Los 5 fetiches más extraños a los que algunas prostitutas han tenido que hacer frente

Los 5 fetiches más extraños a los que algunas prostitutas han tenido que hacer frente

Sobre fetiches y filias sexuales no hay nada escrito, pero hay algunas que son verdaderamente extrañas.

Es de los oficios más antiguos del mundo, y, sin embargo, un tema tabú entre la sociedad. La prostitución es uno de esos oficios pensados para sobrevivir.

En el cine, las chicas que interpretan esos papeles suelen tener características que difieren mucho de la realidad. Chicas de clase alta, simpáticas, con una infancia dura, que van en busca de su príncipe azul con el que conseguir una segunda oportunidad que les permita reconducir su vida.

Sin embargo, en realidad las trabajadoras sexuales forman parte de uno de los colectivos más desfavorecidos: han sido repudiadas por su familia y amigos, y se han vuelto dependientes de un hombre que trafica con ellas, que hace de su cuerpo un negocio por unos euros que les permitan sobrevivir.

Son ellas las que, en cada jornada de trabajo, se encuentran ante situaciones que van un paso más allá de los simples clichés de consumar una relación. A raíz de esto, la revista 'Men's Health', a través de un hilo en 'Reddit', ha recopilado algunas de las situaciones más raras y estrambóticas a las que han tenido que hacer frente prostitutas, que han lidiado que esperpénticas peticiones de sus clientes:

1 Rallar queso

"Una amiga me contó que una vez en un chat en vivo, un cliente le dijo que solo quería que rallara queso... y así estuvo durante 45 minutos. Al final, había queso por toda la habitación", comenta Catdad4Life.

2 Una pelea

"Un cliente que practicaba artes marciales, reservó una sala VIP de la universidad para que pudiésemos tener una pelea de BJJ (Jiu-Jitsu brasileño)." Así describe singularpotato la fantasía del hombre que demandó sus servicios. Recuerda también que el fetiche de otro de sus clientes más regulares eran las cosquillas. "Debía ponerme cómoda y hacerle cosquillas. Eso era todo."

Los fetiches de comida están a la orden del día "Los fetiches de comida están a la orden del día"

3 Merienda de bizcocho

Marsbareater12 cuenta que un hombre "me pidió que le llenara de bizcocho las nalgas mientras la crema se vertía por su miembro viril y la sacudía. Luego, nos llenamos el uno al otro el cuerpo de crema, aunque lo más gracioso llegó después, cuando ninguno de los dos podía levantarse del suelo porque estaba lleno de la comida resbaladiza".

Este cliente no es el único que tiene fetiches de comida. Otro usuario, Stop-Staring-Stupid, contó que "tenía un tipo al que le gustaba que le tirara pasteles mientras se iba quitando la crema como si fuese espuma de afeitar".

4 Una experiencia gaseosa

SoldMySoulForHairDye, dominatrix profesional, menciona que tiene muchas historias, pero sin duda una de las más extrañas era la de un fetichista de pedos. "Su fantasía sexual era extremadamente agresiva. Quería que utilizara una bomba de bicicleta para llenarme de aire y así poder tirarme un pedo enorme en su cara. Obviamente rechacé la propuesta. Después de esto me invitó a salir y no era capaz de entender mi respuesta negativa."

5 Mejor limpiar que tener sexo

"Un cliente vino a mi apartamento para nuestra cuarta o quinta cita. Hacia dos semanas que me había comprado un aspirador Roomba, que estaba en su esquina de carga. Cuando el hombre llegó al apartamento y lo vio, me pidió que por favor lo encendiera para verle limpiar. Estuvo dos horas viendo al robot moviéndose por el suelo, a pesar de que no había polvo, ya que ese mismo día había limpiado. Lo más extraño es que a veces llega a casa con el bolsillo lleno de pelusas y lo tira al suelo solo para ver al Roomba moviéndose", relata otra prostitua.

El extraño fetiche de ver un aspirador limpiar "El extraño fetiche de ver un aspirador limpiar"

El año que trafiqué con mujeres:

Para gustos no hay nada escrito. Lo que sí está escrito son muchas vivencias sobre prostitución. 'El año que trafiqué con mujeres', del periodista Antonio Salas, es una de ellas. Es el propio periodista el que decide infiltrarse en el mundo de las redes de prostitución internacionales.

Un mercado de trata de blancas donde se comercializa con mujeres indefensas que llegan engañadas a España buscando un futuro mejor para ellas y sus familias. Va un paso más allá, se juega la vida en esta investigación infiltrándose como comprador para desvelar los entramados de estas mafias. Cuenta además con historias de trabajadoras sexuales relacionadas con la prostitución de lujo, en las que están implicadas personas muy conocidas.

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