimamente aceptable, le arrastras hacia la derecha. Que no, hacia la izquierda. Es decir, hemos pasado de la cena romántica al mercado del pueblo. Toda una oda romántica.

5 Cuando tomabas algo con tus amigos, les veías la cara sin tener que apartarles de su móvil

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Ya  nadie se acuerda de aquellos tiempos en los que, cuando quedabas con tus amigos, lo hacías para ponerte al día charlando relajadamente. Ahora, llegas al bar, das dos besos, te sientas y corres como un loco a pillar el teléfono, no vaya a ser que la Mari de Puerto Hurraco haya publicado alguna chorrada en el Facebook y no te hayas enterado.

Eso sí, hay algún momento en el que levantas la cabeza del teléfono y ves a tus amigos ahí. Y piensas, qué majos son, ¿les comento algo? Y ahí es cuando subes el selfie y escribes #bestfriends #instafriends #hermanos. Y a continuar con el móvil.

6 Nos aburrimos menos y nos enteramos de todo

Mi cara al ver el cuarto de kilo

No, no todo son pegas. Antes nos enterábamos del último cotilleo del vecino solo si alguien se disponía a jugar al "corre-ve-y-dile". Ahora ya no dependemos de tirar de la lengua a todo el mundo para conocer las desgracias de la gente. ¡Ellos mismos te las relatan en directo!

Así que ya sabes, abrir Facebook y comprar una bolsa de palomitas es un gran plan de fin de semana. Siempre y cuando no tengas amigos, un gato y un gran bote de helado a tu alrededor.

7 Tu gato gordo era un ser feliz

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Sí, a casi todos nos encantan los gatos. Sin embargo, de ahí a que atosigues al pobre haciéndole 250 fotos diarias con las etiquetas #gatogordo, pues ya cansa un poco. Todos sabemos que tu gato no sigue la dieta de la enzima prodigiosa, como Mercedes Milá le recriminaría, pero déjale en paz. El pobre tiene cosas más importantes que hacer, como comer o dormir. ¡Nadie piensa en los gatos!

8 Tenías a tus amigos de toda la vida

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Antes de la irrupción de las redes sociales, nos conformábamos con tener amigos de carne y hueso, con los que charlar y hablar. Ahora tenemos los #likeforlike, #follow4follow y miles de etcétera. 

El caso es que un día terminas por cotillear quién es esa persona que te sigue desde hace tiempo y te preguntas: ¿pero y esta quién es? Cuando entras en su perfil te encuentras con una vietnamita que vive en la otra punta del mundo, y con un nombre impronunciable a la que le encanta subir, sí, fotos de su gato obeso. Y ahí es cuando te entra un halo de curiosidad y te preguntas: ¿por qué me estará siguiendo? ¿le saludo? #help

9 Destrozabas con saña tu propio idioma

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Sí, lo comentábamos antes, pero era importante destacarlo. A tu mejor amigo ya no le va 'heskrivir' cositas como '100pre junts loko', si que ha avanzado al '#instafriends'. A tu novio/a ya no le escribes 'tkm bb' sino #he

Hemos avanzado y tras destrozar el español definitivamente con el uso de SMS -y tuenti en las época canis, que ahí sí que se hacía por gusto y no por necesidad- ahora nos hemos propuesto hacerlo con el inglés. #Lo #que #pasa #es #que #hablar #así #puede #terminar #cansando. ¡Por favor, una clase de lengua castellana!

10 Las meteduras de pata no trascendían tanto -y no nos mofábamos tanto de ellas-

Mi cara al ver el cuarto de kilo

He  de confensarlo. Aún sigo escuchando el gran hit de Ana Botella sobre el "relaxing cup". Incluso lo petó en las discotecas y no comprendo cómo no alcanzó Eurovisión.

Todo ello fue gracias a que su discurso se viralizó en cuestión de segundos. Como el tuit de Pedro Sánchez a Trump. O el de Hero a Samanta Villar.... lo que da para otro punto...

11 No la cagábamos tanto -o al menos, no se notaba tanto-

Mi cara al ver el cuarto de kilo

Hablando en plata, tener tanta posibilidad de acceder a tanta gente, invita a "cagarla" y mucho. Que escribas algo en la intimidad de tu móvil y le des a enviar implica que ese mensaje puede llegar a más de una persona con la que, en un principio no contabas.

No olvidamos a más de un político o cantante envuelto en la polémica. Y, aún mejor que todo: al caranchoa, al que aseguraba que se acostaba con menores de edad pero no, o al que decidió rociar con spray pimienta a un pizzero y la broma le salió por la culata. Si eres propenso a cagarla, ya sabes. Envía cartas. Por tu bien. El siglo XXI no se inventó para ti.

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