¿Por qué el vuelo de ida y el de vuelta no duran lo mismo?

¿Por qué el vuelo de ida y el de vuelta no duran lo mismo?

La diferencia de tiempo entre los vuelos de ida y vuelta se puede percibir especialmente en trayectos de largo recorrido.

Si quieres hacer un viaje desde Buenos Aires a Madrid, a la ida, el vuelo durará 11:40 horas. Pero la vuelta, desde Madrid a Buenos Aires, el trayecto sería de 12:40 horas. ¿Por qué tarda una hora más?

La razón por la que se tarda menos en recorrer un trayecto en un sentido que en otro es un fenómeno meteorológico llamado corrientes en chorro -técnicamente denominado Jet Stream-, un flujo de aire que tiene lugar a unos diez mil metros de altura y que da la vuelta a la tierra alcanzando altísimas velocidades.

"El Jet Stream se produce en la zona que separa la troposfera (la capa de la atmósfera que está en contacto con la superficie terrestre) de la estratosfera, siempre en dirección este, alcanzando velocidades superiores a los 300 kilómetros por hora, por lo que casi siempre los vuelos en dirección Oeste van a ser más largos", explicó a La Vanguardia Alfonso de Bertolano, piloto de Air Europa.

Estos ríos de aire se forman por las diferencias de temperatura entre los polos y el ecuador. Y giran de oeste a este por efecto del movimiento de rotación de la Tierra, por lo que dan la vuelta al planeta en ambos hemisferios. Las cuatro más importantes se sitúan a la altura de los polos y en las zonas subtropicales.

Los aviones se montan en estos chorros de aire como si surfearan y empujados por el viento realizan los trayectos en menos tiempo y con menos gasto de combustible. El único inconveniente que conlleva subir a la corriente en chorro es la turbulencia en aire claro, que en ocasiones se produce debido a la fricción de dos masas de aire que tienen diferentes velocidades y temperaturas.

Los trayectos se realizan en menos tiempo y con menos gasto de combustible "Los trayectos se realizan en menos tiempo y con menos gasto de combustible"

El fenómeno lo descubrió el meteorólogo japonés Wasaburo Ooishi en los años 20 del siglo XX. Lanzó primitivos globos sonda en el monte Fuji y cuando se elevaban a la altura adecuada comenzaban a recorrer Japón a toda velocidad. Esto le hizo concluir que allí había unas corrientes de aire de gran fuerza.

Un fenómeno usado en la guerra

Los militares no tardaron en fijarse en este descubrimiento y en 1944 lanzaron globos con bombas a Estados Unidos. La idea era que llegaran hasta las tierras enemigas surcando el Océano Pacífico hasta la costa de California gracias a las corrientes de chorro.

Y aunque los globos recorrieron 8.000 kilómetros montados en las corrientes, la ofensiva no tuvo éxito. Muchos no explotaron y aunque el gobierno japonés dijo haber lanzado 9.000 globos, se interceptaron menos de 300.

Las únicas víctimas fueron una mujer y cinco niños que murieron en 1945 por la explosión de uno de estos artefactos cuando disfrutaban de una tarde pesca en Oregon. Otros globos han llegado decenas de años después y a lugares inesperados, como el recogido en Alaska en 1992.

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