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Política

Más Ana Pastor y menos Cayetana: por qué el PP debe cambiar de portavoz y dejar la trinchera

El líder del PP tiene la oportunidad de conquistar el voto de Ciudadanos y aislar a VOX en el sector más alejado del centro.

Más Ana Pastor y menos Cayetana: por qué el PP debe cambiar de portavoz y dejar la trinchera

El Partido Popular se enfrenta a su legislatura más dura. A pesar de que Pablo Casado ha salvado su situación manteniendo plazas fundamentales como Madrid, Castilla y León o Murcia; el líder conservador necesita afianzar su cargo: el incremento a 89 diputados del 10-N continua siendo bajo y el partido necesita resistir los embates para mantenerse como el eje del bloque conservador.

En este contexto, surge la duda sobre el tono y el modo en el que los populares deben encarar la oposición. Ahora que finalmente hay gobierno, la postura que adopte Pablo Casado será la que finalmente le defina de cara al electorado, sin cambios de barba que valgan. Y no hay tiempo que perder: no todo el mundo da por hecho que la legislatura durará los cuatro años ante el apoyo parlamentario tan heterogéneo en el que se sustenta.

Algunos de los movimientos apuntan a un nuevo endurecimiento del tono. Las recientes renuncias de los cospedalistas Isabel García Tejerina (hasta ahora vicesecretaria) y Rafael Catalá (secretario de Justicia), se han suplido por dos aguirristas de peso: Enrique López y Elvira Rodríguez, pertenecientes al sector más duro del partido. Además, Cayetana continua como una figura en ascenso en el partido y no hay indicios de que Casado no vaya a volver a recurrir a ella como portavoz.

Sin embargo... ¿realmente este es el tono que le conviene al PP en las circunstancias actuales? ¿Debería Casado moderar su discurso? Vamos a analizar los motivos por los que el PP debería replantearse el tipo de oposición que quiere realizar a Pedro Sánchez.

1 Arrincona el partido en un pequeño espectro ideológico

Las elecciones en España se ganan por el centro. Lejos de los fieles de cada formación, nuestro país cuenta con una gran masa de indecisos que cada vez deciden su voto más tarde y que se mantienen más permeables a las consignas de los partidos hasta el último minuto.

Junto a este dato, hay que destacar cómo se sitúan los españoles ideológicamente. Para ello hay que remitirse al Barómetro del CIS, que mantiene datos lineales durante los últimos años. En él se señala la gran masa de votantes: siendo un 1 extrema izquierda y 10 extrema derecha, la gran mayoría se ubica entre un 3 y un 5.

Así se ubican ideológicamente los españoles, según el CIS de octubre de 2019
"Así se ubican ideológicamente los españoles, según el CIS de octubre de 2019"

Atendiendo a esta gráfica, cabe preguntarse cómo se percibe a los partidos dentro de la sociedad española y en qué medida conectan con la ubicación ideológica de los ciudadanos, siempre dentro del imaginario de los votantes.

Para ello, cabe nuevamente remitirse al CIS donde vemos cómo el PP se aleja del espectro donde se localiza el voto y el PSOE se ha ido acercando con el paso de los meses. El motivo: Pedro Sánchez, en aquella época, no compraba el discurso de la derecha, pero sí realizaba guiños a sus votantes más moderados con algunas proclamas contra el independentismo o la economía. Ahí está la clave para el PP.

Así ubican los ciudadanos a cada partido
"Así ubican los ciudadanos a cada partido"

Esa estrategia ya ha funcionado en el pasado. Atendiendo a los datos, el PP de Mariano Rajoy intentó centrar el partido con el objetivo de generar una maquinaria electoral capaz de ganar elecciones, mantenerse impasible ante los casos de corrupción y aguantar los golpes de la oposición. Una maquinaria de la que ya no queda nada: el votante español es el mismo, pero el PP se ha hundido ante su excesiva derechización.

La situación es clara: si el PP se aleja del centro y se dedica a competir en el eje 8-10 de la escala de identificación política, solo conectará con el 8,4% de los votantes. Las tres derechas también experimentaron esta situación cuando empezaron a competir por el trozo más pequeño de la tarta el pasado 28-A.

