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Así puede afectar a tu cerebro el consumo excesivo de porno

El consumo excesivo de pornografía puede convertirse en una adicción y provocar consecuencias psicológicas, sexuales y sociales.

Así puede afectar a tu cerebro el consumo excesivo de porno

La pornografía es, literalmente, la "descripción o representación de escenas de actividad sexual". Y así ha sido siempre: da igual que nos remontemos a los frescos con imágenes de sexo que se hallaron en Pompeya o al papiro egipcio del 1.500 a.C que ya mostraba este tipo de imágenes.

Sin embargo, es cierto que a día de hoy el consumo es todavía más sencillo debido a la gran accesibilidad que tiene este tipo de contenido. Sin embargo, ¿qué consecuencias puede acarrear consumir porno de forma compulsiva? Según muchas investigaciones, esto podría provocar efectos negativos a nivel neurológico, además de otros problemas psicológicos, sexuales y sociales.

El peligro de las adicciones

Hay adicciones de todo tipo en esta vida. Bien lo mostraba aquel programa de Xplora, 'Mi extraña adicción', donde veíamos gente adicta a la lejía, la gasolina o incluso abono. Eso sí, hay veces en las que algo pasa a consumirnos y no nos damos ni cuenta.

Empezamos a dar caladas a unos cigarros, luego a fumar en fiestas y luego nos terminamos un paquete cada día. Así puede ocurrir también con el porno; comenzamos a consumirlo de forma obsesiva hasta que no podemos dejar de hacerlo.

Por ello, el Instituto Karolinska de Suecia llevó a cabo un estudio que determinó que al consumir porno liberamos dopamina, sustancia clave para el sistema de recompensa del cerebro. La dopamina se segrega así de forma antinatural y excesiva, provocando que el cerebro necesite cada vez más para sentirse satisfecho.

Y no solo eso, de hecho, el cerebro nos pedirá repetir la misma acción para encontrar satisfacción. De esta manera, llegará un punto en el que no nos servirá siquiera el hecho de mantener relaciones sexuales con otra persona.

Así pues, las personas suelen buscar relaciones fuertes y extremas, lo que puede provocar que se den episodios más violentos o se genere más tolerancia a los mismos, pues el cerebro imitaría aquello que tanto ve.

No obstante, un exceso de dopamina podrá provocar también desórdenes cardiovasculares, renales, estomacales, endocrinos e incluso episodios de depresión.

El porno puede convertirse en una adicción "El porno puede convertirse en una adicción"

Aprendizaje y memoria podrían verse afectados

El Centro de Psicología del Ciclo Vital en Berlín, además, concluyó en 2014 que el excesivo consumo de pornografía afecta al volumen de materia gris que tenemos en el lóbulo derecho del cerebro. Esto se traduce directamente al tejido neuronal relacionado con la inteligencia, lo que quiere decir que, si se reduce, funciones como el aprendizaje y la memoria podrían verse afectadas.

A su vez, este consumo de pornografía afectaría también a la corteza prefrontal, la zona que se encarga de la función ejecutiva: la moralidad, la fuerza de voluntad y también el control de los impulsos. De esta manera, nos costaría controlarnos de forma parecida a la que sucede con los niños.

Una realidad distorsionada

El consumo de pornografía, a su vez, afectará aun más a adolescentes, puesto que su cerebro está todavía en pleno desarrollo. Las modificaciones morfológicas que pueda haber en nuestro cerebro podrían repercutir de forma psicológica y social.

Rafael Román, psicólogo de Ifeel especializado en diversidad sexual y de género, declaró que una adicción a la pornografía a una edad temprana "permite obtener un placer de una manera relativamente sencilla y con un coste, pues no tengo que esforzarme por conseguir una pareja sexual ni enfrentarme a las implicaciones de tener un encuentro sexual normal. La mayor parte de las personas que consumen pornografía manejan esto con total normalidad, los problemas aparecen cuando la pornografía se convierte en la única fuente de gratificación".

De esta manera, el "adicto" tendrá una realidad distorsionada y todo aquello desembocará en cuestiones de autoestima, ya que sentirán que deben cumplir con unas expectativas que han visto. Todo ello, por supuesto, "influye mucho en la manera de relacionarse con los demás, el estado de ánimo, el nivel de ansiedad y en situaciones sociales o de más carga afectivo-sexual en particular", concluyó Román. 

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