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El futuro de Occidente: veganos, ateos y asexuales

Los últimos estudios y tendencias señalan una transformación social en Occidente con determinados comportamientos.

El futuro de Occidente: veganos, ateos y asexuales El futuro de Occidente: veganos, ateos y asexuales

Foto: Envato Elements

Los estudios parecen tenerlo claro: los jóvenes mantienen ahora menos relaciones sexuales que nunca. Y es que a pesar de vivir cada vez más libres de tabús en lo que al sexo se refiere y vivir en la era de Tinder y OnlyFans, lo cierto es que el número de parejas sexuales entre los millenials se encuentra en una media de ocho, mientras que la media para la generación conocida como 'babyboomers' se situaba en once.

A esta conclusión ha llegado la antropóloga Helen Fisher, en su Encuesta Anual de Solteros de América, quién sostiene que a día de hoy aproximadamente el 60% de adultos menores de 35 años viven sin pareja, y uno de cada tres viven aún en el hogar de sus padres.

Este retroceso de las relaciones estables no parece indicar, sin embargo, un aumento del sexo ocasional. Más bien todo lo contrario. Numerosas investigaciones indican a una mayor conciencia de la intimidad y una disminución del deseo de contacto físico. En países como España, la pandemia del coronavirus no ha hecho más que acrecentar una costumbre que venía formándose ya anteriormente: el rechazo a ciertos saludos como los dos besos, que se consideran ahora más invasivos e innecesarios.

Además, los expertos insisten en lo que la Giddens denominó 'las transformaciones de la intimidad', que evoluciona a medida que surgen nuevos debates públicos sobre la intimidad y el cuerpo. Todo parece apuntar a un Occidente donde los jóvenes son más conscientes de su sexualidad pero practican menos sexo.

Menos espiritual y más ateo

Pero la evolución de Occidente y sus transformaciones sociales no solo pasan por mantener relaciones sexuales, sino que múltiples estudios confirman también una tendencia cada vez mayor hacia el ateísmo y una menor espiritualidad. Y es que, al menos en Occidente, el número de ateos, agnósticos, irreligiosos y naturalistas no deja de crecer, y eso incluso en bastiones religiosos como Estados Unidos.

Especial atención merece el caso de Australia, un país de tradición cristiana en el que sin embargo, los "no creyentes" constituyen su grupo más numeroso de población y las confesiones cristianas han pasado del 88% de 1966 a un poco más del 50% en 2016.

Este fenómeno parece extenderse por toda Europa, donde, según indica el Eurobarómetro, mientras el 72% se declaran cristianos solo el 51% afirma cree que Dios existe. De hecho, indendientemente del país occidental que escojamos, los no creyentes están convirtiéndose, sistemáticamente, en la minoría mayoritaria. Algo que se puede apreciar, especialmente, en la demografía: a religiosidad aumenta con la edad en lo que parece sugerir un progresivo reemplazo de creencias religiosas.

Un informe de 2017 señalaba que el 6% de los consumidores norteamericanos se declaran abiertamente veganos, lo que supone un crecimiento del 500% desde 2014.

El veganismo, el nuevo estilo de vida

No es el único cambio significativo en lo que parece ser "la nueva forma de vivir occidental". Si bien en un primer momento el veganismo estaba estrechamente ligado a la ideología del movimiento por los derechos de los animales, en los últimos años se ha transformado en un movimiento sustanciado en preocupaciones ambientales y sanitarias.

De este modo, en Alemania hasta un 44% por ciento de los consumidores señalan que siguen una dieta baja en carne frente al 26% de 2014. En Israel, un 5% de la población es vegana y Tel Aviv es considerada una de las capitales del "mundo libre de carne".

En España, por su parte, los datos señalan que un 3% de la población se define como vegetariana, aunque hay algunos datos parciales que también nos invitan a pensar en una tendencia similar. En Reino Unido, en los últimos diez años, el crecimiento de veganos se estima en un 350%.

Son datos especialmente significativos que, tal y como señala la socióloga Nina Gheihman encuentran su causa en un factor clave: la pacificación de las costumbres. Alejados cada vez más del campo y de lo rural, los animales, el mundo salvaje, pierde el carácter "instrumental" de antaño.

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