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La persistente homofobia en Polonia llena sus calles de pegatinas anti-LGTBI

Las protestas aumentan después de la creciente homofobia en las calles del país, que el Gobierno respalda con su propaganda en contra del colectivo.

La persistente homofobia en Polonia llena sus calles de pegatinas anti-LGTBI

La violencia y el odio se ciernen sobre las calles de Polonia. El partido en el poder, el PiS (Ley y Justicia), no apoya a la comunidad LGTBI y se posiciona abiertamente en contra del colectivo. Polonia es de los pocos países que forman parte de la Unión Europea y no permiten la unión civil entre personas del mismo sexo y mucho menos el matrimonio. 

Numerosas protestas han tenido lugar en los últimos días en contra de la represión que sufre el movimiento LGTBI dentro de las fronteras del país. No hace falta tener que recordar los altercados que sufrieron los asistentes al Orgullo de Bialystok, que solo recibieron petardazos, piedras y botellas por reivindicar sus derechos en las calles de esta ciudad, que se estrenaba en la celebración de un Orgullo. Cabe destacar que entre los hooligans que sembraron el caos estaban dos concejales de la ciudad, un profesor y un pedagogo.

La situación ha alcanzado un tono lo bastante crítico como para quedarse en casa. Sin embargo, parece que las voces de las miles de personas que salieron a la calle en Varsovia a mediados de julio y el apoyo de algunos medios de comunicación, como Gazeta Wyborcza o Newsweek, no sirven de nada. La propaganda en contra de la comunidad LGTBI ha llegado hasta tal punto que el periódico Gazeta Polska ha sido sorprendido entregando pegatinas anti-LGTBI en cada uno de sus más de 110.000 ejemplares físicos. El adhesivo contenia una cruz diagonal impresa sobre una bandera arcoíris y una frase que dicta "zona libre de LGTB". 

La única motivación de esta publicación no era otra que motivar a sus lectores a que plagaran las calles, edificios y locales de Polonia con ellas, al parecer, siguiendo las órdenes del Gobierno, con el objetivo de intimidar a los ciudadanos que formen parte del colectivo. Su divulgación y la idea en sí nos llevan hacia atrás en el tiempo y recuerda a la propaganda nazi, en la que los carteles que rechazaban a la comunidad judía estaban presentes en las puertas de las casas y tiendas.

Un tribunal ha ordenado el cese de toda actividad de difusión, con el apoyo de la cadena de librerías más importante de Polonia, que ha paralizado su actividad y ha decidido no vender más copias. Sin embargo, el redactor jefe de Gazeta Polska afirma que seguirá adelante con la venta de los ejemplares. 

"Amenaza a la existencia de Polonia"

A parte de la preocupación que genera un acto de semejante envergadura, la comunidad polaca se ve afectada por la posición del Gobierno que dirige Jaroslaw Kaczynski, cuya ideología ultraderechista ha sembrado el pánico. Su base electoral se ha atrevido a decir que "el lobby LGTB" amenaza la existencia del país y a los niños, en su intento por sexualizarlos, "adoptarlos para violarlos" o romper con "una tradición" con la que el país no se identifica. Otra figura pública que no se libra de las críticas es el primer ministro Mateusz Morawiecki, quien analiza al colectivo y su ideología como un "experimento cultural".

El señor Kaczynski y su élite deben vivir en una realidad paralela, donde allí sea aceptable y esté bien visto que la orientación sexual de las personas se contemple como una tradición. En el mundo real, no. Tampoco de una ideología. 

Las declaraciones se suman a un número de vergonzantes actos que el Gobierno de Kaczynski se ha aventurado a respaldar, como lo son las numerosas amenazas públicas y difamaciones en la televisión pública o publicaciones en medios de comunicación por parte de la ultraderecha, que denostan la imagen de libertad que los ciudadanos del país merecen. El escritor Rafal Ziemkiewizc se atrevió a alentar a los ciudadanos a "disparar a los LGTB, que no son gente de buena voluntad ni defienden los derechos de nadie y cuyo movimiento es una mutación de los bolcheviques y los nazis". 

Estas temerosas y absurdas obras tan radicales, así como las irracionales declaraciones de los más afines a la faceta actual del Gobierno polaco no solo han generado pánico, sino que acaban por inculcar un mensaje violento en la gente, que por su propia seguridad, son partícipes de esa política anti LGTBI. Un chico polaco, que responde al nombre de Piotrha contado a El Español que mucha gente reprimida acaba saliendo a las calles a pegar a la gente porque significa que nos le va a pasar nada.

El retroceso ideológico atenta sobre la Europa actual y la lucha no debe cesar, pues cada vez son más los países que institucionalizan este tipo de políticas incoherentes. Hay que salir a la calle y seguir alzando la voz por la libertad, Europa se la merece, y el mundo también.

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