2 VOX ya ocupa el sector más derechista: al PP le conviene dejar una batalla que ha lastrado sus expectativas electorales durante años

El PP ha sido el gran partido de la derecha durante un largo período, lo que le obligaba a realizar constantemente guiños a los sectores más conservadores, incluido el franquismo sociológico que todavía pervive, con el objetivo de consolidar su hegemonía.

Esto ha permitido ostentar todo su bloque, aunque ocasionalmente ha provocado su alejamiento del centro político y un daño a sus espectativas electorales. Esto ya no debería pasar: ese pequeño sector se encuentra en VOX.

De ahí que el PP necesita realizar un análisis de ideas y elegir qué quiere ser. Definir claramente a qué votante quiere dirigirse y si realmente le conviene competir con la formación de Abascal o si, por el contrario, representa una oportunidad para soltar un lastre que ha minado su capacidad de sumar votos.

Para ello, el PP puede contar con la imagen que el PNV, por ejemplo, transmite a sus votantes. El partido representa una derecha católica conservadora, pero su gran capacidad le ha permitido situarse en el 5,9 dentro del imaginario de los votantes y liderar sin problemas gran parte de las instituciones vascas. Ese debería ser, en cierta medida y con particularidades, un horizonte para los populares.

El tono bronco no ha traído ninguna alegría al PP
"El tono bronco no ha traído ninguna alegría al PP"

La cuestión, en este caso, no pasa por reunificar a la derecha en unas siglas: es algo que va en contra del contexto político internacional, donde se avanza a parlamentos más fragmentados. La necesidad es abrirse a más votantes y competir construyendo una base electoral más amplia que sea capaz de pescar en el bloque del centroizquierda más moderado, ese que ahora vota a líderes como Emiliano García-Page o Javier Lambán.

El PP puede demostrar que puede ser una derecha moderada europea, un partido de estado alejado de radicalismos, una herramienta necesaria en los aspectos que gustan a sus votantes: la estabilidad institucional y el fortalecimiento de la economía. Agitar las calles, como pretende el sector 'cayetano', devuelve al PP a una pugna por un sector del electorado demasiado pequeño que podía cederse a VOX.

3 Ciudadanos está débil: es hora de avanzar y quedarse con todo el centro

Con Ciudadanos débil, el Partido Popular tiene ahora una oportunidad única: la capacidad de lanzar una verdadera OPA, no al partido, sino a sus votantes, como ya hizo perfiles fuertes del partido como Cristina Cifuentes cuando se encontraba en ascenso dentro de su partido.

El caladero al que accedía la formación naranja era mucho más amplio que el de VOX (la ultraderecha ha obtenido 52 escaños, sí, en una campaña donde literalmente se estaba quemando Barcelona), otra cosa es que Rivera lo supiera o no aprovechara como escenificó el pasado 10-N. Esa posición, sin rival por el centro, con la maquinaria territorial y mediática, puede representar un incremento potencial para los populares.

La actual dirección del PP justifica que está haciendo movimientos en este sentido porque capta a personas como Rosa Díez, provenientes del PSOE. Pero debería cuestionarse si Rosa Díez es la persona idónea para construir una formación transversal o si, por el contrario, hace falta impulsar a perfiles con gran potencial como Borja Sémper o Ana Pastor.

4 El PP debe mostrarse como alternativa de Gobierno, un partido de Estado para que el resto de derechas sean observadas como formaciones de trincheras

El PP debería analizar también las formas en las que va a realizar su oposición. Copiar el tono y las formas de hacer de Abascal solo va a impulsar al original y no a la fotocopia, que para algo es quien trajo ese modo de estar en la política a la actualidad.

Si Pablo Casado mantiene el perfil que exhibió en la campaña del 10-N, tiene una oportunidad muy positiva: exhibirse como un gran líder de Estado, con una formación capaz de gestionar el país y dejar a sus rivales como una suerte de herramienta de agitación callejera instalada en la radicalidad.

Pablo Casado tiene la oportunidad de escuchar a los barones que reinvindican una oposición moderada
"Pablo Casado tiene la oportunidad de escuchar a los barones que reinvindican una oposición moderada"

Para ello, el PP puede exhibir su experiencia de gestión o hablar del asunto territorial, sí, pero exhibiendo la diversidad que el partido sí encuentra en distintas partes de España, especialmente el País Vasco, Baleares o Galicia, donde ha conseguido sumarse a las corrientes regionalistas.

