Un hombre evita la cárcel después de poner ácido en un dispensador de lubricante de un club gay

Un hombre evita la cárcel después de poner ácido en un dispensador de lubricante de un club gay

El juez ha impuesto al culpable una promesa de buena conducta, por la que deberá demostrar un buen comportamiento durante un periodo de dos años.

Noticias María Pérez García María Pérez García 03 Noviembre 2016 14:09

Hengky Irawan ha evitado la cárcel después de intentar cambiar ácido por lubricante en un local gay. Al parecer, el juez le ha otorgado la oportunidad de atenerse a una promesa de buena conducta, una sentencia similar a un "juramento" de buen comportamiento por parte del acusado. 

El hecho tuvo lugar en agosto de este año, cuando el culpable entró en el club Aarows, situado al oeste de Sidney, con una botella de ácido, un embudo y un cuchillo, con la intención de verter el líquido dentro del dispensador de lubricante. Al intentar manipular la máquina saltaron todas las alarmas anti-sabotaje, por lo que el personal de seguridad del club logró detenerle antes de que vertiera el ácido.

El culpable fue acusado de suministrar venenos con la intención de causar dolor, entrar en un local para cometer un delito grave y de ocasionar daños al mobiliario. 

Comenzó entonces un juicio en el que se enfrentaban dos versiones contradictorias. Por un lado la acusación, que sostenía que la actuación de Irawan era un delito de odio, pues el culpable sabía que el club era un lugar donde se mantienen relaciones sexuales. Sin embargo, por otro lado, se situaba la defensa, que solicitaba que los cargos fueran procesados bajo la Ley de Salud Mental

El culpable fue detenido antes de que pudiera perpetrar el crimen "El culpable fue detenido antes de que pudiera perpetrar el crimen"

"Esto no fue un crimen de odio (...) esto se puede explicar en referencia a la salud mental de mi cliente, que estaba en medio de un episodio depresivo mayor", explicaba el abogado de la corte, según recoge GayTimes. El defensor relató que Irawan intentó entrar en el club hacía unos meses y que fue expulsado de este, por lo que se sintió desplazado y muy agraviado. "No se trata de su orientación sexual, si no que estaba enfurecido por ser excluido" sentenciaba el abogado. 

Finalmente el juez aceptó al argumento de la fiscalía, determinando que había sido un crimen de odio, condenando al acusado a un periodo de vigilancia de dos años, en el que debe demostrar una buena conducta. También ha recomendando tratamiento médico para el culpable. 

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