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Detienen al violador del Estilete por violación tras su salida adelantada de la cárcel

Vidal Anido ya había sido investigado en 2014 por un intento de agresión, aunque finalmente fue liberado un año después.

Félix Vidal Anido, conocido como el violador del Estilete, ha sido nuevamente detenido esta semana en Asturias tras cometer una nueva agresión sexual. Anido había sido condenado a 70 años de cárcel en 1994 por cometer una veintena de agresiones sexuales, pero solo permaneció 30 años tras el fin de la Doctrina Parot.

Anido es un viejo conocido de la Policía. Ha pasado más de media vida en prisión. Su salida en prisión ha demostrado que no ha cumplido su fin más básico: la rehabilitación para integrarse en la vida diaria.

El violador del Estilete, durante su salida de prisión "El violador del Estilete, durante su salida de prisión"

Su último crimen sucedió el pasado 22 de diciembre en Oviedo. La víctima tardó un mes en denunciar los hechos, pero la Policía decidió ordenar su detención de manera inmediata, teniendo en cuenta sus antecedentes.

Además, no es la primera vez que Anido reincide. En 2014 volvió a ser investigado y condenado por un intento de agresión sexual, aunque un año después, el 31 de diciembre de 2015, la Justicia ordenó su salida de prisión.

Incapaz de controlar sus impulsos

El historial de Félix Vidal Anido demuestra su incapacidad de controlar sus impulsos, lo que ofrece dificultades para su reintegración en la sociedad. Algo que, no obstante, ya se ha demostrado tras pasar tres décadas entre rejas.

Su historial se remonta a al época en la que tenía 14 años. Por aquel entonces, Vidal Anido fue detenido por cometer cinco violaciones, lo que le llevó al ingreso en un reformatorio como parte de su condena.

El violador del Estilete fue condenado a 70 años de cárcel por cometer una veintena de agresiones "El violador del Estilete fue condenado a 70 años de cárcel por cometer una veintena de agresiones"

Tres años después, cuando tenía 17 años, Anido volvió a reincidir. Durante su estancia en la mili en Alcalá de Henares (Madrid), la Justicia le condenó por realizar otras 14 violaciones consumadas o en grado de tentativa.

Tras estas condenas, Anido recibió un permiso penitenciario en 1987. Fue en ese momento, en la ciudad de Lugo, cuando atacó a una médico, le asestó una docena de cuchilladas y la dejó al borde de la muerte. También llegó a amordazar con una almohada a una trabajadora doméstica, la ató a una cama, la violó y orinó sobre su cuerpo.

El propio Anido confesó que, en el momento en el que siente sus impulsos, se siente empujado a agredir sexualmente a mujeres: "Prefiero chicas jóvenes y vírgenes, satisfacen mis instintos", llegó a confesar ante el tribunal.

Sus repetidos ataques han incluido todo tipo de agresiones y vejaciones contra todo tipo de mujeres y menores. Entre sus víctimas se encuentran, incluso, niñas de tres años.

No es el primer caso de este tipo

La resolución europea que anulaba la doctrina Parot de forma retroactiva, sirvió para que salieran de la cárcel todo tipo de criminales. Sin cumplir su condena de manera íntegra. Entre ellos, se encuentran varios delincuentes sexuales, integrantes de grupos terroristas y personas especialmente radicalizadas.

El caso que mayor expectación ha generado hasta la fecha es el del violador del ascensor, Pedro Luis Gallego. Condenado a 300 años de prisión por cometer 18 violaciones y dos asesinatos, tan solo cumplió algo más de un año de prisión por cada uno de los delitos que cometió.

El violador del ascensor volvió a reincidir poco después de su salida de prisión "El violador del ascensor volvió a reincidir poco después de su salida de prisión"

Poco después de su salida en libertad, las autoridades volvieron a ordenar su detención por haber agredido sexualmente a cuatro mujeres, siguiendo el mismo 'modus operandi'.

El agresor actuaba de la siguiente manera: acude en coche al lugar de los crímenes. Allí, descendía del vehículo con la cara tapada y comenzaba a seguir a sus víctimas, siempre de noche para no ser descubierto. En ese momento, las mujeres se percataban de lo que sucedía y comenzaban a correr pensando que se trataba de un ladrón. Entonces, él sacaba su pistola y las apuntaba, amenazando con asesinarlas si no accedían a subir a su coche.

Les tapaba los ojos y las introducía contra su voluntad en el vehículo, para llevarlas a una zona privada donde cometía todos sus actos delictivos. Tras mantenerlas dos o tres horas secuestradas, las dejaba en otro punto indeterminado de Madrid.

Todos los testimonios coincidieron, a pesar de que las cuatro mujeres no se conocían entre sí y no habían tenido ningún tipo de relación previa con su atacante.

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