Casado debería dejarse recomendar más por los barones y parte de la vieja guardia cospedalista que le apoyó, véase especialmente José Manuel García Margallo, que recientemente ha sido capaz de reconocer la elección de la ministra de Exteriores y ha concedido los 100 días de gracia que debe reconocer cualquier oposición.

5 Casado debería analizar cómo se articuló la oposición de Rajoy en su primera y segunda legislatura

A pesar de que Pablo Casado reniega en cierta medida del marianismo, debería analizar cómo se gestó el liderazgo de Mariano Rajoy durante la primera y la segunda legislatura. Y no olvidar el gran valor de su partido frente al resto de derechas: tener cuadros con una experiencia de décadas en política.

Mariano Rajoy realizó una oposición especialmente dura contra los socialistas durante la primera legislatura. El PP empezó a salir a la calle en manifestaciones constantes, a participar en las marchas de una Conferencia Episcopal entonces excesivamente politizada y a mostrar un discurso muy duro. Y se dio el golpe: solo subió seis escaños y no consiguió mayoría para formar gobierno.

A partir de aquí, Rajoy reaccionó. Defenestró a los aznaristas Acebes y Zaplana, encumbró a dos desconocidas María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz Santamaría, se alejó de los colectivos más conservadores y empezó una senda de oposición fuertemente moderada. El resultado: el PP alcanzó en 2011 los resultados más altos de la historia, 186 diputados y ganó en todas las provincias menos Vizcaya Guipúzcoa, Sevilla, Lleida, Barcelona, Tarragona y Girona.

Rajoy encumbró a unas desconocidas Soraya y María Dolores de Cospedal en 2008 para explorar una vía moderada
"Rajoy encumbró a unas desconocidas Soraya y María Dolores de Cospedal en 2008 para explorar una vía moderada"

Ese cambio de tono funcionó, incluso, cuando el PP empezó a perder poder territorial en 2015. Para ello, hace falta analizar la perspectiva: Rajoy no perdía apoyos por su discurso más técnico que político, sino que sobrevivía en un partido que se veía abrasado día sí, día también en todo tipo de escándalos. Y en plena fragmentación política. Si alguien lo pone en duda, basta analizar qué sucedió con el PSOE en 2011 y el camino por el desierto que ha vivido hasta la moción de censura.

Objetivo Abrir el partido al sector de Ciudadanos y aislar a VOX en los 24 escaños de su primera legislatura

El objetivo principal del PP para lo que dure la presente legislatura pasa por abandonar la trinchera cerrada y erigirse en una formación de Estado en la que los ciudadanos se fijen en las próximas elecciones.

Rajoy, Cifuentes, Soraya Sáenz de Santamaría y Alberto Ruiz-Gallardón, cada uno en su contexto, consiguieron formar maquinarias electorales que dejaban a la oposición bajo mínimos con un discurso moderado (de hecho, Gallardón terminó cayendo cuando evidenció un discurso más radical como ministro de Justicia).

El fuerte tono bronco regala todo el voto huérfano de Ciudadanos al PSOE
"El fuerte tono bronco regala todo el voto huérfano de Ciudadanos al PSOE"

El PP que ganaba, que sobrevivía en toda una marea de corrupción, no comía espacio al PSOE comprando su discurso, sino que abandonaba la política de trincheras y hacía guiños pequeños hacia el sector más moderado de la oposición, mostraba una cara más amable y no generaba rechazo en los que pensaban distinto. Cuando Rajoy dejaba entrever tímidamente su apoyo a la huelga del 8M (portando el lazo o criticando la 'huelga a la japonesa' que proponían otras caras de su partido), cuando Cifuentes exhibía una bandera arcoíris, el partido abandonaba su imagen más alejada del centro. Y por ello, la gran bolsa de votante situada en el centro se planteaba dirigir su voto hacia el PP.

Quizás en ese contexto, Ana Pastor represente una imagen más amable de cara a exhibir qué es el PP en los debates en el Congreso. Todos recuerdan los debates de Cayetana Álvarez de Toledo sobre el "no es no" y sus críticas al PP vasco. La formación conservadora se juega mucho en esta legislatura: o volver a subir en votos o experimentar una caída que solo beneficiaría, en estos momentos, a VOX.

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