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Efecto Ayuso: cómo explicar el fenómeno

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha barrido a la izquierda en las elecciones del pasado 4 de mayo.

Efecto Ayuso: cómo explicar el fenómeno Efecto Ayuso: cómo explicar el fenómeno

Foto: CordonPress

Las calles de la Comunidad de Madrid son barridas por un aire con cierto aroma a veneración. De norte a sur y de este a oeste barrió Isabel Díaz Ayuso el pasado día 4 de mayo.

Esto ya no son estimaciones demoscópicas ni sensaciones de gurús, es lo que dijeron los madrileños que quisieron participar en la fiesta de la democracia dejando el dato más elevado de la historia.

Las elecciones solo podías analizarse entre dos bloques estancos, el de derechas y el de izquierdas, y hasta eso fue capaz de superar la invicta presidenta madrileña. No solo ganó, sino que lo hizo con tanto margen que tiene más diputados que los tres partidos del bloque de izquierdas juntos, por lo que no necesitará ni el apoyo de VOX, tan solo la abstención.

El icono que rompe moldes

Pero, ¿qué está pasando, cómo puede explicarse el fenómeno Ayuso? En estas ocasiones lo mejor es salir a la calle y escuchar de forma activa a los ciudadanos, alejándose de grandes artificios y sesudas teorías que solo los manuales soportan. Ayuso ha conseguido tener una marca propia, la cual, en estos momentos, está infinitamente mejor valorada que la del partido al que representa. Ayuso no ganó por ser del Partido Popular. El Partido Popular ganó porque la candidata era Ayuso. Partiendo de esta premisa, ya podemos afirmar que el resultado en la Comunidad de Madrid no es extrapolable al ámbito nacional. Ni Casado es Ayuso ni Sánchez es Gabilondo. Es más, ni el comportamiento electoral en la Comunidad de Madrid comparte un solo rasgo con el nacional.

Ayuso ha sabido construir un traje de líder y gestora eficaz que le sienta como un guante. Ha confrontado con todos y con todo, y le ha salido bien, su imagen ya es figura pop que está en posición de privilegio -y amenaza- respecto a otros políticos, no solo de su partido, también de los demás.

Isabel Díaz Ayuso llegó a la presidencia en junio de 2019 y a los pocos meses le tocó librar la batalla más dura que se recuerde en los últimos tiempos, la pandemia de la Covid-19. Decidió hacer frente a tan colosal desafío de una forma peculiar, diferente al resto, "a la madrileña", buscó un equilibrio entre salud y economía, se enfrentó al Gobierno de la Nación y a sus homólogos en otras Comunidades Autónomas, y a la hora de la verdad, en las urnas, se ha demostrado que los ciudadanos valoran de forma extraordinariamente positiva esa gestión.

Pareciendo poco eso, despojó a la izquierda una palabra que, hasta ese momento, solo podían utilizar ellos, "libertad". Tanto se apropió de ella la presidenta madrileña que en la carta que se envía para, habitualmente, pedir el voto, ella solo plasmó su cara y esa palabra; quedando así indefectiblemente unidas. Su política con marcadísimo carácter regionalista, "aquí se vive a la madrileña", le ha servido para situarse de frente ante cualquier desafío nacional. Ella ya no necesita intermediarios para confrontar con Sánchez, pues ha conseguido que Sánchez baje al nivel autonómico y confronte con directamente con ella. Podría decirse, sin temor a equivocación, que el contrapeso al Presidente Sánchez es ella, no Pablo Casado.

Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso, reunidos en la Puerta del Sol para analizar la estrategia de la pandemia en septiembre de 2020 "Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso, reunidos en la Puerta del Sol para analizar la estrategia de la pandemia en septiembre de 2020"

Ayuso se recorrió la Comunidad y tomó buena nota del pulso que latía en los madrileños, por eso gobernó como lo hizo y planteó una campaña brutal que, empujada hacia el éxito por el error de cálculo de Pablo Iglesias, hizo de su eslogan de campaña la razón de votar de muchísimos madrileños, "comunismo o libertad".

Se confunden gravemente los que en estos días de análisis y resaca electoral creen que los que están instalados en el error son los madrileños y la propia Ayuso, pues con esa actitud tienen tan lejos la victoria en el futuro como cercano el ser oposición sin opciones de nada.

Ayuso, como decíamos, es ya una figura pop, es una política diferente, atrevida, que no se calla ni achanta y rompe moldes y corsés creados hace ya mucho tiempo. Es, aunque no lo crean, transgresora. La izquierda madrileña tiene un enorme problema que se llama Ayuso, pero no solo eso, también de liderazgo, pues encuentran un candidato capaz de hacerse el traje a medida para Madrid o no tendrán opciones ni de animar a votar a los suyos.

Es amada u odiada, no hay punto medio, pero todo parece indicar que la balanza se decanta más hacia el amor que hacia el odio. Ella buscaba ser la Juana de Arco madrileña y, sabiéndolo o sin saberlo, para un importantísimo número de madrileños, se ha convertido en la libertad guiando al pueblo.

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