El Arzobispado de Barcelona organiza una charla de un gay que dice que los homosexuales no deben tener pareja

El Arzobispado de Barcelona organiza una charla de un gay que dice que los homosexuales no deben tener pareja

Philippe Ariño es un escritor francés homosexual y católico que transmite la idea de que los homosexuales no deben tener parejas ni practicar sexo, pero no se considera homófobo por ello.

Vida Sara Menéndez Espina Sara Menéndez Espina 08 Febrero 2017 17:44

Desde el Observatorio contra la Homofobia (OCH) y el Front d'Alliberament Gay de Catalunya (FAGC), el portavoz Eugeni Rodríguez ha pedido que el Arzobispado de Barcelona cancele una charla que la delegación de juventud de dicho organismo ha programado para los jóvenes católicos. Es impartida por Philippe Ariño, un escritor francés que es gay y católico, y defiende la idea de que los homosexuales no deben practicar sexo ni tener pareja. El objetivo de un homosexual debe ser no ceder ante sus pulsiones y vivir en castidad.

Ariño ha postulado en sus escritos, charlas y entrevistas ideas como que el mundo de la homosexualidad es "violento", o "un mundo de mentiras, que exteriormente se muestra alegre y dentro está lleno de rabia y de tristeza", y que su condición sexual es dolorosa (lo que no sabe es que es dolorosa por la opresión que reciben). Además, yéndonos a un plano más místico, opina que la homosexualidad ha sido elegida por el diablo para esconderse, porque "es el único mal que es nombrado bien, que es justificado como naturaleza, identidad o amor. El resto de males la gente sabe que lo son: aborto, divorcio, homicidio... Pero la homosexualidad, no". Considera que las parejas homosexuales no duran "o acaban agotadas" porque piensan que están enamorados, pero les falta "el alma del amor".

La homosexualidad se cura con castidad

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Afirmaciones injustificadas, sin mayor argumento que sus propias impresiones generadas a partir de su concepción personal del mundo y las relaciones personales; una culpabilización extrema propia del catolicismo; la brutalidad de considerar un mal cosas como el divorcio (y, por tanto, la libertad humana)... Con todo esto, al arzobispado de Barcelona le parece que Ariño es un buen ejemplo para la juventud homosexual catalana. Claro que la Iglesia es el organismo represor de la libertad y la sexualidad por excelencia.

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Para Eugeni Rodríguez, estos contenidos son altamente homófobos y podrían generar estigma en los jóvenes LGTB, algo que va en contra de la Ley Catalana contra la Homofobia, y por eso pide que se cancele la charla y se pidan disculpas.

Sin embargo, el delegado de juventud del Arzobispado afirma que invitar a Ariño no indica que ellos estén de acuerdo con él, pero que es una persona interesante: "Puedes estar en contra o a favor, pero lo importante es que se pueda hablar [...] Él viene a explicar su historia, no dice qué se ha de hacer o no y dice cosas interesantes porque no es un discurso típico". Además, afirma que él "no es antimohosexual". Recuerda a esas situaciones en las que una mujer emite una afirmación machista y los hombres machistas la usan de ejemplo para reafirmarse: "¿Veis, lo dice una mujer?". Pues con el homosexual católico, lo mismo. Él no es anti-gays, solo quiere salvarlos de su "gayismo", ergo, es homófobo.

Parece que el tono conciliador del arzobispado da la sensación de ser muy democrático y que no da lugar a discusión alguna, sin embargo no es así, por dos razones. La primera, es que ha dicho que "a las personas más militantes homosexuales no les gustará, pero tampoco a los católicos más cerrados", como si con la homosexualidad te dieran un carné de militante sindical. La segunda razón es que en cuestiones de humanidad y diversidad, hablar de la orientación sexual, propia o ajena, como de algo anormal y reprimible es, como apunta Eugeni Rodríguez, estigmatizante, sobre todo a edades jóvenes.

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En conclusión, si fuera dar una charla sobre la elección de no tener sexo, o sobre escoger no tener parejas estables en la vida, independientemente de tu orientación sexual, sería algo para ir, debatir y marchar para casa. Considerar que la castidad debe ser el precio a pagar por no ser "normal", y porque el diablo te haya escogido para hacerte gay, perpetúa la opresión sobre un grupo social históricamente en desventaja por los prejuicios del poder heteropatriarcal, y puede generar culpa y daño en los y las jóvenes homosexuales (si es que se considera que nosotras también tenemos pulsiones sexuales y libertad).

Recientemente veíamos cómo medios nacionales, como el ABC y La Razón tenían en su publicidad terapias para "sanar la homosexualidad", uno de los mayores intentos de la Iglesia en la historia. Sin embargo, además de que intentar cambiar la orientación sexual carece de toda ética, está al mismo nivel que experimentos humanos de los nazis, son mentira, no funcionan (por razones evidentes).

Esperemos que los homosexuales católicos puedan llegar en algún momento a compaginar sus creencias religiosas y su vida amorosa y/o sexual, sin culpas, represión, ni prejuicios. Así como con las personas divorciadas y las mujeres que abortan. Y las mujeres, en general. O eso, o nos sentamos a esperar a que la Iglesia, y el resto de religiones, se auto fagociten con su propio afán de hacernos sentir culpables y miserables. Vaya, como los libros de autoayuda, o el capitalismo liberal.

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