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Política

Los desafíos de Joe Biden como nuevo presidente de Estados Unidos

Tras el atípico Inauguration Day, el demócrata ya ocupa la Casa Blanca para hacer frente a cuatro años llenos de retos.

Los desafíos de Joe Biden como nuevo presidente de Estados Unidos Los desafíos de Joe Biden como nuevo presidente de Estados Unidos

Foto: CordonPress

Con toda la solemnidad que los Estados Unidos de América reserva para las ceremonias de toma de posesión del poder, Joe Biden se ha convertido en el cuadragésimo sexto Presidente de la Nación, un acto cargado de simbolismo por las presencias, pero también por la ausencia del Presidente saliente, algo insólito desde hace muchos años.

En democracia es tan o más importante saber perder que ganar, por eso en sus últimos días Donald Trump perdió el escaso crédito que le quedaba como Jefe de Estado de la mayor potencia mundial, lanzándose a un vacío tenebroso y de descrédito que solo encuentra semejanza en años aciagos del país. El asalto al Capitolio mientras se certificaba la victoria del demócrata, las marchas violentas y, por novedoso en el siglo XXI, la censura a sus perfiles en redes sociales ponen colofón a cuatro años de estridencias y populismo.

Biden, a pesar de su anodino carácter, escaso carisma y soñoliento parlamento, ganó con holgura y tranquilidad, cosechando un porcentaje de votos superior al de sus antecesores e histórico en la consolidada democracia estadounidense. No sirvió esto para calmar las ansias de revancha del magnate republicano, que ha recurrido ante los tribunales los resultados electorales por entender que hubo estafa.

La Administración Biden tiene por delante una ardua tarea que, por imposible, podrá culminar en los cuatro años venideros, pero sí asentar -o reasentar- unos sólidos principios para conseguir que Estados Unidos siga siendo una potencia hegemónica mundial y, sobre todo, una democracia sólida y consolidada con certificado ganado por el inexorable paso de la historia.

Cuatro años para un reto colosal

Kamala Harris y Joe Biden durante la toma de posesión "Kamala Harris y Joe Biden durante la toma de posesión"

No son pocos los desafíos que tiene la nueva Administración por delante, pero uno de ellos es extremadamente urgente por su capacidad destructora. La COVID-19 ha plantado cara a todos los Estados del mundo, provocando la adopción de medidas drásticas e inimaginables hace un tiempo. En Estado Unidos la pandemia se ha cobrado ya demasiadas vidas, por lo que Biden-Harris (primera mujer afro y asiática americana en ostentar el cargo de Vicepresidenta del país) han de tomarse en serio este desafío.

Estados Unidos ha de volver al acuerdo de París si quiere recuperar su credibilidad frente a la lucha contra el cambio climático. Así mismo ha de poner fin al veto migratorio a países con mayoría musulmana, pero no solo eso, pues la brecha se ha agrandado en los últimos cuatro años, consolidando el racismo y la xenofobia como uno de los problemas más acuciantes del país.

En política exterior Biden encontrará un escenario realmente endiablado, pues tendrá que recuperar el peso internacional que perdió el país en los últimos cuatro años, salir del ensimismamiento y atender a desafíos multipolares que amenazan seriamente la hegemonía de la potencia americana. China está al acecho de tan ansiado puesto, por eso ha emprendido una batalla tecnológica de la que no va a desistir. La nueva Administración no debe hacer caso omiso, pero tampoco plantear una política frentista; lejos de eso ha de poner el foco en el desarrollo tecnológico, campo en el que aun lleva ventaja, dejando de depender tan fuertemente de otros países y poniendo en alza su cadena de producción.

Rusia también marcó la Administración Trump desde antes de llegar al poder. La relación entre ambos países ha sido un constante tira y afloja del que nada bueno se ha podido sacar, por eso Biden tendrá que hilar fino para apaciguar desconfianzas y contribuir al enfriamiento de unas tensas relaciones entre dos potencias altamente armadas a nivel militar y nuclear. No podrán cooperar por su antagonismo histórico, pero sí deben contribuir a la paz mundial.

Europa gana puntos con la llegada de Biden al poder, pero no por eso lo tendrá fácil ni podrá entretejer las relaciones pasadas. La salida de Reino Unido de la Unión amenazó con suponer también una ruptura con Estados Unidos, pero Johnson no encontrará en Biden un interlocutor tan favorable y proclive al cierre comercial. No obstante, la Unión tiene por delante un tremendo desafío: rebajar la dependencia que tiene de la potencia americana. Las dos orillas del Atlántico tendrán que cooperar en numerosos asuntos para hacer frente a los desafíos que se plantean desde otras latitudes, pero también para reforzar una relación basada en la confianza mutua.

Volviendo a las fronteras internas del país, la nueva Administración tendrá que atender a la creciente polarización, la cual amenaza los pilares más básicos de la democracia estadounidense y, por ende, la credibilidad en sus instituciones. Biden tiene por delante cuatro años para bordar con esmero y empeño un nuevo proceso que facilite la rica y múltiple convivencia entre los ciudadanos de Estados Unidos. Esta labor de manufactura es su mayor desafío y no puede culminarse en cuatro años, pero sí va a depender de él y de su pericia -contrastada a lo largo de los muchos años que lleva en política- que la confrontación se aminore y el entendimiento vuelva a un país que siempre tejió su convivencia con hilo fino y delicado.

Otros desafíos a los que se enfrenta el país es a una importante crisis económica que tendrá mucho que ver con la actuación de la Reserva Federal, el nuevo resurgir del partido republicano tras la época Trump y el impeachment al Presidente saliente, que amenaza con ensombrecer el nuevo mandato y ocupar numerosas noticias en el futuro, avivando la constante y real amenaza de la vuelta de Trump al desafío electoral de 2024.

En todo caso, Biden, a sus 78 años, asume un reto colosal, tiene por delante cuatro años para responder a estos y otros muchos desafíos, pero, sobre todo, para demostrar que en los Estados Unidos de América "prevalece la democracia".

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