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Hamilton muestra su cara más homófoba en Instagram: "Los niños no se visten de princesas"

El tetracampeón de Fórmula 1 llegó a humillar a su propio sobrino en un directo de Instagram ante todos sus seguidores.

Ganar hasta cuatro Campeonatos del Mundo de Fórmula 1 no te garantiza estar adaptado a los tiempos que corren. Algo así le ha ocurrido al británico Lewis Hamilton en su perfil de Instagram el pasado día de Navidad. En plena apertura de regalos de Papá Noel, el piloto inglés subió una story en la que grababa a su sobrino con un vestido de princesa.

Lo que forma parte de la normalidad de una mañana de celebración de la llegada de Papá Noel; la estampa de un crío con sus juguetes, se convirtió en unas declaraciones fuera de tono. Dirigiéndose a la cámara de su móvil, Hamilton declaraba encontrarse muy triste al ver a su sobrino vestido así ya que los niños no debían vestir de princesas.

En un acto de candidez y al mismo tiempo de completa normalidad, el pequeño le respondió que "se lo había puesto porque era bonito". Como respuesta completamente homófoba, Hamilton le respondía que "los niños no se visten de princesas", en un vídeo que en minutos se convertía en viral y recibía críticas de toda la prensa inglesa.

No tardó en pedir perdón

Bajo titulares que tachaban el vídeo de Lewis Hamilton como sexista y humillante ante su sobrino, el piloto no tardó en borrar el clip y acudir a su perfil de Twitter para pedir disculpas. Un poco mejor asesorado, el inglés declaraba que "su comportamiento no era aceptable para nadie, y que sin importar la procedencia no se puede estereotipar ni marginar a ninguna persona". El piloto resaltó "que jugaba con su sobrino", y que "adora que se exprese como es, tal y como deberíamos hacer todos"

En apenas un par de tweets, el piloto apuntillaba que "siempre había apoyado a la gente que vive exactamente como quiere vivir" al mismo tiempo que "esperaba que le perdonaran por este lapsus".

Hechos como estos demuestran tanto la necesidad de normalizar el comportamiento y preferencias de los más pequeños sean cuales sean sus gustos, al mismo tiempo que la imparable fuerza de las redes sociales. Un hombre como Hamilton, acostumbrado a ganarse la vida a unos trescientos kilómetros por hora se dio cuenta en apenas segundos que una publicación desacertada en redes sociales puede arruinarte la reputación. 

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