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La difícil relación de Finlandia y Suecia con Rusia: una tensión de siglos que alcanza un nuevo pico con el posible ingreso en la OTAN

Rusia ha mantenido complicadas relaciones históricas con ambos países desde la época del Imperio de los zares.

La difícil relación de Finlandia y Suecia con Rusia: una tensión de siglos que alcanza un nuevo pico con el posible ingreso en la OTAN La difícil relación de Finlandia y Suecia con Rusia: una tensión de siglos que alcanza un nuevo pico con el posible ingreso en la OTAN

Foto: CC | Wikimedia Commons

El anuncio del presidente y la primera ministra finlandeses de solicitar la adhesión a la OTAN, con el apoyo del 76% de los ciudadanos, ha generado una nueva escalada de tensión. Moscú ya ha avisado de que el ingreso de este país, con el que comparte una frontera de unos 1.340 kilómetros de largo, supone una amenaza para sus intereses militares.

Se trata, sin duda, nuevamente, de otro fracaso para los intereses de Vladímir Putin, que comprueba que una organización que antes de la invasión de Ucrania se veía como anacrónica, desgastada y agotada como la OTAN, vive un nuevo resurgimiento, como ya explicamos en este artículo, con países interesados en adherirse con los que directamente comparte frontera.

Pero todos estos movimientos, también, son consecuencia de una mala relación entre Rusia y sus vecinos, Finlandia y Suecia, que se extiende a lo largo de los siglos. Un pasado complicado que hace mella y que genera desconfianza a la hora de interacciones entre dichas naciones.

Para comprender la situación, cabe remontarse a la época del Imperio Ruso, siglos XVII y XVIII, cuando los zares intentaron conquistar Finlandia, entonces parte del reino sueco. El rey Carlos XII de Suecia invadió y conquistó partes de Rusia a principios del siglo XVIII, pero perdió una batalla en Poltava, actual Ucrania, ante el zar Pedro el Grande.

Esta derrota provocó el final de Suecia como una gran potencia importante en el norte de Europa, y finalmente perdió a Finlandia ante Rusia en una guerra en 1809, convirtiéndola en un territorio autónomo del imperio ruso, el Gran Ducado de Finlandia.

La independencia de Finlandia

Finlandia aprovechó la inestabilidad generada por la Revolución Rusa en 1917 para declarar su independencia el 6 de diciembre de dicho año. Después de algunas décadas y justo antes de la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaron un pacto de no agresión que incluían protocolo secreto que asignaba a Finlandia, así como a Estonia y Letonia, como parte de la denominada 'esfera de influencia soviética'.

El Ejército Rojo atacó Finlandia en 1939, lo que derivó en la conocida como Guerra de Invierno, en la que Finlandia se defendió por sí sola de la invasión soviética. Las peticiones de ayuda occidental fueron completamente ignoradas y Helsinki terminó aliada con la Alemania nazi en la guerra contra la Unión Soviética entre 1941 y 1944.

Combates durante la Guerra de Invierno Combates durante la Guerra de Invierno, imagen de sustitución
Combates durante la Guerra de Invierno CC | Wikimedia Commons

Finlandia perdió casi el 10% de su territorio ante la URSS en el Armisticio de Moscú en septiembre de 1944. Por ello, reubicó a 400.000 habitantes, el 11% de su población, de territorios perdidos, así como pagar indemnizaciones de guerra por valor de 300 millones de dólares.

Además, se vio obligada a depender de Moscú, firmando el Acuerdo de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua en 1948, de forma que quedó completamente aislada del bloque occidental. El entonces presidente finlandés, Urho Kekkonen, en el cargo entre 1956 y 1982, basó su política en mantener relaciones amistosas y estrechas con Rusia para mantener el mayor grado de independencia posible y evitar cualquier conflicto, táctica que se ha conocido como 'finlandización'.

El presidente finlandés, Urho Kekkonen, coloca un clavel rojo en el ojal del presidente soviético, Leonid Brézhnev, en un almuerzo en la embajada soviética El presidente finlandés, Urho Kekkonen, coloca un clavel rojo en el ojal del presidente soviético, Leonid Brézhnev, en un almuerzo en la embajada soviética, imagen de sustitución
El presidente finlandés, Urho Kekkonen, coloca un clavel rojo en el ojal del presidente soviético, Leonid Brézhnev, en un almuerzo en la embajada soviética CC | Wikimedia Commons

Con el final de la Guerra Fría, Finlandia salió rápidamente de la sombra rusa y se adhirió a la Unión Europea en 1995, así como a la Eurozona en 1999. El país pasó de la neutralidad a la no alineación militar, pero optó por no entrar en la OTAN.

Hasta 2020, solo el 20% de los finlandeses se mostraban de acuerdo en ingresar en la Alianza Atlántica, la mayoría creía que la paz se sostendría mediante una vinculación amistosa con Rusia. Sin embargo, la invasión de Ucrania ha cambiado por completo la percepción de la ciudadanía, con un 76% a favor de adherirse a la OTAN y solo un 12% en contra.

El caso sueco

En cuanto a Suecia, cabe destacar que no ha mantenido ningún conflicto bélico con Rusia desde 1809, cuando perdió a Finlandia ante Rusia. En el siglo XX sí ha colaborado con Finlandia, a quien prestó algunos aviones militares cuando fue atacada durante la Guerra de Invierno de 1939, pero se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Suecia, a pesar de haber mantenido una posición crítica respecto a las dos potencias dominantes (EEUU y URSS), sí que mantuvo un acuerdo secreto con Estados Unidos por el que Washington acudiría en su defensa en caso de sufrir un ataque de Moscú. Un pacto firmado a partir de la década de 1960.

Durante la Guerra Fría, Suecia mantuvo crisis con la URSS, generalmente por infracciones de submarinos en sus aguas. El incidente más grave se produjo cuando varios aviones de guerra soviéticos derribaron dos aviones suecos, uno militar y otro civil, con pocos días de diferencia, sobre el mar Báltico. La URSS no reconoció oficialmente estos hechos hasta 1991.

Otra de estas crisis fue bautizada como Whisky on the rocks, un submarino que encalló en la costa en el sur de Suecia. Las autoridades suecas dijeron que habían detectado radiación que indicaban la presencia de un buque con armas nucleares, pero después de 10 días de intercambios diplomáticos, el submarino fue sacado y devuelto a los soviéticos.

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