El atentado de Niza en primera persona: 'El camión de la muerte pasó a algunos metros de mí'

El atentado de Niza en primera persona: 'El camión de la muerte pasó a algunos metros de mí'

"Tenía razón. Justro detrás de él, cuerpos sin vida cada 5 metros. Miembros. Sangre. Gemidos".

Noticias 15 Julio 2016 07:14

Traducción del relato que el periodista Daniel Allemand, responsable digital del periódico Nice Matin, ha publicado sobre su vivencia del atentado terrorista que se ha cobrado la vida de al menos 84 personas después de que un camión haya atropellado a multitud de personas en la celebración de la fiesta del 14 de julio en Niza.

La playa de Niza, tras el atentado "La playa de Niza, tras el atentado"

Era una noche guay. El ambiente era bueno, los fuegos artificiales más bien chulos y los niños tiraban piedras al agua. Vamos, que era una noche guay. El paseo estaba negro de gente. Como todos los 14 de julio. Había elegido pasar la noche en la playa, al nivel del High Club, justo en el lugar donde el paseo empieza a ser peatonal. Tras el final del show, todos nos levantamos, al mismo tiempo. Hacia las escaleras, todos apretados como sardinas. Iba en zig zag entre la gente para alcanzar mi moto, aparcada a dos pasos. De lejos, un ruido. Gritos. Lo primero que pensé: un graciosillo ha querido montar sus propios fuegos artificiales y le ha salido mal... pero no. Una fracción de segundo más tarde, un enorme camión blanco atravesaba a una velocidad loca sobre la gente dando volantazos para llevarse a todo el mundo posible. Este camión de la muerte pasó a algunos metros de mí y casi ni me di cuenta. Vi volar cuerpos como bolos a su paso. Oído ruidos, gritos que no olvidaré jamás. Estaba paralizado. No me movía. Seguía con mis ojos este espectáculo fúnebre. A mi alrededor, era el pánico. La gente corría, gritaba, lloraba. Y entonces reaccioné. Y corrí junto a ellos. Dirección hacia el Cocodrilo [un restaurante en la playa de Niza], en el que todo el mundo iba a refugiarse. Sólo me quedé unos minutos pero me parecieron una eternidad. "Poneros a cubierto", "No os quedéis ahí", "¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está mi hijo?", escuchaba.

Quería por todos los medios saber lo que había pasado. Así que salí. El paseo estaba desierto. Ni un ruido. Ni una sirena. Ni un coche. Cruzo el terraplén para volver a donde pasó el caminón. Me cruzo con Raymond, un hombre que rondaba los cincuenta años, que me suspira: "hay muertos por todas partes". Tenía razón. Justo detrás de él, cuerpos sin vida cada 5 metros, miembros... sangre. Gemidos. Los vigilantes de la playa han sido los primeros en llegar. Traían agua para los heridos y toallas que depositaban sobre donde ya no había esperanza. En ese momento, me han fallado las fuerzas. Me hubiera gustado ayudar, poder ser útil... hacer cualquier cosa. Pero no he podido. Paralizado aún. Una segunda ola de pánico me ha hecho regresar al Cocodrilo. "¡Que vuelve! ¡Que vuelve!". Era falso. El camión asesino había terminado su carrera una decena de materos más lejos, acribillado a balazos. No había oido ningún disparo. Sólo critos. Y ahora sólo llorar. Solo llantos.

He seguido todo recto. Hasta mi moto para salir de este infierno. He subido por el paseo y he sido consciente de la amplitud del drama. Cuerpos y heridos regaban la acera hasta el nivel del hospital Lenval. Las primeras ambulancias comenzaban a llegar... Esta noche, era el horror.

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