El programa de compra de bonos del BCE no está cumpliendo sus objetivos

El programa de compra de bonos del BCE no está cumpliendo sus objetivos

A pesar de que el año pasado el BCE puso en marcha su plan de expansión cuantitativa, en el que se han invertido 60.000 millones de euros mensuales, la economía de la eurozona sigue sin despegar, y con ella, tampoco la inflación.

Economía Lola L. Muñoz Lola L. Muñoz 12 Septiembre 2016 09:45

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, anunció la semana pasada que no habrá ningún cambio en el programa de compra de activos financieros en forma de deuda pública y privada, al menos hasta diciembre. El anuncio llega meses después de que el BCE comenzase a aumentar las compras de deuda privada en forma de bonos, lo que de por sí ha generado un debate sobre los destinatarios de este programa europeo; además, el anuncio también ha llegado en medio de unas cifras económicas nada halagüeñas: el crecimiento económico es leve y la inflación continúa estancada.

La estimulación económica y la inflación: los objetivos del QE

El BCE no hará cambios en el programa de QE, al menos hasta diciembre "El BCE no hará cambios en el programa de QE, al menos hasta diciembre"

En enero del año pasado el Banco Central Europeo anunció un programa multimillonario de compra de deuda, principalmente pública, con el objetivo de estimular la economía. La idea era comprar bonos en el mercado secundario -es decir, donde los inversores recompran y revenden deuda una vez que ya ha sido subastada por los Estados- cuyo plazo de vencimiento se encontrase entre 2 y 30 años, y cuyo tipo de interés no bajase de -0,2%, la tasa que en aquel entonces cobraba el propio BCE por hacer allí un depósito de dinero.

Así, Mario Draghi puso en marcha el programa en marzo de 2015 y anunció que hasta septiembre de 2016 el BCE estaría comprando estos bonos por valor de 60.000 millones de euros al mes, de forma que se alcanzase un total de 1,14 billones de euros. Esto es lo que se ha empezado a conocer de forma oficiosa como 'expansión cuantitativa', una traducción directa del término Quantitative Easing (QE) que utilizó la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, para su propio programa de estímulos masivos a través de la compra de activos financieros o el cambio de tipos de interés.

El objetivo de esta actuación es doble: por un lado, se trata de subir los tipos de interés de los bonos públicos a través de su compra, para que así los inversores dirijan su dinero a la economía productiva, más rentable. Esta medida, por otra parte, implica que los tipos de cambio del euro con respecto al dólar disminuyan, haciendo al euro más débil, y por tanto, estimulando las exportaciones. Y es que en una economía globalizada, el capital se mueve constantemente de un lugar a otro, y si hay muchos euros en el mercado internacional, su valor disminuye.

Mario Draghi, presidente del BCE "Mario Draghi, presidente del BCE"

El otro objetivo se centra en la inflación. En la zona euro se está produciendo deflación, es decir, una bajada generalizada y prolongada de los precios, y la idea es que los precios suban hasta el 2% en 2018. Si la gente no consume, los precios bajan, con lo que la economía no crece; por otro lado, el precio del petróleo a la baja no hace más que agravar este problema.

De deuda pública a deuda privada

Este programa del BCE sufrió cambios un año más tarde, en marzo de 2016, cuando Mario Draghi anunció que las compras aumentarían hasta los 80.000 millones de euros mensuales y que el programa se acabaría en marzo de 2017. También anunció que el banco empezaría a comprar deuda corporativa, es decir, de empresas. Esta compra estaría condicionada a que las empresas fuesen sociedades no bancarias establecidas en la zona euro y que tuviesen un grado de inversión, lo que implica que las agencias de rating la consideren por encima del bono basura.

Entre las empresas que se verán beneficiadas de este dinero del BCE se encuentran Anheuser-Busch, la mayor cervecera del mundo, Telefónica, Siemens y Renault, según explica la agencia Bloomberg en declaraciones recogidas por El País. Otras empresas beneficiadas han sido Iberdrola y Repsol, tal y como publicaba Expansión el pasado mes de julio, cuando se habían destinado 10.400 millones de euros a la compra de los bonos de estas empresas.

Los problemas de usar así la máquina de hacer dinero

Telefónica, una de las empresas beneficiadas por el BCE "Telefónica, una de las empresas beneficiadas por el BCE"

A pesar de todo esto, la inflación actual de la eurozona se sitúa al 0% y el crecimiento económico del segundo trimestre del año se sitúa en un 0,3%, la mitad del crecimiento que se produjo en el primer trimestre.

Y es que, por un lado, que los bancos tengan dinero para prestar no significa que las empresas y los particulares quieran pedir prestado. Según publica El País, tomando como referencia el Producto Interior Bruto, la deuda privada en España asciende al 149%. Es decir, con todo lo que se produce en España anualmente no hay dinero para pagar toda la deuda de las empresas y las familias. De hecho, la tendencia de empresas y particulares es la de pagar la deuda que ya tenían contraída, no la de endeudarse más. Prueba de ello es que, según el mismo artículo de El País, desde 2008 las sociedades no financieras y las familias han recortado sus deudas a razón de 70.000 millones por año.  

Y este escenario se produce si damos por hecho que los bancos van a invertir en el sector productivo de la economía. Podría ocurrir que el dinero que el BCE pone en mano de las empresas a través de la compra de bonos se utilizase para invertir, a su vez, en otros productos financieros, con lo que aumentarían los precios de éstos. Así, lo único que se habría conseguido es un aumento de las acciones de las empresas sin un aumento de la producción en la economía real; es decir, tendríamos otra burbuja financiera.

Las familias y las empresas están recortando la deuda "Las familias y las empresas están recortando la deuda"

Dado que estas inyecciones de liquidez también han ido dirigidas a la deuda pública y que tienen como objetivo el estímulo económico, una solución sería que los Estados utilizasen ese dinero para aumentar sus presupuestos e invertir en la economía productiva. Sin embargo, el control que se ejerce desde Bruselas sobre el déficit de los diferentes miembros de la Unión -especialmente los del sur- y el escepticismo con el que Alemania recibió estas medidas del BCE hacen pensar que esta opción tampoco es viable.

Por último, también cabría preguntarse si es justo que únicamente las grandes empresas reciban estas ayudas por parte del Banco Central Europeo. Si el dinero se inyecta a través de la compra de bonos que tengan un grado de inversión, está claro que las pequeñas y medianas empresas se quedan fuera del reparto, puesto que no suelen financiarse a través de bonos que, a su vez, estén evaluados por agencias de rating.

No se saben cuáles son los cambios que se van a producir en los próximos meses a este respecto, si es que se van a producir. Sin embargo, parece que para lograr el estímulo económico que se persigue, algunos cambios harán falta.

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