La cogida de Fran Rivera reabre el debate de la tauromaquia

La cogida de Fran Rivera reabre el debate de la tauromaquia

La grave cogida sufrida por Fran Rivera hace unos días en Huesca ha reavivado el debate sobre la tauromaquia.

Vida Dany Blázquez Dany Blázquez 21 Agosto 2015 12:40

La cogida sufrida por Fran Rivera hace unos días ha servido para reavivar el debate que separa a los españoles desde hace décadas, incluso más que la independencia catalana. Mientras que los antitaurinos más radicales han deseado improperios para el torero; otros, como es el caso de Julio Ortega Fraile esperaba que el hijo de Paquirri no sufriera secuelas físicas, sino «consecuencias éticas».

Todo este revuelo coincide con la emisión en Televisión Española de la corrida de San Sebastián, que volvía este trece de agosto tras dos años sin celebrarse. En twitter se alzó como primer trending topic el hashtag #SíalosTorosenTVE, mientras que los tuiteros contra el maltrato animal intentaban colar en la lista el hashtag contrario.

Fran Rivera y su aparatosa cogida en Huesca "Fran Rivera y su aparatosa cogida en Huesca"

El debate está servido. ¿Toros sí o toros no? «Toros, tortura; ni arte ni cultura» contestarían los antitaurinos. El grupo contrario defiende que se trata de una fiesta nacional, cuya tradición pone frente a frente a dos animales que luchan por sobrevivir en igualdad de condiciones. El toro, bravo por naturaleza, se deja guiar por sus instintos para acabar con el torero que, utilizando sus capacidades innatas, logra terminar con la vida del animal mientras el público grita «¡olé

Pero, ¿qué pasaría si el toro no se comportase como una fiera de nacimiento? ¿Qué ocurriría si su naturaleza no fuera la de atacar con sus cuernos, sino la de dar amor, cariño y jugar como si de un fiel perro se tratase? Pues esto mismo lleva años intentando demostrar el camionero francés Christophe Thomas.

El curioso caso de Fadjen

Christophe visitaba un bar junto a su padre cuando era pequeño en el que una enorme imagen de dos metros cuadrados colgaba de la pared mostrando una escena de una corrida de toros. El francés no veía, de entonces, más que la imagen de un hombre divirtiéndose con un toro. Pero más tarde sus pensamientos comenzaron a cambiar y empezó a comprender lo que significaba una corrida. Fue entonces cuando se prometió a sí mismo que cuando fuera más mayor salvaría a aquel animal. Con treinta y seis años decidió comprar un toro de lidia. Lo hizo en Barcelona, de casta Domecq. Recuerda que el señor que se lo vendió preguntó si Christophe tenía perro. Él contestó que sí y el ganadero le dijo: «si cuida bien al toro, entonces le será más fiel que su perro».

Y así es como nació Fadjen, el toro que Christophe compró para demostrar que es falsa la idea de que éstos nacen con una furia innata. El camionero explica que su historia de amor comenzó poco a poco. Al principio, su salvador no podía acercarse a Fadjen sin que éste se levantara del lugar donde estaba echado. Más tarde consiguió aproximarse a él e incluso acariciarlo sin que el toro abandonara el lugar. Pero el momento más especial para Christophe fue cuando sintió que entre él y Fadjen había comenzado a nacer una confianza que a día de hoy se prolonga. Ocurrió cuando, en mitad del campo, el francés estaba cepillándolo y Fadjen se tumbó en el suelo. En ese momento nació la bonita amistad entre Christophe y su toro.

Fadjen y Christophe en París "Fadjen y Christophe en París"

Una de las cuestiones que Christophe quiere demostrar es que los toreros no son héroes, y que solo juegan con las características naturales del toro para parecerlo. Por ejemplo, el francés explica que el tiempo que transcurre entre lo que ve un toro y la señal que su cerebro manda a sus patas para atacar es de medio segundo. Esto sirve a los diestros para cambiar de dirección y evitar que el toro los embista.

Este y otros asuntos se tratan en el documental que ha grabado Pablo Knudsen sobre Fadjen y su dueño Christophe. En él se puede comprobar la relación que hay entre ambos, cómo juegan y la manera en que el amor puede cambiar conciencias y transformar prejuicios.

La intención de Christophe es demostrar al mundo que el toro es, en definitiva, un ser amable, cariñoso y bondadoso por naturaleza, y que el carácter feroz y hostil que demuestra en las plazas es solo una consecuencia de la manera en la que son educados para ser toreados. ¿Conseguirá Christophe acabar con la tauromaquia gracias a Fadjen?

Comentarios