Eurovisión 2018: Montenegro vuelve a la balada balcánica

Eurovisión 2018: Montenegro vuelve a la balada balcánica

Vanja Radovanovic interpretará 'Inje', una canción oscura con claros sonidos de su tierra.

Una de los grandes tópicos unidos al Festival de Eurovisión es aquel que dice que cada país debe apostar por su música autóctona. En una época como la actual donde el inglés es el idioma fetiche para ir a Eurovisión bajo la idea de que la canción se hace más global (este año 30 de las 43 canciones serán en la lengua de Shakespeare), parece que la victoria de Salvador Sobral ha llevado a que más de una nación vuelva a confiar en su estilo.

Algo así ha pasado con Montenegro. Los balcánicos, que apenas tienen diez años de historia en el festival, en las dos últimas ocasiones se decantaron por canciones en inglés, algo 'más internacionales' que les llevaron al mismo sitio: quedarse en semifinales. De las diez ocasiones donde Montenegro apareció por Eurovisión, solo en dos alcanzaron la final, y en ambas con un denominador común: apostar por la balada balcánica.

Luego de Sergej Cetkovic en 2014 con 'Moj Svijet' y un año después Knez con 'Adio', los balcánicos no volvieron a conocer la final, por lo cual la receta este año era clara, la de volver al formato exitoso además estrenando preselección nacional.

Una preselección caótica

Radovanovic en la final montenegrina "Radovanovic en la final montenegrina"

2018 también ha sido el año del estreno de 'Montevizija', la preselección nacional de Montenegro. A sabiendas de que los primeros episodios de cualquier cosa no suelen ser muy exitosos, el estreno montenegrino dejó mucho que desear

Apostando por cinco finalistas, y acogiendo la final nacional un hotel de Podgorica completamente vacío, las actuaciones fueron todo un proceso de acoples de micrófono, fallos de sonido y una escenografía muy fría. Entre este lío, y con la aparición incluso de su representante en 2017, Slavko Kalezic cantando en castellano, Radja Radovanovic conseguía vencer la final con el favor del público, y llevaba 'Inje' (Escarcha) a Lisboa.

En el momento de la final, apenas un piano y la voz de Radja era lo ofrecido por la televisión montenegrina, un combo bastante pobre para sacar nada en claro de la candidatura. Por suerte con el tiempo ha ido mejorando el asunto, a base de un revamp con mucho más sonido sinfónico y de cuerda, hechos que han hecho crecer a una apuesta que pese a todo lo tendrá muy complicado para alcanzar la final.

Capuchas y escarcha

La vuelta a la balada, gran apuesta montenegrina "La vuelta a la balada, gran apuesta montenegrina"

El pack completo de la candidatura montenegrina se cerraba con un videoclip cuanto menos tétrico. Con localizaciones entre un salón antiguo lleno de músicos y jardines donde aparecían mujeres encapuchadas, el clip busca contar el mensaje de la canción: el hastío hacia la vida

Situándose en el desamor, 'Inje' recoge frases tan duras como "Estoy viviendo por vivir" o "Mi vida y yo somos como el perro y el gato", un mensaje que paradójicamente choca de frente con la apariencia de Vanja, el que en las primeras Pre-parties previas a Eurovisión ha demostrado ser uno de los candidatos más cercanos y carismáticos de la edición de Lisboa.

Con todo esto, Montenegro se sitúa sin duda alguna con la letra más triste del festival, al mismo tiempo que con la balada más pura de todas las que podamos ver en la capital lusa. Si bien encontrará competición con naciones como Lituania, la fuerza sinfónica de Georgia o incluso la apuesta por el amor española, no hay tema que se enganche más a los estándares de una balada que la que ofrece Radovanovic.

La semifinal del jueves le da aire

Llegar a la final es casi una quimera para los balcánicos "Llegar a la final es casi una quimera para los balcánicos"

Con todo este análisis, ¿podemos esperar a Montenegro en la final? Lo coherente sería decir que no. Situado en la actualidad en torno al puesto cuarenta en las casas de apuestas de pago, los balcánicos han conseguido escaparse del farolillo rojo gracias a los directos de las primeras fiestas, pero poco más.

Si algo puede sacar en positivo la delegación montenegrina es el hecho de actuar el jueves. Encargados de abrir la segunda mitad de la semifinal, redondear el buen directo de Vanja con una puesta en escena atractiva debe ser la mínima obligación para tener opciones en el Altice Arena. Sea como fuere, quedar fuera tampoco será un drama en una nación que apenas ha alcanzado la final en un 20% de sus apariciones en el festival.

De esta manera, Montenegro se lo jugará todo a su apuesta nacional más pura. Luego de apostar el año pasado por el inglés y lo excéntrico de Slavko Kalezic, el giro ha sido de 360 grados, y todo lo que sea pasar será una grata sorpresa. ¿Habrá sorpresa, o se quedará todo en simple escarcha?

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